Exámenes
Cuatro
pacientes. El trabajo aún sigue siendo sencillo. Mis tareas en el hospital no
pasan más allá de mantener el orden y la limpieza del ala, la preparación de
las comidas y que cada uno esté siempre listo para los exámenes. Por lo demás
sigo en mi carrera de médico psiquiatra llevando las materias cómo puedo y aún
intento sostenerme en la pequeña pero acogedora habitación en la que vivo
mientras pago en tiempo y forma las cuotas de mi nuevo departamento.
Últimamente
me he encontrado con ciertas complicaciones, como ha sido la llegada de
Benjamin Softlymaine, un pirokinético, un maníaco por el fuego.
Me
está valiendo un enorme esfuerzo el tratar con él; sí, lo sé, es él el que está
encerrado en una cámara de wolframio puro y soy yo quién está de este lado del
pasillo, mi seguridad está garantizada. Incluso llegó a sorprenderme el que ni
una pizca de calor pudiese pasar a éste lado, verdaderamente se tomaban su
trabajo muy en serio. Pero los hechos que alteraron mi vida años atrás no son
fáciles de olvidar, las imágenes han quedado prendadas de mi retina, y me costó
mucho el superarlo, más teniendo en cuenta que de la noche a la mañana me vi
llevado a reunirme con la que sería mi nueva familia; pienso que deben entenderme,
el fuego provoca ciertas dudas y fobias que aún no termino de controlar.
Hace
apenas dos días que lo trajeron y su comportamiento aún no ha mejorado, al
parecer, por lo que me mostraron las cámaras internas, ese chico lograría
aguantar un día más sin comida, pero… ¿y el agua?, aún hoy continúo
preguntándome cómo es que obtuvo el poder de retroalimentarse por el propio
fuego.
Hoy
mi jefe me llamó a su oficina, extraño, pues en raras ocasiones llega a
hacerlo. Diligentemente atravesé medio hospital, sumido en mis silenciosas
cavilaciones, arrastrando las envidiosas miradas de los que eran mis ex
compañeros, ya nadie me detenía amistosamente para consultarme como estaba mi
vida, ni siquiera ya para extender algún halagador gesto de cortesía; antes si
había buenos compañeros allí, personas excelentes que con las cuáles podríamos
haber llegado a ser buenos amigos, todos ellos habían entendido que quisiera
ocultar mi pasado, pero ahora… cómo cambia el dinero a la gente, cómo es que
esa vil utilidad puede generar tanto en las personas que lo rodean a uno. Yo
siempre se los dije, el dinero lo necesitaba para financiar mi nuevo
departamento, además de que debía pagar las cuotas de la universidad, las
cuáles no eran nada baratas, era complicado sostenerse incluso con una beca, de
allí que me mantuviera en el mismo hospital pero con un sueldo mucho más jugoso
que el de la mayoría de los que allí trabajaban, bastante más alto que lo que
cobraban lo que más antigüedad tenían.
Suavemente
golpeé la puerta de nudosa madera, una excelente pieza de trabajo de
carpintería artística, una voz ronca hablaba frenéticamente al otro lado,
“seguramente dentro de poco tendrá que ir al oncólogo”, dije para mis adentros
mientras una leve sonrisa curvaba mis labios.
_
¡Pase!_ me autorizó.
_
Disculpe señor, ¿me llamaba?_ dije, tratando de ocultar la sonrisa que mi
propia ironía me había producido. Seguía hablando a través de su celular, muy
típico en él
_
Sí, Gregsale, venga, tome_ me indicó mientras extendía sobre su escritorio unas
carpetas_ aquí le tengo un cronograma de los exámenes.
Me
apresuré a tomarlos y ha ojearlos allí mismo.
_
¿Qué son esos exámenes?_ pregunté con extrema cautela, tratando de al menos
satisfacer un poco mi curiosidad.
_Pruebas,
simples exámenes de rutina para encontrar las bases de las kinesis que los
pacientes presentan, luego el Consejo Directivo tomará las decisiones que crea
conveniente en cuánto a los resultados que se obtengan.
“¿Consejo
Directivo?, ¿desde cuándo un hospital psiquiátrico necesita un Consejo
Directivo?”, pensé.
_Bien,
he de suponer que las pruebas no son de público conocimiento…_ solté con cierto
sarcasmo, que al parecer a mi jefe no le gustó demasiado.
_Sí,
así es_ me respondió con un tono seco y firme_ ahora, si no le molesta puede
retirarse.
_De
inmediato señor_ dije con toda la sumisión de la que fui capaz, tenté demasiado
los límites.
_Simplemente
asegúrese de que hoy los pacientes 0001, 0002, y 0003 tengan y lleguen a sus exámenes, ahora, si me
permite_ me dijo señalando la puerta tomando nuevamente su teléfono.
Salí
apresuradamente, no podía permitirme errores en este trabajo, y mucho menos con
él. Una vez más me sorprendieron las conversaciones que sostenía con el extraño
que estuviese al otro lado de la línea.
_
¡Ya le dije! ¡Atrápenlo a como dé lugar!
Incluso
cuándo estaba furioso no perdía su elegancia al hablar y al usar el lenguaje.
_
¿Cuántas veces he de decírselo? Es muy importante que nosotros lo atrapemos, no
podemos permitirnos el lujo de que la información sea de otro.
“¿De
quién estaría hablando? ¿Quizás algún nuevo paciente?”
_Es
imprescindible que nosotros obtengamos la identidad del escudo, una vez que lo
tengamos ya…
Una
mujer de la limpieza entró por el corredor y me vi obligado a marcharme con
presteza para no ser descubierto espiando. Nuevas cosas estaban pasando y al
parecer mucha gente estaba involucrada. Preguntas que necesitaban una respuesta
se presentaron por montón, ¿por qué ese tipo de gente era encerrada allí abajo,
en absoluto secreto? ¿Qué eran esos exámenes? ¿Con que finalidad eran
realizados? ¿Cómo es que siempre venían pacientes nuevos? ¿Dónde los
encontraban? ¿Cómo conocían cada movimiento mío y de los residentes en el ala?
¿A quién estaban intentando darle caza? ¿Por qué era para ellos tan importante
atraparlo antes que nadie más? ¿Qué es lo que el cazado sabía que necesitaban
conocer los cazadores?, y la más inquietante de todas, ¿quién y qué era el
“escudo”?
El
tiempo nunca ha sido un buen compañero de las dudas y la necesidad de
reflexionar en algunas preguntas, por lo que me veo impelido a continuar con lo
ya planificado para el día.
Hoy
es el día de los segundos exámenes de Sophie y Sarah, y el primero para
Walther, Benjamin aún debe esperar; ninguno de ellos guarda ni un atisbo de
emoción por salir de sus tétricas habitaciones, de manera extraña siento que
comprendo este sentimiento.
Hay
demasiadas cosas que escapan a mi control y la más mínima de ellas es que no
tengo el debido conocimiento de en qué se basan los exámenes a los que “mis”
pacientes se ven sometidos, estas extrañas “pruebas” a las que deben enfrentarse
solos.
“Quizás luego se lo pregunte a Sophie”, dije,
para mis adentros, “ella seguro me contará que es lo que verdaderamente hacen
con ellos aquí”
Pero,
a pesar de saber que me involucraría en un terreno demasiado peligroso, sentía
en lo más profundo de mí la necesidad de desenmarañar la oscura red de secretos
que aquél hospital me estaba ocultando, nuevas interrogantes se habían sumado y
luego vendrían las señales que necesitarían ser atendidas para que el
rompecabezas estuviese completo…
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