Son tiempos difíciles, en especial para
los artistas, pero esta noche la galería estaba repleta de personas y eso la
hacía sentir muy contenta. “Seguro hoy
vendo algún cuadro”, se dijo, complacida con su trabajo.
April estaba de pie en un punto dónde
podía observar con tranquilidad a todas las personas y aun así pasar
completamente desapercibida. Desde pequeña que no había sabido relacionarse con
los demás, uno de los motivos que la llevaron a adoptar el pseudónimo con el
que ahora es conocida, Juan Sombra.
La Gran Guerra por fin había terminado y
las muestras artísticas eran como un respiro de aire fresco para la comunidad
parisina. Esto y su innato talento fue lo que la catapultó en el mundo del
Arte.
Una muchacha con un atrevido vestido
suelto se le acerca con una confianza que le resulta intimidante; pero se
mantiene tranquila, es una de las tantas “amigas” que tiene dentro del Círculo
Renovador del Arte.
_ ¡Querida!_ toma a April en un ligero y
algo incómodo abrazo_ ¡tu muestra es un rotundo éxito!
_ Gracias_ le responde en un hilo de
voz_ ¿crees que se vaya a vender alguno?
_ ¿Alguno?_
pregunta la joven, remarcando el sarcasmo_ querida, ¡se venderá todo!
_ (con una suave sonrisa asomando a sus
labios) gracias por tu entusiasmo, lo que sucede es que este último tiempo las
ventas han sido muy malas y se está tornando muy complicado pagar las deudas.
_No te preocupes por eso, este cuerpito
divino_ dice, mientras ahonda su escote_ te conseguirá vender algo en un alto
precio; ja, ja, ja_ se marcha, riendo estridentemente.
“Es
todo un personaje”,
dice, para sus adentros.
¿Por qué le pasan estas cosas?
Ése incesante cosquilleo vuelve a recorrerle
el estómago, incomodándola otra vez. No es la primera vez que lo siente; hace
un par de años que viene molestando, sin poder darle un nombre en concreto.
Empieza a caminar. Recorre lentamente la
sala en busca de un poco de dispersión; necesita concentrarse en otra cosa.
Cada cuadro cuenta una historia. No
importa la técnica, no importan los colores, siempre se manifiesta una historia.
En cada uno de ellos aparece una mujer; cada una es diferente a las demás.
Algunas de ellas son conocidas, del Círculo
o de algún lugar que April frecuenta; son mujeres que han dejado una importante
marca en su ser. Por ahí también hay uno dedicado a ésta amiga que “le ayudará
a vender”; lo ve colocado en un lugar privilegiado y no puede evitar soltar una
suave risita.
Pero hay un cuadro muy especial. Allá
está, en un rincón oculto, detrás de todo el salón. Es un cuadro muy importante
que marcó un rotundo cambio en su vida. Ése es, su primer desnudo.
No hay personas a su alrededor, así que
podrá contemplarlo tranquila. Siempre le costó mucho disfrutar de esa pintura,
en ella retrató a una chica que la marcó profundamente.
Hoy ya no está. Fue asesinada durante
una incursión de la Alianza a una enfermería; los malditos sólo entraron y
asesinaron a todos.
Con él es que trata de mantener su
memoria. April no está muy segura de si realmente ella era así; con el cabello
castaño, rizado, sujeto con una pequeña coleta, y los finos labios sin pintar.
Pero simplemente le gusta recordarla de ésa
manera. Viéndola tan feliz.
Una lágrima rebelde asoma a sus ojos. Se
quita los anteojos velozmente para enjugarla con rapidez.
Un extraño brillo capta su atención. Una
diminuta piedra color celeste que cuelga del borde del cuadro. No puede
evitarlo, sólo se deja llevar por la curiosidad y busca agarrarla.
Un segundo. El súbito mareo acompañado
de unas inusitadas náuseas. Todo ha cambiado. Un silencio totalmente anormal la
hace entrar en contacto con el lugar en el que había dado a parar…
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