Luz y Oscuridad
Dos grandes gorilas estaban bajando con una enorme cápsula por el pequeño ascensor, “¿qué habría pasado con esa mujer para que la traigan de esa manera?” fue lo que me dije al momento de verlos, además, me fijé que faltaban los otros guardias que traerían a la otra mujer, pero me di cuenta que era considerable que bajaran así, separados, ya que esa caja metálica no medía más allá de 4 m2 en su base y ni siquiera con suerte entrarían todos juntos. Me extrañó muchísimo que apenas se bajaron dejaron esa enorme mole a un costado y se pusieron a esperar a los compañeros que faltaban, no pregunté por qué, supongo que me enteraría más tarde, ahora sólo me interesaba saber quiénes eran las chicas y decirles a esos matones en que habitaciones deberían ponerlas.
Dos grandes gorilas estaban bajando con una enorme cápsula por el pequeño ascensor, “¿qué habría pasado con esa mujer para que la traigan de esa manera?” fue lo que me dije al momento de verlos, además, me fijé que faltaban los otros guardias que traerían a la otra mujer, pero me di cuenta que era considerable que bajaran así, separados, ya que esa caja metálica no medía más allá de 4 m2 en su base y ni siquiera con suerte entrarían todos juntos. Me extrañó muchísimo que apenas se bajaron dejaron esa enorme mole a un costado y se pusieron a esperar a los compañeros que faltaban, no pregunté por qué, supongo que me enteraría más tarde, ahora sólo me interesaba saber quiénes eran las chicas y decirles a esos matones en que habitaciones deberían ponerlas.
_
Oigan, mientras sus compañeros traen a la otra paciente pueden ir poniendo a
esta en esta habitación_ les dije señalándoles la puerta que tenía justo a mi
derecha.
_
No podemos_ respondió secamente el que estaba justo frente a mí.
_
¿Y eso por qué?_ pregunté sorprendido, y- debo admitirlo- un tanto molesto por
el tono de la respuesta.
_Por
una misteriosa razón, que no tiene ninguna importancia para mí, estas chicas no
pueden separarse una gran distancia
Yo
tenía intenciones de seguir indagando pero me interrumpió la llegada de los
otros bravucones, quienes traían a la otra “chica”. Ninguno de los cuatro dijo
una palabra, yo no quise romper ese silencio forzosamente instaurado así que
simplemente me limité a señalarles las habitaciones en las que me encargaron que
pusieran a las nuevas pacientes. A partir de ese preciso instante entendí
porque era tan terrible mi contrato de confidencialidad…
Primeramente,
uno de ellos -quién parecía ser el jefe- tomó un pequeño portapapeles que
colgaba de una de las cápsulas y la colgó en la puerta de la primera
habitación, luego con una única palabra dio todas las indicaciones que
necesitaban
_Oscuros_
menciono en un tono bajo y neutral, mientras me entregaba unos lentes con los
cristales tintados.
Todos
ya se habían colocado esos anteojos y con presta velocidad me dispuse a
colocármelos. Uno de ellos corrió un pestillo ubicado a un costado de la
cápsula e intercaló sus dedos en la puerta sosteniéndola para que ésta no se
abriera de un golpe, una extraña y potente emanación de luz se coló por la
pequeña rendija que se había abierto, quién estaba sosteniendo la puerta la
abrió lentamente y la apartó hasta que ésta quedó completamente separada. Ni
siquiera intenté abrir los ojos ya que la fuerte emanación de luz incluso
traspasaba mis párpados, por suerte ellos ya estaban preparados para esa
situación así que no solicitaron mi ayuda, agradecido a Dios me di la vuelta
buscando algún refugio de tan terrible luminosidad, escuché unos pasos ligeros
y livianos y en cuestión de unos cuantos segundos se oyó la puerta de la
habitación cerrándose; la luz que antes había ocupado todo ese espacio ya había
desaparecido así que ahora todos estábamos esperando a que nuestra vista se
recuperara de tan drástica contracción de pupilas. Media hora se nos fue en
espera, cuándo al fin recuperé mi vista pude observar la seriedad en el rostro
de esos cuatro hombres. La peor parte estaba por pasar.
Todos
se bajaron los lentes y comenzaron –de cierta manera- a “practicar” el llevar a
la siguiente paciente hasta la habitación que faltaba. Midieron y contaron cada
uno de sus pasos. Luego, el jefe, una vez más se dirigió a mí diciendo:
_
Yo que usted buscaría refugiarme en alguna habitación, aquí va a ponerse muy
oscuro.
Sin
nada más que decir, dio media vuelta y con un gesto le indicó a uno de sus
subordinados que ya podía abrir la compuerta de la última cápsula. Mal de mí
que no seguí su consejo; en un solo segundo, en ese pasillo, toda luz había
sido consumida por una renegrida oscuridad, casi podía sentir como mis pupilas
se dilataban al máximo intentando captar algo de luz en todo esa lúgubre
negrura. Trastabillando llegué a toparme de espaldas con la pared que tenía
ubicada detrás, allí empecé a escuchar forcejeos y pesados pasos que se movían
con prisa, llevando algo a rastras, y no fue hasta que el golpe de la puerta de
la segunda habitación se hubiera escuchado cuándo todas las luces volvieron a
la normalidad. Casi me ciegan a pesar de la poca luminosidad de la que eran
capaces de dar.
Mi
pensamiento inicial a toda esa situación había sido “¿Qué diablos está pasando
aquí?”, pensamiento que no pude evitar expresar en voz alta, enfatizando toda
mi preocupación en la voz con la que había dado vida a tal pensamiento.
_
Estás niñas son gemelas, tenga cuidado a la hora de tratarlas, todo lo que
usted necesita saber está en ese informe_ fue toda respuesta mientras a mis
manos venían los dichosos portapapeles con las historias clínicas de ambas
pacientes.
Sin
más, los cuatro “enfermeros”, tomaron ambas cápsulas y sólo en cuestión de
minutos me dejaron solo con mi espanto en aquél terrible pasillo pintado de
inmaculado blanco; no pude evitar proferir un par de maldiciones por no haber
sido avisado de antemano de toda esa situación, pero, lo hecho estaba hecho y
ahora lo único que quedaba era tratar de entender verdaderamente en qué
consistía mi labor allí.
Había
una pequeña habitación al final del largo pasillo que había sido acondicionada
como una oficina transitoria, busqué allí un poco de tranquilidad con una buena
taza de café recién hecho, y, sentado frente al diminuto escritorio, comencé a
hojear las historias clínicas para saber qué es lo que las nuevas pacientes
tenían y qué es lo que las hacía tan especiales; sé que lo que voy a decirles
sonará de no creer pero puedo jurarles que es cierto, en la ficha personal de
la primera vi unos datos que me dieron pena y luego preocupación, aquí les cito
algunos:
“Nombre: Sophie
Bughase
Edad: 13 años
Sexo: Femenino
Problema: _
Fotokinesis
_ Dependencia de familiar más
cercano (hermana)
_ Excesiva confianza hacia el
resto de las personas
Tratamiento: _
Confinamiento contiguo
_ Necesidad de más
análisis”
“¿Fotokinesis?”,
sabía que en algún lugar había escuchado algo, quizás alguna palabra parecida
pero me costaba recordar dónde. Demasiado inquieto y con mis pensamientos muy
revoloteantes me paré y, casi sin darme cuenta estaba caminado por el reducido
espacio en el que podía. Por quién sabe qué misteriosa causa del destino es que
mi vista se topa con la pequeña biblioteca que alguien se había esmerado en
llenar, mis ojos se pasaban de libro en libro sin que ninguno llamase
especialmente mi atención, hasta que me encontré con ese espacio, en él había un tomo, voluminoso y viejo, de una
tonalidad que antiguamente hubiera pasado por negro, y -al observarlo de cerca-
llevaba por título “KINÉTICOS: ¿LA NUEVA EVOLUCIÓN?”. Tomándolo cuidadosamente
entre mis manos me puse a pasar las primeras hojas, en ellas los títulos no
tenían mucha importancia para mí, eran de qué se trataba una kinesis y cómo
podría llegar a producirse, además de otras cosas que, cuándo percaté la
cantidad de tecnicismos que usaba, abandoné al instante su lectura, pero más
adelante el autor de este desconocido libro hacía referencia a
“clasificaciones” dentro de las kinesis e incluso hacía referencia a algunas de
ellas, pasé más hojas con la esperanza de hallar algo de relativa importancia,
y así fue.
No veía lo suficiente
en el gastado libro que tenía entre mis manos, usaba mi dedo de guía en el
renglón pero tuve que encender la pequeña lámpara del escritorio y acercarla lo
suficiente para que la lectura se hiciera más clara, pero incluso así lo que
habían leído mis ojos no había dejado de sorprenderme:
“Fotokinesis: habilidad de controlar la cantidad de partículas de luz, dominio sobre la claridad. Estudios han logrado determinar sus alcances
hasta el control de la cantidad
de luz de un lugar, filtración de luz ultravioleta, control sobre el color de la luz, láseres, y otras
cualidades que aún no han sido determinadas.
Se recomienda extremo cuidado con las personas que manejen este poder debido a
que, con el entrenamiento adecuado, son capaces de crear ilusiones ópticas muy
reales al ojo humano.”
Requerí un par de
minutos para volver en mí. Sinceramente he de decirles que lo que leí en ese
libro me descolocó totalmente, “¡en qué me metí!” fue el primer pensamiento que
logré articular, me levanté apresuradamente de la silla y me dirigí hacia el
inmaculado pasillo, aún ahora que lo recuerdo no sé qué fue lo que me impulsó a
pararme frente a esas dos puertas, las dos habitaciones contiguas en las que se
encontraban encerradas dos hermanas, dos hermanas que habían sufrido un trágico
cambio en sus vidas.
A partir de ese
sentimiento me di cuenta de que todo en mi vida había cambiado para siempre…
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