viernes, 24 de octubre de 2014

HIJOS DE LA LUZ Y LA OSCURIDAD 3

Capítulo III: Celeste


Son tiempos difíciles, en especial para los artistas, pero esta noche la galería estaba repleta de personas y eso la hacía sentir muy contenta. “Seguro hoy vendo algún cuadro”, se dijo, complacida con su trabajo.
April estaba de pie en un punto dónde podía observar con tranquilidad a todas las personas y aun así pasar completamente desapercibida. Desde pequeña que no había sabido relacionarse con los demás, uno de los motivos que la llevaron a adoptar el pseudónimo con el que ahora es conocida, Juan Sombra.

La Gran Guerra por fin había terminado y las muestras artísticas eran como un respiro de aire fresco para la comunidad parisina. Esto y su innato talento fue lo que la catapultó en el mundo del Arte.

Una muchacha con un atrevido vestido suelto se le acerca con una confianza que le resulta intimidante; pero se mantiene tranquila, es una de las tantas “amigas” que tiene dentro del Círculo Renovador del Arte.
_ ¡Querida!_ toma a April en un ligero y algo incómodo abrazo_ ¡tu muestra es un rotundo éxito!
_ Gracias_ le responde en un hilo de voz_ ¿crees que se vaya a vender alguno?
_ ¿Alguno?_ pregunta la joven, remarcando el sarcasmo_ querida, ¡se venderá todo!
_ (con una suave sonrisa asomando a sus labios) gracias por tu entusiasmo, lo que sucede es que este último tiempo las ventas han sido muy malas y se está tornando muy complicado pagar las deudas.
_No te preocupes por eso, este cuerpito divino_ dice, mientras ahonda su escote_ te conseguirá vender algo en un alto precio; ja, ja, ja_ se marcha, riendo estridentemente.
“Es todo un personaje”,  dice, para sus adentros.

¿Por qué le pasan estas cosas?
Ése incesante cosquilleo vuelve a recorrerle el estómago, incomodándola otra vez. No es la primera vez que lo siente; hace un par de años que viene molestando, sin poder darle un nombre en concreto.
Empieza a caminar. Recorre lentamente la sala en busca de un poco de dispersión; necesita concentrarse en otra cosa.

Cada cuadro cuenta una historia. No importa la técnica, no importan los colores, siempre se manifiesta una historia. En cada uno de ellos aparece una mujer; cada una es diferente a las demás.
Algunas de ellas son conocidas, del Círculo o de algún lugar que April frecuenta; son mujeres que han dejado una importante marca en su ser. Por ahí también hay uno dedicado a ésta amiga que “le ayudará a vender”; lo ve colocado en un lugar privilegiado y no puede evitar soltar una suave risita.

Pero hay un cuadro muy especial. Allá está, en un rincón oculto, detrás de todo el salón. Es un cuadro muy importante que marcó un rotundo cambio en su vida. Ése es, su primer desnudo.

No hay personas a su alrededor, así que podrá contemplarlo tranquila. Siempre le costó mucho disfrutar de esa pintura, en ella retrató a una chica que la marcó profundamente.
Hoy ya no está. Fue asesinada durante una incursión de la Alianza a una enfermería; los malditos sólo entraron y asesinaron a todos.
Con él es que trata de mantener su memoria. April no está muy segura de si realmente ella era así; con el cabello castaño, rizado, sujeto con una pequeña coleta, y los finos labios sin pintar.
Pero simplemente le gusta recordarla de ésa manera. Viéndola tan feliz.
Una lágrima rebelde asoma a sus ojos. Se quita los anteojos velozmente para enjugarla con rapidez.

Un extraño brillo capta su atención. Una diminuta piedra color celeste que cuelga del borde del cuadro. No puede evitarlo, sólo se deja llevar por la curiosidad y busca agarrarla.

Un segundo. El súbito mareo acompañado de unas inusitadas náuseas. Todo ha cambiado. Un silencio totalmente anormal la hace entrar en contacto con el lugar en el que había dado a parar…

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