sábado, 18 de octubre de 2014

MEMORIAS DEL HOSPITAL St. ANNE 5

Exámenes

Cuatro pacientes. El trabajo aún sigue siendo sencillo. Mis tareas en el hospital no pasan más allá de mantener el orden y la limpieza del ala, la preparación de las comidas y que cada uno esté siempre listo para los exámenes. Por lo demás sigo en mi carrera de médico psiquiatra llevando las materias cómo puedo y aún intento sostenerme en la pequeña pero acogedora habitación en la que vivo mientras pago en tiempo y forma las cuotas de mi nuevo departamento.
Últimamente me he encontrado con ciertas complicaciones, como ha sido la llegada de Benjamin Softlymaine, un pirokinético, un maníaco por el fuego.
Me está valiendo un enorme esfuerzo el tratar con él; sí, lo sé, es él el que está encerrado en una cámara de wolframio puro y soy yo quién está de este lado del pasillo, mi seguridad está garantizada. Incluso llegó a sorprenderme el que ni una pizca de calor pudiese pasar a éste lado, verdaderamente se tomaban su trabajo muy en serio. Pero los hechos que alteraron mi vida años atrás no son fáciles de olvidar, las imágenes han quedado prendadas de mi retina, y me costó mucho el superarlo, más teniendo en cuenta que de la noche a la mañana me vi llevado a reunirme con la que sería mi nueva familia; pienso que deben entenderme, el fuego provoca ciertas dudas y fobias que aún no termino de controlar.
Hace apenas dos días que lo trajeron y su comportamiento aún no ha mejorado, al parecer, por lo que me mostraron las cámaras internas, ese chico lograría aguantar un día más sin comida, pero… ¿y el agua?, aún hoy continúo preguntándome cómo es que obtuvo el poder de retroalimentarse por el propio fuego.

Hoy mi jefe me llamó a su oficina, extraño, pues en raras ocasiones llega a hacerlo. Diligentemente atravesé medio hospital, sumido en mis silenciosas cavilaciones, arrastrando las envidiosas miradas de los que eran mis ex compañeros, ya nadie me detenía amistosamente para consultarme como estaba mi vida, ni siquiera ya para extender algún halagador gesto de cortesía; antes si había buenos compañeros allí, personas excelentes que con las cuáles podríamos haber llegado a ser buenos amigos, todos ellos habían entendido que quisiera ocultar mi pasado, pero ahora… cómo cambia el dinero a la gente, cómo es que esa vil utilidad puede generar tanto en las personas que lo rodean a uno. Yo siempre se los dije, el dinero lo necesitaba para financiar mi nuevo departamento, además de que debía pagar las cuotas de la universidad, las cuáles no eran nada baratas, era complicado sostenerse incluso con una beca, de allí que me mantuviera en el mismo hospital pero con un sueldo mucho más jugoso que el de la mayoría de los que allí trabajaban, bastante más alto que lo que cobraban lo que más antigüedad tenían.
Suavemente golpeé la puerta de nudosa madera, una excelente pieza de trabajo de carpintería artística, una voz ronca hablaba frenéticamente al otro lado, “seguramente dentro de poco tendrá que ir al oncólogo”, dije para mis adentros mientras una leve sonrisa curvaba mis labios.
_ ¡Pase!_ me autorizó.
_ Disculpe señor, ¿me llamaba?_ dije, tratando de ocultar la sonrisa que mi propia ironía me había producido. Seguía hablando a través de su celular, muy típico en él
_ Sí, Gregsale, venga, tome_ me indicó mientras extendía sobre su escritorio unas carpetas_ aquí le tengo un cronograma de los exámenes.
Me apresuré a tomarlos y ha ojearlos allí mismo.
_ ¿Qué son esos exámenes?_ pregunté con extrema cautela, tratando de al menos satisfacer un poco mi curiosidad.
_Pruebas, simples exámenes de rutina para encontrar las bases de las kinesis que los pacientes presentan, luego el Consejo Directivo tomará las decisiones que crea conveniente en cuánto a los resultados que se obtengan.
“¿Consejo Directivo?, ¿desde cuándo un hospital psiquiátrico necesita un Consejo Directivo?”, pensé.
_Bien, he de suponer que las pruebas no son de público conocimiento…_ solté con cierto sarcasmo, que al parecer a mi jefe no le gustó demasiado.
_Sí, así es_ me respondió con un tono seco y firme_ ahora, si no le molesta puede retirarse.
_De inmediato señor_ dije con toda la sumisión de la que fui capaz, tenté demasiado los límites.
_Simplemente asegúrese de que hoy los pacientes 0001, 0002, y 0003  tengan y lleguen a sus exámenes, ahora, si me permite_ me dijo señalando la puerta tomando nuevamente su teléfono.
Salí apresuradamente, no podía permitirme errores en este trabajo, y mucho menos con él. Una vez más me sorprendieron las conversaciones que sostenía con el extraño que estuviese al otro lado de la línea.
_ ¡Ya le dije! ¡Atrápenlo a como dé lugar!
Incluso cuándo estaba furioso no perdía su elegancia al hablar y al usar el lenguaje.
_ ¿Cuántas veces he de decírselo? Es muy importante que nosotros lo atrapemos, no podemos permitirnos el lujo de que la información sea de otro.
“¿De quién estaría hablando? ¿Quizás algún nuevo paciente?”
_Es imprescindible que nosotros obtengamos la identidad del escudo, una vez que lo tengamos ya…
Una mujer de la limpieza entró por el corredor y me vi obligado a marcharme con presteza para no ser descubierto espiando. Nuevas cosas estaban pasando y al parecer mucha gente estaba involucrada. Preguntas que necesitaban una respuesta se presentaron por montón, ¿por qué ese tipo de gente era encerrada allí abajo, en absoluto secreto? ¿Qué eran esos exámenes? ¿Con que finalidad eran realizados? ¿Cómo es que siempre venían pacientes nuevos? ¿Dónde los encontraban? ¿Cómo conocían cada movimiento mío y de los residentes en el ala? ¿A quién estaban intentando darle caza? ¿Por qué era para ellos tan importante atraparlo antes que nadie más? ¿Qué es lo que el cazado sabía que necesitaban conocer los cazadores?, y la más inquietante de todas, ¿quién y qué era el “escudo”?

El tiempo nunca ha sido un buen compañero de las dudas y la necesidad de reflexionar en algunas preguntas, por lo que me veo impelido a continuar con lo ya planificado para el día.
Hoy es el día de los segundos exámenes de Sophie y Sarah, y el primero para Walther, Benjamin aún debe esperar; ninguno de ellos guarda ni un atisbo de emoción por salir de sus tétricas habitaciones, de manera extraña siento que comprendo este sentimiento.
Hay demasiadas cosas que escapan a mi control y la más mínima de ellas es que no tengo el debido conocimiento de en qué se basan los exámenes a los que “mis” pacientes se ven sometidos, estas extrañas “pruebas” a las que deben enfrentarse solos.
 “Quizás luego se lo pregunte a Sophie”, dije, para mis adentros, “ella seguro me contará que es lo que verdaderamente hacen con ellos aquí”
Pero, a pesar de saber que me involucraría en un terreno demasiado peligroso, sentía en lo más profundo de mí la necesidad de desenmarañar la oscura red de secretos que aquél hospital me estaba ocultando, nuevas interrogantes se habían sumado y luego vendrían las señales que necesitarían ser atendidas para que el rompecabezas estuviese completo…


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