Ya se ve por la ventana cómo lentamente se acerca el ocaso Las grises nubes teñidas de pálidos anaranjados parecen anunciar una inminente tormenta. Mi ánimo está tan turbio como el clima exterior. El pegajoso humo del tabaco barato inunda toda la habitación dejando un aura nauseabunda en cada objeto sobre el que se posa. La botella que queda sobre el apoyabrazos está casi vacía, y pronto acompañará a las otras tres que hay junto al sillón.
Varios álbumes y cientos de fotos están desperdigados por toda la habitación. En medio de la somnolencia alcohólica me doy cuenta de la foto que aún consigo sostener en las manos. Tantos años han pasado ya de aquel momento capturado en el pequeño trozo de papel que ya empieza a amarillearse.
Juan Carlos, Alexis, Marcos y yo, el cuarteto inseparable. La de travesuras que juntos ideábamos en la escuela, la maestra con su paciencia infinita insistía en intentar separarnos, pero ahí estábamos lo cuatro, siempre juntos.
¿Cuándo pasó?, ¿en qué momento el camino que seguíamos, siendo el mismo, empezó a dividirse?
Alexis fue el primero en irse... no se lo había dicho a nadie, estuvo ahí para cada uno de nosotros, ¿y nosotros? Ninguno estuvo para entender el dolor que había detrás de esa falsa sonrisa. Tres días tardaron en encontrar su cadáver. Sólo rajó sus venas siguiendo el largo de los antebrazos. No dejó carta ni registro alguno. Se fue en la misma soledad con la que convivía.
De Marcos nunca llegué a saber nada. Cuando nos enteramos del fallecimiento de Alexis él sólo se marchó sin decir palabra. Fue durante el funeral que pude verlo por última vez, un único manojo de furia y lágrimas.
Podría decirse que Juan Carlos fue el más desafortunado. Su vida parecía de ensueño: una dedicada esposa, maravillosos hijos, el trabajo que siempre soñó. Pero lo perdió todo en ese accidente. En el diario dijeron que iba borracho al volante. En el fondo sé que eso es mentira, de todo él siempre fue el más responsable. Iba manejando de noche, cuando constantemente le advertimos que no lo hiciera, que algún día podría ocurrirle algo. Así fue. Un camión salido de la oscuridad, por negligencia del conductor venía con unos cuantos desperfectos eléctricos. Su familia, sus amigos, sus conocidos, todos quedamos devastados con la noticia.
Y aquí estoy yo, sumido en la misma miseria familiar que con tanto ahínco traté de evitar. Mi ex mujer me ganó la custodia, mis hijos me consideran un completo fracaso y por ello me detestan, fui estafado por quién consideré un gran jefe, y recibí la noticia de que mi corazón ha sufrido demasiados daños como para seguir aguantando. Necesito una operación. Una muy costosa operación.
¿Qué me queda ya? Alcohol y recuerdos. Siento cómo si el brazo izquierdo se me entumeciera. Quiero dormir, y con algo de suerte, no despertar.