lunes, 27 de octubre de 2014

MEMORIAS DEL HOSPITAL St. ANNE 7

Cacería

Ya es miércoles por la tarde, bastante calurosa para empezar pronto el otoño. Recién empiezo el turno y todo está muy calmado.
Los televisores muestran imágenes muy nítidas de las cámaras que hay en cada habitación. En un rápido vistazo hago el mismo repaso general rutinario.
Tanto la 1 cómo la 5, 8, 9, 10 y sucesivas muestran habitaciones vacías, un tétrico pensamiento me invade con esto y lo aparto con la inmediatez con la que llegó.
La cámara 2 pone la imagen de Bastiaan, aquél misterioso vidente. Como si en ese instante alguien se lo advirtiera, me observa con sus ciegos ojos, desprovistos de pupila. ¿Cómo es que se da cuenta?, no lo entiendo.
Continúo. La 3 muestra a East Wind, que es como Walther desea ser llamado. Allí lo veo, más calmado de cómo estaba en un inicio; y la 4 tiene algunos manchones de tizne, el saludo oficial de Benjamín.
De verdad que no puedo establecer ningún vínculo con él. Hace cuatro semanas que ha llegado pero no he logrado reunir el valor suficiente. Ni creo que lo logre, aunque mi trabajo dependa de ello.
En las cámaras 6 y 7 no puede verse absolutamente nada por el exceso de luz y el exceso de oscuridad; allí están Sophie y Sarah. Así como veo esas imágenes también me entristece el recordar lo que la pequeña me ha contado.

Ya he perdido toda esperanza de  que mis días vuelvan a ser pacíficos, de que retornen a esa insípida ilusión a la que me aferré en un principio, dónde creí que todo sería “normal”; pero ahora…, casi quince días después de su llegada, me ha quedado demasiado claro que algo extraño pasaría, algo que sucedería pronto dónde quizás mi propia vida peligre.

No me le he acercado. Él es cómo Benjamin, el interno 0004, cómo gusta de llamarlo el Dr. Buckfield; no me siento preparado para poder hablar con él. Ni creo que algún día lo esté.

Bastiaan Laitans es su nombre; el que corroboro por infinitésima vez mientras paso silenciosamente frente a su puerta.
_ Será difícil que superes así todos tus miedos, John_ oigo, con una leve claridad.
En serio que este sujeto me da pánico, me dije a mi mismo.
_ El pasado y el futuro son dos extremos que jamás lograremos alcanzar…
_ Pero el presente es el puente que entre ambos nos sostiene_ completo su frase, sin comprender del todo el cómo yo lo sabía.
_Recuerda, John_ repite, con una voz casi ultra terrena_ el de muchos nombres enseña el camino…

No puedo escuchar más, debo alejarme con urgencia de allí. Reconozco los signos clásicos de un ataque de pánico.
Me falta el aire. El ascensor demora apenas unos minutos. Apenas abre sus puertas escapo con una velocidad vertiginosa; los enfermeros me ven como si fuese otro paciente que se ha robado la ropa de alguno de sus compañeros.
Encuentro por ahí un escondrijo y me oculto a tratar de recuperar el aliento; necesito concentrarme en los pasos indicados por el psicólogo que tuve de niño, debo controlar este desbocado impulso.
La serenidad vuelve a mí, aunque las voces e imágenes del pasado mezclado con el presente se niegan a abandonarme.

Pasos fuertes, taconazos sobre el brillante piso de baldosas.
_ Utilice el equipo que le fue asignado, con ellos logrará dar con él.
Es la voz imperativa de mi jefe.
_ No necesito estar allí para saber que es difícil atraparlo…
¿De quién está hablando?
_ Usted ya conoce la urgencia que tenemos por conseguir ésa identidad…
¿Acaso será…?
_ Comience inmediatamente la cacería… sí, le enviaré los artefactos con la inmediatez con la que los técnicos terminen de calibrarlo…
¿Un nuevo interno?
_Esa sociedad secreta caerá cuando hallemos a su escudo…
¡Sí! ¡Se trata de él! Pero… ¿quién es él? ¿y de qué sociedad están hablando?
_ Ahora tengo problemas más importantes que atender… las cámaras de observación están fallando, debe de ser la interferencia que generan los internos juntos.
¿Interferencia? Pero si las cámaras en sus habitaciones funcionan perfecto…
_Usted realice la tarea encomendada, es hora de atrapar a ése camaleón_ termina su conversación cerrando violentamente su teléfono.

El silencio volvió a ser el dueño y señor de aquél lugar. Mi mente se alborota con la terrible cantidad de dudas y temores que esa extraña charla había generado. De verdad que tendría que empezar a hacer las preguntas correctas; más ahora que tengo pase libre para actuar dentro del pasillo.
Salí sigilosamente de mi escondite. Ya no quedaban siquiera rastros del ataque que hasta hace unos minutos había sufrido; sentí las fuerzas renovadas y la intriga que crecía dentro de mí, buscando dominarme. Algo tenía que hacer.

Tengo el leve recuerdo de alguien que me dijo que el Dr. Buckfield  no se encontraba en su oficina; otro signo que me incitaba a actuar, a satisfacer mi curiosidad.
La puerta estaba abierta. Nunca lo vi como un hombre confiado, pero supongo que el miedo general que suele imponer basta para que nadie se atreva a entrar. Esta vez no había ninguna empleada de limpieza que pudiera sorprenderme, lo que agradecí infinitamente. Aún así tenía poco tiempo para actuar, tenía que ser veloz o las consecuencias serían terribles.

La pulcritud de este hombre raya en la obsesión. Las sillas están ubicadas casi con una precisión milimétrica; sobre la mesa descansan algunas revistas, todas encuadradas respecto a la misma;  los libros se distribuyen con una catalogación que apenas es reconocible, pero no escapa a la vista que algunos se encuentran ordenados por su color o tamaño. Sobre el envidiable escritorio no hay marca alguna, como si fuese nuevo, recién comprado. Algunos esporádicos archivos riegan su parte derecha, hasta hace poco estuvo con ellos, es la conclusión a la que puedo llegar.
Una maquinación indescriptible me impulsa a hojearlos, descubrir de qué se trata. En los dos primeros se encontraban unas fichas con fotografías de dos personas, al primero se referían a un geokinético, el otro lo pasé por alto, no lo consideré muy importante. Continué rebuscando. En el tercero había mapas y fotografías de extraños edificios, la carpeta llevaba por nombre nada más “Hermandad de la Evolución Mental”, siglas que pude ver en muchos otros archivos. Algunas carpetas más las hojeé levemente, no tenían nada particularmente interesante.
Lo más sorprendente fue lo que descubrí en la última carpeta. Contenía mi ficha. Pero no como enfermero ni como estudiante, era una ficha de posible interno. Anonadado reviso con ojo crítico cada archivo allí contenido; estaba mi historial clínico, las casas y orfanatos que había visitado, un informe policial acerca del accidente que había experimentado, y un archivo que, leído con un poco más de detenimiento ponía en serias dudas que el incendio haya sido un accidente…

Un rítmico sonido me despierta de la ensoñación en la que estaba sumido. Proviene del primer cajón, un teléfono puesto en el modo vibrador.
Me detengo a comprobar una vez más que nadie se percate que estoy allí y extraigo el insistente aparato.
_Señor, hemos logrado aislar el gen que potencia el poder de las internas 0001 y 0002, ¿procedemos?_ pronuncia, sin miramientos, una pausada voz al otro lado.
Sophie y Sarah…
_Repítame el procedimiento_ imito la voz de mi jefe, lo mejor que puedo_ por seguridad.
_ Aislar la fuente de poder, investigar su funcionamiento, generar en el sujeto dominio sobre su kinesis, obligar el ascenso de nivel; ésas han sido las órdenes, ¿procedemos?_ repite la voz casi mecánica del otro lado.
¿Qué es lo que realmente desean hacer con ellas?
_ Tiene permiso para proceder con lo acordado, manténgame al tanto de los posibles avances_ respondí, cortante.

Dejo el teléfono en su lugar y vuelvo mi atención una vez más al archivo que estaba leyendo.
¿Qué el incendio no fue un accidente? ¿Quién pudo haberlo provocado?
Cómo si respondiese a las dudas que en ese momento me asaltaban, veo escrito, con una caligrafía precisa y medida, algunos planteamientos que me dejaron más asombrado de lo que ya estaba.
¿Es posible que Benjamin tenga que ver con el incendio del edificio?

Dejo todo como creo haberlo encontrado y salgo huyendo de allí, presuroso. Busco no cruzarme con nadie, y sólo las cámaras del ascensor son testigos de mi regreso. Sólo detrás de mi destartalado escritorio es que me siento seguro, libre de calmarme y pensar con tranquilidad otra vez.

Definitivamente mi vida estaba peligrando. Sabían más de mí que yo mismo.

Además, ahora conocía demasiados secretos, a pesar de que más preguntas llenaban la lista.

Pero no importa demasiado, la cacería había comenzado…

RITUAL DE AMOR Y MUERTE

Dedicado a Alexis Luffi

El crepúsculo del alba ha comenzado. Éste me da la señal de que el poco tiempo que Alecto ha conseguido darme está por acabarse.
Debo apresurarme.
Ya me alejo del nefasto poblado. Nada que no sea estrictamente necesario viene conmigo. Todo queda atrás y sólo dejo que los sombríos recuerdos de la frustrada fuga me acompañen en mi penosa retirada.

Allí estoy, esperando ansioso por ella. Al cochero no le ha agradado en lo absoluto el horario en el que planificamos nuestro viaje, pero una suma importante borró cualquier rastro de molestia en pocos segundos.
El sereno hace ya un par de minutos que pasó, raudo con su luz titilante, a un par de calles de nuestra ubicación. Me aseguro primero de que ya lo he perdido de vista, y no es hasta entonces que enciendo la lamparilla que oficiará de faro para mi amada. Ojalá la Luna, protectora de los amantes, guíe sus pasos con presteza.
Con impaciencia agudizo el oído y puedo percibir, con gran alivio, sus pequeños y sordos pasos que se acercan con rapidez. Al fin ha llegado.
Con un leve salto se lanza a mi abrazo, y yo no puedo evitar sostenerla e inmediatamente buscarla con mis labios. Así nos fundimos, lentamente, en un beso inolvidable.

El traqueteo del coche provoca una somnolencia que los hace dormir profundamente, siendo el guía el único que podría advertirlos del peligro que están por afrontar.

El carruaje se detiene con violencia despertando a sus adormecidos pasajeros. Unas desconocidas figuras ocultas por sendas capuchas y agitadas antorchas comienzan a castigar las portezuelas, obligándolas a abrirse a su impulsivo ataque. Éstas no tardan mucho en ceder y ambos se ven arrancados del aterciopelado interior hacia el helado y áspero lodazal.
Sarcásticas risas de una asegurada victoria resuenan en derredor. Risas agudas, finas y estertóreas… risas femeninas.
Así es como termina de entenderlo. Han sido entregados a las Sínesp, las brujas Sacerdotisas de la Luna; y nada bueno ocurre cuando de ellas se trata.

Brazos fuertes me sostienen pero, con un vigor casi titánico, trato de luchar contra mis captoras. Éstas lo tienen todo ya previsto, no es la primera vez que hacen trabajos de este tipo; me toman con firmeza y una de ellas se esfuerza por hacerme aspirar las emanaciones de un delicado pañuelo. Un leve sopor comienza a dominarme, hace que todas mis fuerzas flaqueen; así, aprovechan y lo amarran con celeridad.

Es imposible creer que todo esto esté pasando. Alguien lo toma del cabello provocando un agudo dolor, y alza su cabeza con el fin de obligarlo a ver un terrible y macabro espectáculo.
La más alta de las figuras encapuchadas descorre con un ensayado gesto su velo, mostrando la funesta máscara que sólo portan las Sumas Sacerdotisas. Puedo verla con total claridad, y percibir, al mismo tiempo, lo que no resulta ser una buena señal. Inicié una terrible lucha en mi mente por recobrar el control de mis adormecidos músculos. Todo esfuerzo es en vano, el veneno que hayan utilizado está por cumplir ya su efecto, cerniéndose las sombras sobre mí.
Ella puede verlo y con un delicado gesto extrae una daga de gran tamaño de entre los pliegues de su túnica. Demuestra una velocidad y maestría maquiavélica en la forma en la que empuña ese cuchillo; más es enorme el grito que no puede abandonar mi mente cuando veo finalmente su cometido.
Sólo a mi me buscaban. Con una terrible agonía caigo presa del sueño inducido, mientras a mi vista queda la sombría imagen de mi amada, desangrándose, con una lentitud totalmente planificada.
La oscuridad ya lo ha cubierto todo. Sonidos, luces, roces, dolor. Ya no hay nada.

Despierto buscando una gran bocanada de aire. No puedo levantarme, gruesas cadenas me detienen. Siento frío en toda la espalda y la rigidez de la superficie en donde estoy recostado hace que duela, cómo si hubiese estado allí por horas.
_Él ha despertado_ pronuncia una voz susurrante a mis espaldas.
_ ¡¿Qué es esto?! ¡¿Por qué me tienen aquí?! ¡Suéltenme!_  grito, con mis energías renovadas.
_ ¡Silencio! _dice una voz sin rostro, con una profundidad y sonido que hace un importante eco por todo el lugar.
_ Señora, la Gran Dama tomará el lugar en tan sólo un momento_ le indica otra voz tímida.
_ Perfecto_ responde ella_ traigan a la iniciada, ella debe ejecutar el sacrificio.
¿Sacrificio? ¿Acaso van a matarme?, la desesperación me inunda, y, a pesar de que tengo prohibido hablar, me retuerzo en afán de encontrar la manera de liberarme.
_ No importa lo mucho que te muevas_ me reprende la “Señora”_ conoces nuestra fama, y lo perfeccionistas que somos con nuestros rituales.
Todo está perdido. Oh, Arlazey, porque tuvieron que arrebatarte así de mis brazos, me lamento, buscando en esto algún consuelo.
_ Estoy preparada Señora, y he traído a Tornfest conmigo, como me ha sido ordenado_ habla, una voz que me resulta un tanto familiar.
_ Acércate y demuestra a la Dama de la Noche tu fidelidad, entrega este sacrificio para entrar en su servicio.

Lentos y suaves pasos se acercan hasta dónde estoy ubicado. Me dispongo a luchar nuevamente, pero han ajustado aún más las cadenas. Los roces con el suelo de la túnica que lleva suenan como un horrible vaticinio. Con un poco de dolor puedo girar mi cabeza y la veo acercarse, pies descalzos y rostro desnudo.
No. No ella. Alecto.

Se detiene en seco cuando lo ve a los ojos. Su gran amor, el sacrificio que las Sínesp piden para adentrarse en sus secretos.

La veo dudar, detenerse con el mellado cuchillo sobre mi vientre. Un leve rayo de esperanza se enciende dentro de mí.

_Discúlpame Señora de la Noche_ dice ella mirando al cielo nocturno_ te ruego le des la oportunidad  de amar a alguien como yo lo amé a él.

Sin vacilación alguna Alecto entierra con profundidad el cuchillo en su vientre. Comienza a salirle sangre por la boca. En su rostro sólo veo tranquilidad.
En su último esfuerzo,  comprendo sus silenciosas palabras.
 Ámala, como yo te amé a ti.
Ella lo sabía todo. Sabía que había encontrado a alguien más. Aún así se sacrificó para verme feliz.

_ ¡Suelten al maldito!_ resuenan las palabras, pronunciadas con asco.
Las cadenas aflojan mis malheridas muñecas.
_ A partir de ahora, tienes hasta que la Dama se oculte en el horizonte_ me dice, de frente, oculta bajo su máscara.
_ ¿Para qué? _ pregunto, temeroso.
_Vete de la ciudad, ¡y nunca vuelvas! _ grita, remarcando las palabras con un violento gesto_ o yo misma te cazaré

Con presteza salí de los límites de su templo dirigiéndome a mi cabaña. Tomé lo que consideré necesario, puesto que ya no mucho me quedaba. Sólo recuerdos de una muy mala noche.
Algo me detiene en la cima de ésa colina. Tengo que mirar atrás, dejar que mi pasado fluya y se estanque allí.
Una enorme sorpresa me espera cuando volteo a ver al dormido poblado; viene marchando, con presurosa carrera y un pequeño bolso a cuestas, aquella que una vez creí perdida.
¡Arlazey continúa con vida!, me digo, mientras la dicha me embarga.

Allí está él, el que tanto amo y que creí jamás volvería a ver. Allí está mí amado, libre de las Sínesp; preparado y listo para iniciar la nueva vida que Akem y Alecto nos pudieron dar.

Ella ha llegado a su lado y se abrazan fuertemente.  Miro al límpido cielo y veo allí a la Luna, que ya desaparece en el horizonte.

Así es como la mantendrá en la memoria. A ella, que le brindó una nueva oportunidad…
Con un ritual…

De Amor, y Muerte…

viernes, 24 de octubre de 2014

HIJOS DE LA LUZ Y LA OSCURIDAD 3

Capítulo III: Celeste


Son tiempos difíciles, en especial para los artistas, pero esta noche la galería estaba repleta de personas y eso la hacía sentir muy contenta. “Seguro hoy vendo algún cuadro”, se dijo, complacida con su trabajo.
April estaba de pie en un punto dónde podía observar con tranquilidad a todas las personas y aun así pasar completamente desapercibida. Desde pequeña que no había sabido relacionarse con los demás, uno de los motivos que la llevaron a adoptar el pseudónimo con el que ahora es conocida, Juan Sombra.

La Gran Guerra por fin había terminado y las muestras artísticas eran como un respiro de aire fresco para la comunidad parisina. Esto y su innato talento fue lo que la catapultó en el mundo del Arte.

Una muchacha con un atrevido vestido suelto se le acerca con una confianza que le resulta intimidante; pero se mantiene tranquila, es una de las tantas “amigas” que tiene dentro del Círculo Renovador del Arte.
_ ¡Querida!_ toma a April en un ligero y algo incómodo abrazo_ ¡tu muestra es un rotundo éxito!
_ Gracias_ le responde en un hilo de voz_ ¿crees que se vaya a vender alguno?
_ ¿Alguno?_ pregunta la joven, remarcando el sarcasmo_ querida, ¡se venderá todo!
_ (con una suave sonrisa asomando a sus labios) gracias por tu entusiasmo, lo que sucede es que este último tiempo las ventas han sido muy malas y se está tornando muy complicado pagar las deudas.
_No te preocupes por eso, este cuerpito divino_ dice, mientras ahonda su escote_ te conseguirá vender algo en un alto precio; ja, ja, ja_ se marcha, riendo estridentemente.
“Es todo un personaje”,  dice, para sus adentros.

¿Por qué le pasan estas cosas?
Ése incesante cosquilleo vuelve a recorrerle el estómago, incomodándola otra vez. No es la primera vez que lo siente; hace un par de años que viene molestando, sin poder darle un nombre en concreto.
Empieza a caminar. Recorre lentamente la sala en busca de un poco de dispersión; necesita concentrarse en otra cosa.

Cada cuadro cuenta una historia. No importa la técnica, no importan los colores, siempre se manifiesta una historia. En cada uno de ellos aparece una mujer; cada una es diferente a las demás.
Algunas de ellas son conocidas, del Círculo o de algún lugar que April frecuenta; son mujeres que han dejado una importante marca en su ser. Por ahí también hay uno dedicado a ésta amiga que “le ayudará a vender”; lo ve colocado en un lugar privilegiado y no puede evitar soltar una suave risita.

Pero hay un cuadro muy especial. Allá está, en un rincón oculto, detrás de todo el salón. Es un cuadro muy importante que marcó un rotundo cambio en su vida. Ése es, su primer desnudo.

No hay personas a su alrededor, así que podrá contemplarlo tranquila. Siempre le costó mucho disfrutar de esa pintura, en ella retrató a una chica que la marcó profundamente.
Hoy ya no está. Fue asesinada durante una incursión de la Alianza a una enfermería; los malditos sólo entraron y asesinaron a todos.
Con él es que trata de mantener su memoria. April no está muy segura de si realmente ella era así; con el cabello castaño, rizado, sujeto con una pequeña coleta, y los finos labios sin pintar.
Pero simplemente le gusta recordarla de ésa manera. Viéndola tan feliz.
Una lágrima rebelde asoma a sus ojos. Se quita los anteojos velozmente para enjugarla con rapidez.

Un extraño brillo capta su atención. Una diminuta piedra color celeste que cuelga del borde del cuadro. No puede evitarlo, sólo se deja llevar por la curiosidad y busca agarrarla.

Un segundo. El súbito mareo acompañado de unas inusitadas náuseas. Todo ha cambiado. Un silencio totalmente anormal la hace entrar en contacto con el lugar en el que había dado a parar…

miércoles, 22 de octubre de 2014

HIJOS DE LA LUZ Y LA OSCURIDAD 2

Capítulo II: Dorado


La noche no había sido muy buena, y ella lo sabe. Ha habido muy pocos clientes y el maldito de Raúl le cobraría caro por la jodida esquina. El precio a pagar para no tener que trabajar para nadie.
Se la puede ver reclinada contra la pared, encendiendo un cigarrillo con su encendedor predilecto. Es viejo y ya está bastante gastado por el uso; con un suave clic corta el flujo de la flama y se queda observando la figura que lo domina detenidamente. Un dragón, un precioso dragón hecho de tribales como aquél que lleva tatuado en su brazo y espalda. Un símbolo de poder y fuerza. El fuego, el mejor de sus aliados.
Un recuerdo repentino la invade. Sólo tiene nueve años y su padre la invita a jugar; es un juego nuevo, uno que no le gusta y le hace doler. Uno que jugaría por demasiado tiempo.
Nuevamente brotan desde lo más profundo de su casi infantil ser las insaciables ganas de ver algún objeto consumido por las llamas. La necesidad la domina y la irrita; tiene que encontrar algo pronto.
Como si algún extraño ser extraterreno hubiese escuchado su insistente reclamo aparece un lujoso coche doblando por la siguiente calle.
“Esto es mejor aún”, se dice a sí misma, pensando en el infeliz desgraciado que ahora se acerca.

El viejo canoso siempre viste de traje, siempre vanagloriándose del dinero que maneja. El maldito cerdo se acerca de nuevo en su enorme auto, pavoneando su asquerosa fortuna. Prefiere a las chicas muy jóvenes y ella siempre había sido de su predilección.
“Ha llegado la hora de jugar”
Al menos podrá conseguir algo de dinero y quizás una calurosa fiesta.
Otra vez los recuerdos.
Su madre se había ido de campamento con la tía, dejándola sola. La bruja ni siquiera sospechaba las perversiones a las que se veía sometida; ella también debería haber sido castigada. Su padre entró en su habitación sin siquiera tocar a la puerta, clara señal de las intenciones que traía. La pequeña y sumisa adolescente se preparó para enfrentársele, jamás volvería a tocarla; pero no contaba con que esta vez su padre armara su fiesta con la complicidad de su tío, su hermano.
La sujetaron a la cama y abusaron de ella como nunca antes se había atrevido su padre. Mientras más la golpeaban, mientras más la hacían sufrir, ella duplicaba su rencor y su ardiente deseo de venganza.
El viejo la lleva a un hotel de mala muerte. Allí arroja un diminuto fajo y nunca nadie lo vio estar o pasar; ventajas que confiere el dinero.
Al menos este tipo tenía fantasías estúpidamente fáciles de cumplir, sería un trabajo sencillo y rápido. Lo que la excitaba de verdad era lo que venía después.

Naya calcula que han pasado unos cuarenta y cinco minutos aproximadamente. Al fin el tipo encima suyo había terminado con ése corto y agónico movimiento que le permitía la osteoporosis y se ha derrumbado a su lado a dormitar un segundo, recuperar las energías invertidas. Ése es su momento.

Lentamente se desliza con suavidad de la cama, no quiere despertarlo y arruinar la fiesta. Se mete en el baño y revisa cada rincón. Hoy es su día de suerte; un descuidado ha dejado una botella de líquido extraño que tiene la etiqueta de altamente inflamable. Lo toma con presteza y se dirige al cuarto, en busca de su próximo objetivo. El idiota ha dejado su billetera en el saco. Dándole la espalda al miserable roncador es que revisa y extrae todo el efectivo; lo cuenta, es poco… el cabrón usa demasiadas tarjetas de crédito.
_ ¿Qué buscas en mi billetera?_ oye, con un tono casi insultante
_ (Mierda…) Tomando lo que ya no necesitarás_ le responde.
Se voltea con la botella ya abierta arrojando la mayor cantidad de líquido posible sobre la cama. El viejo se cubre con los brazos extendidos sin encontrar ningún sentido a lo sucedido. Naya simplemente toma su encendedor y con una ligereza extraída de la práctica enciende las sábanas. Gritos desgarradores la consuelan y la excitan mientras sale de la habitación.

Un extraño brillo dorado proveniente desde el suelo capta su atención. Lo iluminan unas llamas que comienzan a devorar todo lo que pueden a su paso. Lo observa detenidamente, “¡una piedra preciosa!”, es lo que cruza por su mente.

Se acuclilla para tomarlo, sin darle importancia a su entorno. Un súbito mareo la domina, náuseas; se siente totalmente descolocada al reaccionar dónde había ido a parar…

domingo, 19 de octubre de 2014

BELLEZA MARCHITA

Dedicado a Carla Bogado


La historia que hoy me propongo contarles es de largo tiempo atrás, de cuando los campos aún florecían y los campesinos eran felices dentro de sus antiguas tradiciones. Viene de mucho antes a como es hoy, un páramo yermo y vacío que rodea a tan inmenso castillo, los dominios de una cruel y hermosa Reina, cuya trágica historia los rumores cuentan.
Todo comienza con Annabel, una niña que vino al mundo con grandes dones: un intelecto envidiable, una voz prodigiosa, y una gran belleza que sólo era opacada por una horrible cicatriz que la cruzaba.
De nacimiento marcada, creció huyendo de las miradas, las compasivas y las horrorizadas. Lo único que aprendía, lo que acompañaba su día a día, era encontrar la manera de alterar tan cruel aspecto; y fue esto lo que encendió dentro de sí la chispa de algo mayor, algo tétrico y  sombrío.

Varias primaveras han pasado ya, y dejando de lado los infantiles juegos la joven muchacha para casamiento la disponen sus padres. Un nuevo reinado el pueblo aguarda y un marido ella requiere para poder así gobernar.
Sus padres concretan cientos de citas, reciben a decenas de príncipes y nobles, más ninguno se atreve a desposar a la marcada joven.
Rechazo tras rechazo ella todos los ve, desde su lejano escondite, un oscuro refugio dónde no la embarga nada más que una infinita tristeza.
Así siente en lo más íntimo, el austero rechazo de su cruel apariencia.
Pero ya no más; ésa misma noche cambiaría por completo su destino.

Con gran sigilo y silenciosa cadencia es que logra escapar. Oculta bajo el oscuro manto de la luna nueva, va en busca de los rumores que le abrirían las puertas tantos años atrás cerradas. Allá se la ve, cabalgando furiosa en la oscuridad; dirigiéndose a lo más profundo del escalofriante bosque. Allá, dónde posiblemente aún la aguarde la nefasta bruja.

El claro parece pequeño pero resulta bastante confortable. Mirando alrededor es que se puede ver el carromato en el que ella vive y viaja; hay además un enorme caldero, hirviendo sobre la crepitante hoguera; y un manojo de mantas, dispersas, junto al calor del brillante fuego.
_Has tardado en decidirte_ se escucha su voz, profunda y carraspeada_ pero aún estás a tiempo.
_ ¿Cómo sabe que vendría?_ responde la princesa, asustada ante la previsión de su propia decisión, esbozando un atisbo de duda.
_Así lo he visto en los huesos, así he visto cómo librarte de tu cicatriz, ¿no es eso lo que buscas?_ aparece desde la arboleda, una encorvada anciana.
_Sí_ responde Annabel, sin titubeos_ ¿qué es lo que pides por hacerlo?
_Nada que tu tengas me es necesario, sólo debo recordarte que la magia misma un precio va a cobrar_ le advierte, la propietaria de tan maltrecho cuerpo.
_ ¿Cuál es ése? Estoy completamente dispuesta a pagar_ dice ella, sin dilación_ lo que sea, con tal de esta… “cosa”… borrar.
La bruja se acerca, con paso lento, a su burbujeante caldera; nudoso bastón en una mano, extraño manojo de hierbas en la otra. Arroja el improvisado paquete, que en un segundo es totalmente consumido. Rebusca con ahínco en sus harapientos ropajes y extrae de ellos un minúsculo frasco de platinado fulgor.

Una gota de su esencia, la magia que la Luna no ha de ver.
Por tres veces el tiempo que se convoca, por tres veces la marca borraré.
La transformación así comienza,
 y el precio acordado se pagará.
 Que las fuerzas que hoy cumplen,
 la deuda, sepan cobrar.

Su leve cántico incita al fuego a aumentar de manera considerable su tamaño. El viento sopla con brío por entre la espesura y un leve escalofrío recorre la espalda de la princesa. Es verdadera la magia.

Pocos minutos después todo retorna a su estado original, pero no así Annabel quién sufre una gran discusión interna. Su ser se debate entre la ansiedad y la duda, el anhelo y el miedo. El deseo o el rencor.

Con un pequeño cáliz, de negra madera, la anciana extrae una ínfima parte del sugestivo líquido. “Bebe”, le dice, extendiendo la copa imperativamente. Ya no hay tiempo para vacilar y en un único y rápido movimiento el extraño brebaje ingresa en ella. Está hecho.
La bruja se marcha. Sólo así. Se retira como si nadie la hubiera buscado nunca, y la futura reina se acerca lentamente a su corcel, disponiéndose a deshacer el camino recorrido.

Ya es de mañana y esta es la última oportunidad que les queda a los reyes de conseguir un buen partido para su querida hija. El príncipe Edef de las Colinas del Oeste ha venido desde lejos sólo por el desesperado llamado de sus coetáneos y no ve prometedora su visita; o eso él creía…
Nunca había visto el mundo a joven más hermosa, con el porte de una aguerrida combatiente y aún así delicada cuál una rosa. Con exquisita parsimonia sale de su escondite, elevando con orgullo su restablecido rostro provocando la estupefacción general entre todos los allí presentes.

Había renacido. Había resurgido de las cenizas. Nada podría detenerla ahora.

La boda real fue planificada y llevada a cabo en las dos semanas siguientes, a petición de los nuevos amantes con la bendición de los Reyes. Todo el pueblo fue invitado a la ceremonia; la felicidad y la dicha reinaban una vez más en cada rincón de tan florecido reino. Los sirvientes abrían los viejos ventanales para que el aire volviera a circular, las doncellas llenaban cientos de jarrones con aromáticas flores, el entusiasmo de los nobles de aquél lugar había vuelto. Más nadie podría llegar jamás a estar tan feliz como Annabel, que ahora paseaba su renovada apariencia con altivez y orgullo por los jardines, provocando la envidia de aquellas que anteriormente la rehuían.
Así fue como le recordaron por primera vez la deuda que debía pagar.

La Luna Nueva volvería a presentarse esa noche, como aquella vez; así aprovechó ella para pasear por los jardines exteriores,  con la fresca brisa de la tarde por toda compañía. Más tenía una grave preocupación, un miedo intenso que crecía muy despacio.
Algo estaba sucediendo. Podía presentirlo. Lo veía a su alrededor…
Hasta entonces no se había percatado de ello, pero ahora, con desesperación, lo hacía.
Era evidente como cada planta en torno al castillo moría, los árboles se presentaban desnudos en la mismísima primavera.
Casi sin notarlo se había llevado la mano al rostro, allí dónde estuviese una vez tan horrenda marca; el terror de que el viejo monstruo que era retornara la invadía de nuevo.
Una superficie que la reflejara. Urgente. Lo que fuera en lo que poder verse.
Un grito amistoso la llama desde la lejanía, su reciente marido la ha estado buscando y por fin logra hallarla junto a la cristalina fuente.
Él toca su hombro más es enorme la sorpresa que se lleva al descubrir frente a sí cumplida la terrible leyenda que sus amigos una vez le contaron, la de aquella hermosa princesa cuyo rostro cruzaba una vil cicatriz.
_ ¡Me he casado con un monstruo!_ dice, mientras el sol cae lentamente detrás de las murallas.
_ ¡No! ¡No digas eso, te lo ruego! ¡Amor mío, no me veas así!_ grita ella cubriéndose con los brazos.
_Fui engañado, ¡jamás me casaría con un monstruo como tú!_ le reprocha él.

Que las fuerzas que hoy cumplen, la deuda sepan cobrar”, se oye el susurro en el leve soplar del viento.

Ya nada quedaba. Su corazón perdió el poco amor que una vez pudo haber guardado.
Desesperada, se abalanza a las piernas del príncipe; él es su única oportunidad de quizás ser feliz y no la perdería así de fácil. Lucharía. Y lo haría con todas las fuerzas que el más visceral odio le pudiese dar.

“El precio acordado se pagará”. Susurros. En el viento.

Una lúgubre oscuridad se abalanza sobre el reino y los sirvientes se ven obligados a encender antorchas por todo el castillo, en un vano intento de repelerla.

Los novios se han ausentado demasiado de su paseo por los jardines; comienzan a correr rumores y se oyen voces preocupadas.

La puerta principal se abre con un gran estrépito y una sombra de delineados contornos se presenta, provocando un breve y aterrador susto.
La Reina Annabel ha vuelto, pero ya no es la misma; ha descubierto la manera de mantenerse joven y hermosa.
Peligrosamente, joven y hermosa.
Uno a uno los allí  presentes comienzan a debilitarse y caer, con cada paso que la acerca a su trono.
Uno a uno les roba toda su vitalidad. Sin piedad. Sin compasión.
Por todos y cada uno, Ella aún permanece.

Por todos y cada uno, su belleza vive y su reino muere.

HIJOS DE LA LUZ Y LA OSCURIDAD 1

PARTE I

Capítulo I: Azul


Est por fin había terminado el trabajo encargado. Hacía varios días que perseguía a este ladronzuelo del bosque. Alguien con astucia y recursos para conocer y dominar los senderos que se ocultan en los enmarañados follajes, pero por suerte no era tan cuidadoso como aparentaba ser.
¿Por qué tenía que hacer estos trabajillos de gentuza? Sí. Por eso. La traición. Aún hoy recordaba todo, cada detalle, cómo si hubiese acontecido ayer...
Él era el miembro más excelso de la Guardia Real de Radmonth, siendo Caballero por herencia y vocación, siguiendo los antiguos estándares del linaje familiar, cuidaba de la seguridad del Rey desde el predilecto lugar al que fue asignado, la Derecha del Trono, desde dónde su armadura brillaba con prístino fulgor gracias a la luz que penetraba desde el elevado rosetón. Pero su verdadero orgullo no se centraba en la pulida armadura, ni en el gran poder que ostentaba en las cercanías del Rey, sino que, más bien, se radicaba en Miradith, su amada espada bastarda, la Oyente Sublime, como solían llamarla muchos. Forjada con sus propias manos, de acuerdo a antiguas tradiciones, fabricada del mejor acero que pudo conseguir de las Montañas Eternas, es una de las espadas más temidas de Radmonth, por lo silenciosa que resulta su hoja al matar en las manos de su creador y por la costumbre que su propietario tiene de oír las últimas palabras antes de rematar a los condenados, de ahí el nombre que muchos le han dado.
Los foliados arbustos estaban ocultándolo perfectamente. El perseguido aún no se había percatado de su presencia. Hacía ya tiempo que había aprendido a ocultarla, de aquellos a los que buscaba, y principalmente de aquellos que todavía lo cazaban.
¿Por qué Señor? ¿Por qué traicionar a su más fiel sirviente? ¿Por un viejo y resentido amor?
Le han encargado que lo capture con vida, por eso es que busca el arco; un certero disparo en la pierna y ya no tendrá otra escapatoria, la recompensa sería suya. No era mucho, pero serviría para pagar algunas deudas, guardaba profundo rencor por aquello en lo que no pudiera cumplir su palabra.
Adnan…
Al fin pudo ubicar el dichoso escondite. De manera rebuscada estaba fabricada y escondida la entrada al pequeño cubil que resguardaba la arboleda. Sería muy complicado hacerlo salir, la mejor trampa sería acorralarlo.
Recuerdos. La mente su peor torturadora. Memoria. Momentos de felicidad que se congelan en el tiempo. Instantes de dolor y traición por quién creía su mejor amigo.
La oscuridad domina la entrada. Un silencio mortal acompaña sus sosegados pasos en busca de la presa. La entrada es pequeña y será difícil entrar con el arco en tensión. Coloca la flecha nuevamente en su carcaj y cuelga el arco sobre el hombro. Miradith está deseosa de lucha.
Pisa sobre una superficie irregular provocando un leve crujido. El sonido se apaga instantáneamente sin propagarse demasiado. Algo se le ha atorado en el pie y deberá detenerse a sacarlo. Parece una piedra semipreciosa cuando la observa detenidamente. Una brillante pero profunda tonalidad azul; “podría conseguir algo por ella” es el pensamiento que cruza fugaz su mente. Por tan sólo un instante se olvida de la presa que viene siguiendo. La esperanza lo invade y lo hace ser imprudente, la necesidad lo mueve y lo hace ser veloz.
Un leve roce y un vertiginoso golpe al estómago lo sorprende; algo ha sucedido. Una fracción de segundo siente las náuseas y la verdosa luz del bosque ya no lo acompaña, ahora está en otro lugar…

HIJOS DE LA LUZ Y LA OSCURIDAD

Prólogo


Luces y Sombras…
Claridad y Oscuridad…
Que enormes y poderosas características, ¿no? Tan magnas y austeras han sido y lo seguirán siendo que son ellas las que toman una parte importante en la determinación de los desenlaces del alma humana.
¿Cómo es que alguien como yo puede saberlo? La respuesta es sencilla: yo me vi enfrentado a esta clase de pruebas; aquellas en la que el alma decide nuestro destino, donde las emociones pueden ser nuestra mejor aliada o nuestro peor enemigo, donde las ideas y los pensamientos pueden llevarnos al premio o al castigo, pruebas de grado definitivo donde es evaluada al máximo nuestra mortalidad. Pero, estoy adelantándome demasiado…
Permítanme comenzar con las desgraciadas desventuras que llevaron a cada uno de los protagonistas hasta “ese lugar”.

MEMORIAS DEL HOSPITAL St. ANNE 6

Espirales del Tiempo


El teléfono comienza a sonar. Me veo obligado a dejar mi lectura temporalmente y me apresuro a atender. Un simple papel que tomo del atestado escritorio oficia de señalador. Con presteza alzo el tubo y pego mi oreja a él para recibir las nuevas instrucciones. En este trabajo el manejo de los tiempos siempre ha sido de vital importancia. Puntualidad y precisión.
_ ¿Sí?... Buenas tardes…Diría que más bien instructiva…Un nuevo paciente, entendido…La habitación dos…preparada para dentro de media hora…
Dejo que el tubo se deslice suavemente acomodándose en su lugar, “media hora, habitación dos”. Y, como siempre, la incomodante duda de cómo logra saber cada uno de mis movimientos.
Han pasado sólo cinco días desde la llegada de nuestro último inquilino, Benjamín, el amante del fuego.
Es realmente increíble cómo puede transcurrir el tiempo, hace dos semanas me encontraba en la oficina del jefe escuchando la propuesta de un nuevo trabajo y ahora estoy aquí con el doble de lo que cobraba antes y con un empleo que me permite poder estudiar tranquilo y  rendir pacientemente las materias. En un par de meses deberé presentarme, sólo me resta cursar el último año, después de éste. Ha sido difícil llegar hasta aquí y el encontrarme con este nuevo muchacho resulta un desafío igual de semejante.
Con él todo ha sido complicado; primeramente porque  no me permite que me le acerque, agregando además de que la leve sensación de aumento ínfimo de calor ya comienza a provocar un pánico incontrolable en mí. La marea de recuerdos, emociones y fobias que me trae son del todo incomprensibles; pero ahora no puedo pararme a pensar en él, la habitación dos debe quedar en perfectas condiciones.

El pequeño reloj sobre el ascensor marca que ya ha pasado con exactitud la media hora estipulada; y, con una precisión por demás envidiable, el remoto sonido sibilante del cubículo metálico me anuncia que “ellos” ya han llegado, y un nuevo inquilino viene a hospedarse. ¿Qué será esta vez?
Para mí ya es natural el acomodarme justo frente a la habitación que será ocupada, una clara señal para los gorilas que ofician de “enfermeros”; tan sólo un gesto que puedan entender para alcanzar tranquilamente a este nuevo interno sin necesidad de mediar palabra alguna.
Las puertas dobles se abren sigilosamente, sin interrupción ni sonido alguno, dejando al descubierto al jefe del grupo y un subordinado, nadie más. Al parecer éste kinético resulta un tanto más tranquilo que los demás, ¿seguro que es así?
El líder tarda apenas unos segundos en captar mi presencia y acompasadamente jalona de su prisionero levemente, éste tarda en reaccionar y, no es hasta que lo observo detenidamente, que me doy cuenta de que se encuentra falto del sentido de la visión. Parece un hombre joven y a la vez mayor, alguien que ha vivenciado muchas cosas, que ha “visto mundo”, si perdonan mi ironía. Aunque hay algo en él que me estremece, que provoca extrañas sensaciones en lo más profundo de mí ser.
No lleva atadura alguna, esposas, cadenas, nada; pero aun así tampoco le han permitido el poder tener un bastón sobre el cuál afirmarse, siendo su único consuelo el extender los brazos en busca de un camino en la total oscuridad.
Me aparto ligeramente de la puerta para dejarle el paso tranquilo. Él se acerca con un caminar inocente, inseguro, buscando un sendero que apenas llega a percibir. Lentamente se mueve, un paso delante de otro, por suerte le dan el tiempo que necesita y copio su ejemplo, siendo además un claro signo del poco esfuerzo que nos costaría relacionarnos.
Es ésa la línea de pensamiento que me cruza cuando lo veo dar un traspié. Un reflejo instintivo me impulsa a alcanzarlo para evitar su caída, pero ambos guardias me gritan una imperante negativa, más ya es tarde. Algo extraño sucede.

“El de muchos nombres enseña el camino.
El guardián despierta y asciende.
La libertad tiene un alto precio.
Para amar debes proteger.
Para proteger debes amar.
Así serás libre”

En tan sólo un segundo me vi sumergido en una intensa vorágine de la que supe jamás podría escapar.

_Es un Cronokinético de 3° nivel_ me dijo el subordinado
_No sólo posee la habilidad de ver todos los futuros posibles_ continúa el jefe_ también puede observar el más inevitable y profetizar en torno a él.
_Pe…pero… ¿y lo que ha dicho?_ pregunté, buscando un poco de cordura
_Eso que ha escuchado es su destino John Gregsale, y más vale que lo recuerde bien.

Fue lo último que dijo antes de encerrarse por sí mismo en la habitación que le había asignado. No importó su ceguera, sin necesidad de apoyo alguno se guió perfectamente. Solo.
Un frío terror comenzó a embargarme.
Sus captores me dieron la ficha correspondiente y se retiraron dejándome absorto con todo lo que había escuchado.
Las cosas cambiarían a partir de ahora. Presentimiento, intuición, presciencia, no me pregunten qué. Simplemente, en lo más profundo de mí ser, lo sé.


sábado, 18 de octubre de 2014

RITUAL DE MUERTE Y AMOR

Dedicado a Lucia Sabio


Simplemente despertó. Como lo hubiera hecho con cualquier pesadilla. Despertó con un intenso sobresalto, una aspiración rápida y profunda, en busca de un aire que podía sentir hacía tiempo le faltaba a sus pulmones. Arlazey tosió bastante antes de poder incorporarse y observar el entorno que la rodeaba.
Una pacífica tonalidad azul lo dominaba todo, cubriendo cada pequeño lugar de esa minúscula habitación. Las antorchas eran las que proveían de un extraño fuego, aquél que lo iluminaba todo de ése sombrío color. No había mucho más, una mesa en una pared alejada, algo muy parecido a lo que sería un altar justo donde ella se encontraba. Pero lo más extraño de todo resulto ser una mujer, a quién encontró a sus espaldas, observándole tranquilamente, esperando con claros signos de una paciencia eterna.
_Jamás entenderé a los humanos y eso que ustedes llaman “amor”_ dijo sin rodeos.
_ ¿C…cómo?, ¿disculpe?_ preguntó la joven sin poder entender nada en absoluto.
_ Sólo estoy aquí porque él me pidió que te despidiera, y me rogó que leyeras la carta que dejó para ti sobre ésa mesa_ le respondió, señalando.

Sin otra palabra mediante, la extraña dama sólo se desvaneció, dejando a Arlazey sola con sus pensamientos. La luminiscencia azulada se fue con ella, retornando así el anaranjado brillo que trae el fuego, pero este ínfimo hecho no la tranquilizó en lo más mínimo, sólo hay dudas e inquietudes en su alborotada mente. Preguntas, a las que quizá no le agradase darles una respuesta.
Se levantó con esfuerzo de donde se encontraba recostada, sus pies descalzos tocaron el frío suelo de piedra, generando un sordo sonido que hizo eco en toda la habitación.
Lentamente se fue acercando a la mesa indicada, y allí, tal como se lo había dicho, encontró un pequeño sobre. De papel amarillento y algo grasoso, justo como siempre solía usar él; y, como para confirmarlo, el sello de su anillo impreso en la laca que lo mantiene cerrado.
Con dedos temblorosos rompe el rojizo pegamento, dentro está la carta, escrita en una precisa y hermosa caligrafía. Sólo es una hoja, un corto y claro mensaje, tan sólo un adiós.

Querida Arlazey, te dejo esta sencilla carta a modo de despedida, lo que estoy a punto de hacer conlleva un riesgo muy grande que estoy dispuesto a aceptar, sólo porque tú has sido y siempre serás el amor de mi vida; pero… ¿qué es esta existencia, vana e impía, si no te tengo a mi lado para alegrarme los días?
Por ello es que ahora tengo que dejarte, porque sé que hallaste un nuevo amor, y con ello sé que podrás disfrutar del regalo que le pido a la Muerte para ti hoy.
Vive mi vida, amada Arlazey, vívela con plenitud e intensidad, vive el amor que yo jamás te pude dar.
Con un inmenso cariño, tuyo por siempre
Akem

Un leve golpeteo detrás de los ojos comienza a molestarle, el dolor en su cabeza está aumentando en conjunto a las dudas y preguntas que se abalanzan en tropel. Sólo quiere salir corriendo, no pensar más, no tratar de entender lo sucedido, ya no más.
Está paralizada, ningún músculo responde a sus órdenes, la desesperación empieza a deslizarse suavemente, subiendo, por su columna y una fría voz, habla en la lejanía; una única, fría, e impactante palabra:
_Recuerda…
Sólo eso faltaba, una simple palabra para activar el resto de sus procesos mentales, ya no hay espacio para preguntas o dudas, miles de recuerdos comienzan a repoblar su memoria y uno entre ellos busca destacarse entre los demás…

Ya es entrada la noche. El plenilunio se alza, enorme, en toda su majestuosidad. Sólo una luz titilante se mueve, zigzagueante, por las calles: el sereno, que vigila el apacible sueño de los pueblerinos. Incluso a él le pasa inadvertida una sombra, pequeña y de grácil movimiento, que busca el abrazo de la noche para poder escapar, y la Luna, amiga de los amantes, la cubre con su manto y le revela el camino.
Dobla el que resulta el último recodo y, al final del estrecho y extenso pasillo se observa, la farola de un carruaje. La señal acordada. Su corazón comienza a latir poderosamente, desbocado, y con marcado nerviosismo se oprime el pecho. El miedo de que éste ínfimo sonido sea los suficientemente potente como para delatar su presencia le aterra por unos segundos. Cae en la cuenta de su infantil temor y con un resoplido calma su alborotado cuerpo. Su enamorado la espera y eso la colma de excitación, hoy por fin han decidido a fugarse juntos.
Con sumo cuidado se quita los esmaltados zapatos. Es su deseo correr a aquellos fuertes brazos y ese nimio lastre podría terminar resultando en un desastroso fracaso final.
Son sólo un par de metros  y llega rápidamente, arrojándose con un leve salto sobre su portentoso cuerpo. Él la sostiene con brío, no la aparta de sí, como si en tan sólo un momento ella pudiera desvanecerse y terminar siendo toda una mera ilusión. Pero ya sabe que no es así, y simplemente se funden en un envidiable beso.

Ya están marchando, alejándose del pueblo y sus alrededores. En la lejanía formaran un nuevo nido de amor, allá dónde el alba sea más reciente y el ocaso tarde, dónde las faldas de las montañas sean de un verdor inigualable, dónde nadie conozca su pasado, y sólo se preocupen por su presente. Así es como ya están en camino, a la tierra de ensueño, a cumplir con un nuevo destino.

El suave traqueteo que provoca el maltrecho sendero comienza a sumirlos en un apacible sueño. La noche es templada y favorece el necesitado descanso.

Una brusca frenada los despierta abruptamente. Misteriosas figuras armadas de antorchas comienzan a fustigar las portezuelas, forzándolas a abrirse a sus intempestivas acometidas. No tardan mucho en ceder y se ven arrancados del aterciopelado interior hacia el áspero y helado lodazal.
Sarcásticas risas de una asegurada victoria resuenan en derredor. Risas agudas, finas y estertóreas… risas femeninas.
Entonces ella comprende... han entrado en el terreno de las Sínesp, las brujas Sacerdotisas de la Luna; sólo un triste final les espera a ambos…
Ahora lo comprendía. Instintivamente lleva su mano hacia su vientre, allí dónde reside la reciente cicatriz. Todo lo que recordaba era cierto. Ellas la habían asesinado.
No hay tiempo de dudas. Ya no más. Ahora debe ponerse en marcha y escapar velozmente de ese lugar.
El crepúsculo del alba apenas roza el cielo, lo que le da a Arlazey un poco de tiempo antes de que el pueblo entero despierte.


Allí está ella, la que tanto amé y que creí perdida, allí está mí amada, preparada y lista para iniciar la nueva vida que Akem y Alecto nos pudieron dar.


No puede evitarlo y mira por un minuto atrás, al que fue en antaño su hogar.
Así es como lo mantendrá en la memoria. A él, que le brindó una nueva oportunidad…
Con un ritual…
De Muerte, y Amor…


TÚ ERES EL PRÓXIMO

Dedicado a Federico Giobanettone

He salido una vez más de lo muros de esta descuidada habitación, lugar que me protege de la silenciosa guerra que se desata en el exterior.
    Es realmente difícil reunir el valor necesario para enfrentar las arduas batallas diarias; la oscuridad está acrecentando su poder con una continuidad que resulta feroz.
    Hace tan sólo unos meses que he despertado de este ilusorio ensueño, que he logrado escapar de las garras del Reino de las Sombras, el momento en el que Ederif se manifestó ante mí.
    La noche en la ciudad me recibe en lo que puede considerarse tranquila, con un sonoro silencio y un gélido abrazo. Un suave escalofrío sube por mi espalda mientras siento su llamado; ya no me preocupa, logré acostumbrarme a tener que actuar constantemente y con rapidez. Es hora de luchar.
    Allá puedo verlo. A punto de transitar distraídamente una muy concurrida avenida. Un joven que inconscientemente desea saltar al abismo, arrojarse al anhelo de las tinieblas. Ellas lo han estado empujando, guiando a su desastroso final. En vano ha sido; pues es tan sólo un trofeo que esta vez no les dejaré ganar.
Con un veloz giro de mi muñeca alcanzo el amuleto que me vincula al alma de Ederif, la sensibilidad de Escorpio. La espada de negra hoja se manifiesta con agilidad en los segundos cruciales al paso que el chico en la esquina está por dar.
Una vez más todo el ambiente es absorbido por la barrera: los sonidos, las luces, las personas, los autos, todo.
La luz lunar cae precipitada hacia el escenario de la nueva batalla. Ya comienzo a sentir las repentinas vibraciones que genera la adrenalina recorriendo cada uno de mis músculos.
Poco a poco se revelan las turbias entidades que acosan a los humanos, los Elpam. Sombríos y oscuros entes que se alimentan de la negatividad y el mal que éstos generan.
El ser sin rostro percibe el escudo que he alzado y se prepara para batallar con todas sus fuerzas por la deliciosa presa que está a punto de degustar.
Como una extensión insustancial y borrosa de su cuerpo, materializa una gran espada saliente de lo que se interpreta como un brazo,  junto a algo que percibo como un dejo de placer y gula.
Esta tarea no será nada fácil.
Pero es mejor así.

La lucha no dura más que sólo unos minutos, pero ha sido una buena contienda.
El muchacho sigue allí, suspendido en medio de la burbuja defensora. No ha sido consciente de nada de lo que ha ocurrido a su alrededor, sólo se ha encerrado dentro de sí mismo; como una vez lo hice yo.

La pestilencia que despide, que las sombras desean llena el lugar y no puedo evitar sentir enojo y compasión a la vez. Ahora no me extraña que ése sombrío espíritu tuviese tanta fuerza, ha estado alimentándose de él por demasiado tiempo.

Sin necesidad de palabras percibo la urgencia de Ederif por rescatarlo. Más Elpam vendrán a buscarlo.

Me coloco frente a él, pero en este ambiente tan surreal su mirada se pierde en un infinito vacío de una herida interna y profunda que no termina de sanar.

El alma de mi espada nunca deja de maravillarme. Con la velocidad del rayo ejerce éste su transformación. Un escorpión de gran tamaño y oscuros tonos azulados se presenta, imponiendo un enorme aguijón como mortal armamento.
La sorpresa y el temor invaden por igual al recién rescatado. Sentimientos erráticos y confusos que sólo crean más de la espesa niebla que tanto lo rodea.
Lentamente Ederif se acerca, abriéndose paso con bruscos aguijonazos. Ésa es su forma de actuar, sin rodeos.
El chico está completamente paralizado pero esto no es ningún impedimento; él simplemente sigue avanzando con una fuerza temible.
Sea como sea que lo haga, adoro su estilo.

Allí está, una vez más. El ataque final. Ése es el que siempre me cautiva, el que más me llama y motiva a continuar luchando.
En éste Ederif pone un especial cariño; aquí es dónde se puede ver su verdadero poder.

Con un gesto lento y suave punza levemente sobre el pecho del muchacho, y, cuál borboteante manantial, brotan cientos de imágenes que giran velozmente en torno a él.
Así también mueve su aguijón, con fatal maestría, destruyendo rápidamente aquellas que más oscuridad genera. Un emprendimiento realmente difícil, como nunca antes había visto.
Muy pocas van quedando ya y el impávido chico sigue con su mirada ausente, un hecho que me molesta y me embarga de una incontrolable ira.
 Pero no debo entrometerme, ya lo tengo claro.

En un vistazo es que puedo observar una lágrima generada por el gigantesco escorpión. Allí estaba, la herida más grande, la que mayores impedimentos le causaba. La brillante gota emanada flotó tranquila hasta esa imagen, dispersándose junto con ella.

“Despierta, Raio, la libertad de Acuario”, pronuncia, con una voz profunda y serena.
Emergiendo con una ligera luminosidad violácea se presenta ante nosotros un espíritu del mismo calibre que es Ederif.
Todo ha terminado. La barrera comienza a desvanecerse lentamente retornando a la realidad todo aquello que resulta cotidiano: luces, sonidos, personas, autos.
Mi trabajo está hecho, ahora le toca a él afrontar al alma convocada. Convertirse en un posible nuevo luchador con quien contar.
    Así es como terminé yo y así es como terminas formando parte de esta eterna guerra.
    Así es como terminas en la encrucijada de una terrible decisión. Luchar o continuar soñando.

Ahora que lo sabes, tú eres el próximo.