lunes, 27 de octubre de 2014

RITUAL DE AMOR Y MUERTE

Dedicado a Alexis Luffi

El crepúsculo del alba ha comenzado. Éste me da la señal de que el poco tiempo que Alecto ha conseguido darme está por acabarse.
Debo apresurarme.
Ya me alejo del nefasto poblado. Nada que no sea estrictamente necesario viene conmigo. Todo queda atrás y sólo dejo que los sombríos recuerdos de la frustrada fuga me acompañen en mi penosa retirada.

Allí estoy, esperando ansioso por ella. Al cochero no le ha agradado en lo absoluto el horario en el que planificamos nuestro viaje, pero una suma importante borró cualquier rastro de molestia en pocos segundos.
El sereno hace ya un par de minutos que pasó, raudo con su luz titilante, a un par de calles de nuestra ubicación. Me aseguro primero de que ya lo he perdido de vista, y no es hasta entonces que enciendo la lamparilla que oficiará de faro para mi amada. Ojalá la Luna, protectora de los amantes, guíe sus pasos con presteza.
Con impaciencia agudizo el oído y puedo percibir, con gran alivio, sus pequeños y sordos pasos que se acercan con rapidez. Al fin ha llegado.
Con un leve salto se lanza a mi abrazo, y yo no puedo evitar sostenerla e inmediatamente buscarla con mis labios. Así nos fundimos, lentamente, en un beso inolvidable.

El traqueteo del coche provoca una somnolencia que los hace dormir profundamente, siendo el guía el único que podría advertirlos del peligro que están por afrontar.

El carruaje se detiene con violencia despertando a sus adormecidos pasajeros. Unas desconocidas figuras ocultas por sendas capuchas y agitadas antorchas comienzan a castigar las portezuelas, obligándolas a abrirse a su impulsivo ataque. Éstas no tardan mucho en ceder y ambos se ven arrancados del aterciopelado interior hacia el helado y áspero lodazal.
Sarcásticas risas de una asegurada victoria resuenan en derredor. Risas agudas, finas y estertóreas… risas femeninas.
Así es como termina de entenderlo. Han sido entregados a las Sínesp, las brujas Sacerdotisas de la Luna; y nada bueno ocurre cuando de ellas se trata.

Brazos fuertes me sostienen pero, con un vigor casi titánico, trato de luchar contra mis captoras. Éstas lo tienen todo ya previsto, no es la primera vez que hacen trabajos de este tipo; me toman con firmeza y una de ellas se esfuerza por hacerme aspirar las emanaciones de un delicado pañuelo. Un leve sopor comienza a dominarme, hace que todas mis fuerzas flaqueen; así, aprovechan y lo amarran con celeridad.

Es imposible creer que todo esto esté pasando. Alguien lo toma del cabello provocando un agudo dolor, y alza su cabeza con el fin de obligarlo a ver un terrible y macabro espectáculo.
La más alta de las figuras encapuchadas descorre con un ensayado gesto su velo, mostrando la funesta máscara que sólo portan las Sumas Sacerdotisas. Puedo verla con total claridad, y percibir, al mismo tiempo, lo que no resulta ser una buena señal. Inicié una terrible lucha en mi mente por recobrar el control de mis adormecidos músculos. Todo esfuerzo es en vano, el veneno que hayan utilizado está por cumplir ya su efecto, cerniéndose las sombras sobre mí.
Ella puede verlo y con un delicado gesto extrae una daga de gran tamaño de entre los pliegues de su túnica. Demuestra una velocidad y maestría maquiavélica en la forma en la que empuña ese cuchillo; más es enorme el grito que no puede abandonar mi mente cuando veo finalmente su cometido.
Sólo a mi me buscaban. Con una terrible agonía caigo presa del sueño inducido, mientras a mi vista queda la sombría imagen de mi amada, desangrándose, con una lentitud totalmente planificada.
La oscuridad ya lo ha cubierto todo. Sonidos, luces, roces, dolor. Ya no hay nada.

Despierto buscando una gran bocanada de aire. No puedo levantarme, gruesas cadenas me detienen. Siento frío en toda la espalda y la rigidez de la superficie en donde estoy recostado hace que duela, cómo si hubiese estado allí por horas.
_Él ha despertado_ pronuncia una voz susurrante a mis espaldas.
_ ¡¿Qué es esto?! ¡¿Por qué me tienen aquí?! ¡Suéltenme!_  grito, con mis energías renovadas.
_ ¡Silencio! _dice una voz sin rostro, con una profundidad y sonido que hace un importante eco por todo el lugar.
_ Señora, la Gran Dama tomará el lugar en tan sólo un momento_ le indica otra voz tímida.
_ Perfecto_ responde ella_ traigan a la iniciada, ella debe ejecutar el sacrificio.
¿Sacrificio? ¿Acaso van a matarme?, la desesperación me inunda, y, a pesar de que tengo prohibido hablar, me retuerzo en afán de encontrar la manera de liberarme.
_ No importa lo mucho que te muevas_ me reprende la “Señora”_ conoces nuestra fama, y lo perfeccionistas que somos con nuestros rituales.
Todo está perdido. Oh, Arlazey, porque tuvieron que arrebatarte así de mis brazos, me lamento, buscando en esto algún consuelo.
_ Estoy preparada Señora, y he traído a Tornfest conmigo, como me ha sido ordenado_ habla, una voz que me resulta un tanto familiar.
_ Acércate y demuestra a la Dama de la Noche tu fidelidad, entrega este sacrificio para entrar en su servicio.

Lentos y suaves pasos se acercan hasta dónde estoy ubicado. Me dispongo a luchar nuevamente, pero han ajustado aún más las cadenas. Los roces con el suelo de la túnica que lleva suenan como un horrible vaticinio. Con un poco de dolor puedo girar mi cabeza y la veo acercarse, pies descalzos y rostro desnudo.
No. No ella. Alecto.

Se detiene en seco cuando lo ve a los ojos. Su gran amor, el sacrificio que las Sínesp piden para adentrarse en sus secretos.

La veo dudar, detenerse con el mellado cuchillo sobre mi vientre. Un leve rayo de esperanza se enciende dentro de mí.

_Discúlpame Señora de la Noche_ dice ella mirando al cielo nocturno_ te ruego le des la oportunidad  de amar a alguien como yo lo amé a él.

Sin vacilación alguna Alecto entierra con profundidad el cuchillo en su vientre. Comienza a salirle sangre por la boca. En su rostro sólo veo tranquilidad.
En su último esfuerzo,  comprendo sus silenciosas palabras.
 Ámala, como yo te amé a ti.
Ella lo sabía todo. Sabía que había encontrado a alguien más. Aún así se sacrificó para verme feliz.

_ ¡Suelten al maldito!_ resuenan las palabras, pronunciadas con asco.
Las cadenas aflojan mis malheridas muñecas.
_ A partir de ahora, tienes hasta que la Dama se oculte en el horizonte_ me dice, de frente, oculta bajo su máscara.
_ ¿Para qué? _ pregunto, temeroso.
_Vete de la ciudad, ¡y nunca vuelvas! _ grita, remarcando las palabras con un violento gesto_ o yo misma te cazaré

Con presteza salí de los límites de su templo dirigiéndome a mi cabaña. Tomé lo que consideré necesario, puesto que ya no mucho me quedaba. Sólo recuerdos de una muy mala noche.
Algo me detiene en la cima de ésa colina. Tengo que mirar atrás, dejar que mi pasado fluya y se estanque allí.
Una enorme sorpresa me espera cuando volteo a ver al dormido poblado; viene marchando, con presurosa carrera y un pequeño bolso a cuestas, aquella que una vez creí perdida.
¡Arlazey continúa con vida!, me digo, mientras la dicha me embarga.

Allí está él, el que tanto amo y que creí jamás volvería a ver. Allí está mí amado, libre de las Sínesp; preparado y listo para iniciar la nueva vida que Akem y Alecto nos pudieron dar.

Ella ha llegado a su lado y se abrazan fuertemente.  Miro al límpido cielo y veo allí a la Luna, que ya desaparece en el horizonte.

Así es como la mantendrá en la memoria. A ella, que le brindó una nueva oportunidad…
Con un ritual…

De Amor, y Muerte…

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