sábado, 18 de octubre de 2014

EL REINO SELLADO

Dedicado a Carlos Ojeda

De la historia que aquí me he propuesto contarles aún no encuentro quién pueda corroborar su certeza, pero no por ello ha dejado de pasarse de boca en boca por las más antiguas generaciones de mi familia, desde muy antes de mi tatarabuelo quién se la paso a mi bisabuelo, de mi bisabuelo a mi abuelo, de mi abuelo a mi padre, y de mi padre a mi; y ahora yo decido testimoniarla en estos medios gráficos para que su contenido no sea perdido en el olvido...

Eternas han sido sus luchas, épicas las batallas que vienen desde el Principio de los Tiempos, en que los inmortales seres de la Luz y de la Oscuridad se concibieron como antagonistas, enemigas que se juraron incluso a sí mismas que de alguna forma lograrían hacerse con el Reino que a ambas les fue otorgado.
No existía nada que pudiera hacer que la otra cayese, el equilibrio de la Creación es perfecto y por ello no importa con que fuerza o con que ataque se intente destruir, las dos debían permanecer y gobernar el Reino que les había sido concedido, pero ellas no encontraban la manera de lograr que sólo una de las dos pudiera dominar aquello en lo que influían.
Los años transcurrían como segundos, los siglos asemejaban días, los milenios no alcanzaban a parecerles años, y las contendientes ya no soportaban el tener que compartir aquello que con tanto ahínco luchaban por conquistar, necesitaban una rápida solución al dubitativo conflicto que esta situación les presentaba.
Y así, entre ambas, una tregua se alzó. Las dos buscarían el consejo de Aquél de los Muchos Nombres, el más antiguo ser quién con su  Magia de antes de los albores del Tiempo podría darles la solución que tanto ambas anhelaban.

_Ambas han sido creadas para coexistir, una para Crear, la otra para Destruir, para que el mismísimo Universo no pierda aquel equilibrio que tanto le costó ganar_ les dijo Él, con un tono de voz suave.
_Cansadas nos encontramos ya, de que siempre nos suceda lo mismo_ dijo la Luz, con desgano.
_No podemos ejercer nuestra influencia sin que la de la Otra haga efecto contrario y neutralice_ replicó la Oscuridad, con enfado en el tono empleado.
_Y por eso es que hemos venido a consultarte, porque hemos decidido acabar con ello_ sentenció obtusamente la Luz.
_Las dos poseen la razón y es comprensible que sientan esa gran frustración por verse afectadas contrariamente en su naturaleza, pero las consecuencias del desbalance que tan tenazmente piden puede costar más de lo que están dispuestas a otorgar_les advirtió.
_Eso nos corresponde decidirlo nosotras_replicó la Oscuridad.
_Sólo permítanme darles estas palabras, “donde el equilibrio una vez se quiso perder, el poder para igualar él ha de obtener y sólo con fuerza y dolor se logrará proteger”_dijo aquel de los Muchos Rostros.
_¿Qué relación tiene con nosotras la profecía que acabas de anunciar?_preguntó con un cariz dubitativo la Luz.
_Sólo lo entenderán cuándo el momento adecuado se presente.
_¡Bien, bien! ¡Ya estoy cansada de tantas vueltas! quiero saber como acabar con esta eterna lucha de una vez_ dijo, entre gritos desaforados, la Oscuridad.
_Es entre ambas que deben combinar la tercera parte del poder de cada una, ni un poco más, ni tampoco menos  dentro de un humano quién, cuándo alcance la madurez, será el que decida por vosotras puesto que al escoger uno de los dos caminos la otra parte dentro de su ser morirá, retornado así el poder a la del camino elegido para que destruya a su contendiente.
_ ¿En qué humano podemos compartir nuestros poderes sin que estos lo destruyan desde el interior?_ preguntó con preocupación la Luz.
_Ése hombre se los otorgaré yo, sólo les pido que esperen a que su sociedad avance tan sólo un poco más, para que este joven que afanosamente intentan conseguir pueda desarrollarse con mejor desenvoltura, y que pueda pasar desapercibido ante los demás debido a las poderosas características que tendrá que tener.

Y así, las dos fuerzas más grandes del Universo fueron las testigos de cómo su deseo comenzaba a tomar forma, un joven que sería más resistente que sus pares, alguien que tendría una mente algo más aguda y en cuyo inconsciente dormiría durante varios años la importante decisión que le sería encomendada.

Al fin había avanzado lo suficiente el Hombre, sus castillos eran poderosas estructuras que los antiguos observaban desde las estrellas, y éstos se sentían glorificados al ver las batallas y guerras de las que esas pequeñeces eran partícipes, los carruajes, los mercados, las justas, las contiendas, las luchas por el poder, y...un niño, el hijo de un acaudalado señor feudal, un hermoso muchacho de morenos cabellos y pálida tez.
_Ése es_ proclamó quién era Único y a la vez Diverso_ él es mi creación para ustedes, Luz y Oscuridad.
_¿Estás completamente seguro de que él podrá tomar esa decisión?_ le replicó con descaro la Oscuridad.
_En su interior descansan los poderes que les exigí, y en su inconsciente duerme la necesidad de elegir.
_¿Cree usted que puede elegir ahora, siendo tan niño?_ preguntó con preocupación la Luz.
_No, no lo hará_ dijo, con la mirada perdida en el joven, viéndolo a él o a algo más allá_ siempre tendrá presente en su mente el poder que en sí mismo encierra y que aún no está preparado para tomar una decisión, por eso es que le he acercado a su tutor.
_¡¿Que has hecho qué?!_ gritó la Oscuridad.
_Necesitará una guía hasta los dieciséis años, alguien que le enseñe lo que ustedes representan, así tomará la decisión que le fue encomendada.

Ni una réplica más fue dicha, sólo una lenta espera se interponía en el cumplimiento del propósito, de lo que ambas venían buscando desde hacía milenios,sólo unos pocos años se necesitarían esperar, un poco de tiempo, nada más.

Sert creció sano, fuerte y su vida no se vio afectada por cariz alguno. Rodeado de mucho amor, esculpió su mente y su cuerpo de acuerdo a los consejos que le eran dados por aquellos a los que más quería, él continuaba aprendiendo, conociendo, sabiendo dentro de lo más profundo de sí acerca de la decisión que a tan sólo un año debería tomar. Un año. La condenación del mundo estaba al alcance de su elección, pero en él otras cosas dominaban además del miedo a la equivocación. En su corazón, dominaba el amor...

Myra, que hermosa niña que ahora se convertía en una bellísima mujer, una muchacha que desde muy pequeña había trabajado en la casa Argent, ayudando en las tareas domésticas, jugando con Sert cuando éste estaba aburrido, sirviendo con gustoso placer en el hogar que le fue brindado; pero, inconscientemente, era ella quién lo guiaba hacia la decisión, mostrándole las dos naturalezas que el mundo necesitaba para mantenerse mientras guardaba secreta y profundamente su amor hacia aquél antes niño y ahora hombre que jamás se fijaría en ella, una simple criada.

Sert se esforzó en nunca perder la amistad que tenía con Myra, la estimaba  demasiado como para olvidar los juegos y la compañía de cuando eran niños, pero la amaba aún más como para permitir que siguiera siendo una simple sirvienta en el castillo, por ello es que le solicitó con esplendoroso fervor a su padre el que le permitiese tenerla como una sirvienta personal; y su éxito estuvo marcado nada más que para lograr una cercanía con ella, acortar la distancia física que la infortunada nobleza se empeñaba en agrandar.

La primavera se presentó en todo su esplendor, en un derroche de vida y color, llenando de amor los corazones, impulsando a los más jóvenes a declaraciones bajo los balcones con la bella y platinada luna como su fiel testigo.

Así, la luna más llena ilumina los ansiosos pasos de Sert. Un ir y venir vacilante, uno que marca la avidez de su corazón que lentamente se consume en la casi eterna espera. Mucho le costó el poder bajar sin ser visto u oído, grande el esfuerzo y también el anhelo de que sea positiva la recompensa. Está decidido, hoy lo hará, hoy por fin pondrá definición a lo que en su interior tanto se confunde.

Sigilosos pies se mueven en ligeros compases a través de la negrura de la noche. El latir de un corazón desbocado es el que antecede la llegada de la persona esperada. Sert se apresura en ir hacia la fuente, el punto designado para el encuentro. Las palabras ensayadas, los gestos practicados, todo se vuelve blanco cuándo ella se hace presente frente a él.
_Su Majestad_ dice, con una ligera reverencia_ ¿ha mandado llamarme?
_S, s, sí..._trató de responder él, con la voz entrecortada por el nerviosismo
_Ordene usted en que puedo servirle_ le dice ella con sumisión, bajando la mirada.
_Lo que sucede...es que yo quiero...me encantaría... ¡Dios!, Ayúdame, devuelve por favor a mi boca las palabras que escapan a lo que deseo y necesito expresar_ clama el príncipe, alzando la vista al cielo, en un agónico ruego.
_ (una leve sonrisa escapa de los labios de Myra) Quizás el Príncipe debería dejar de pensar y sólo decir aquello que a su corazón altera...
_ (le devuelve la sonrisa, junto con una tierna mirada) Tú siempre has sido mi más grande amiga, aquella que me ha acompañado toda mi vida y por ello...
_ ¿Sí, su Excelencia?_ le pregunta ella, con una sonrojada mirada suplicante.
_Es por ello que yo deseo aquí mismo entregarte mi vida, porque ella siempre te ha pertenecido, así como mi excitado corazón, porque sólo de amor por ti ha latido desde hace ya muchos años, palpitando en busca de tu brillo.
_ (Rehuyendo su vista) ¿Cómo es que una simple criada como yo puede aceptar semejante regalo?_ trata  inútilmente de negarlo.
_De la misma forma con la que deseo entregártelo_ le reconforta él, mientras la acerca a sí mismo, fundiéndolos a ambos en un apacible y esperado primer beso.

Los meses corren llevándose las frecuentes discusiones de Sert con su padre, las que buscan un solución en cuanto a la decisión que la estación pasada tomó. Las hojas han empezado a colorearse de nuevos tonos, y la lucha por su amor persiste. Constantemente se ve Sert probado por su padre, siempre tentado con bellas doncellas, buscando el Rey la manera de hacer ver a su hijo que sólo es una pasajera afición, pero nada más logra que su hijo consiga más la razón.

Los gélidos vientos continúan soplando otorgando una blanca desnudez a los árboles, pero esto no impide a Sert hacer su paseo matinal por los jardínes. Esta vez, acompañado, esa fría mañana de su decimosexto cumpleaños por el amor que su infancia marcó, por quién continúa luchando incansablemente para que sea aceptada formalmente a su lado.

_Esto no es aquello que nosotras te pedimos_ dijo la Oscuridad, con altanería.
_Ella está en lo correcto, el corazón de ese humano está ahora ocupado y no se arriesgará a tomar la decisión que necesitamos_ reprochó la Luz.
_Como una vez dijeron, les corresponde a ustedes el actuar en consecuencia_ fue toda la respuesta que recibieron.
_Por desgracia, sólo muriendo esa chica es que él se arriesgará a escoger qué camino seguir_ dijo la Oscuridad, dirigiéndose hacia su hermana, la Luz
_Haz lo que debas hacer_  simplemente dijo la Luz, sin ninguna otra objeción.

Ligeramente se volteó a ubicarla. Necesitaba besarla. Demostrarle una vez más todo el amor que por ella sentía. Un extraño escalofrío premonitorio le recorre por completo la columna. Algo va mal. Lo único que Sert alcanza a ver es a una dama, joven y a la vez anciana, que viste por completo de negro, una hermosa y lúgubre señora que se presentó a su lado y con una maquiavélica lentitud le arrebata el corazón a Myra. Sin sangre, sin heridas, sin dolor, sin vida, sin más amor. Una agónica tristeza, un desgarrador conocimiento de que todo iba a pasar comienza a invadirlo. Ella se desploma en el lugar. No hubo ni siquiera tiempo para despedidas. Sólo el reclamo de una antigua elección, en los profundos pozos que resultan ser los ojos de la perversa y sádica homicida.

Dolor. Angustia. Desolación. Y, a razón de un profundo odio, comprendió todo. La Luz y la Oscuridad, ellas habían sido, eran ellas las que influyeron en toda su vida sólo con el propósito de que escogiera uno de los dos caminos que le presentaban, nunca hubo libertad, nunca hubo otra misión; ellas no dejaron que su vida se asemejase a la de cualquier chico normal, fueron ellas las que acabaron con su existencia, con su fe, con su mente y su corazón, con lo poco que llegó a creer que a sí mismo le pertenecía, fueron ellas las que asesinaron frente a él a su más grande amor, aquella joven muchacha de la cual una vez se enamoró. Ella, que por primera vez lo había hecho sentir especial, sólo por ser él y no por tener que urgentemente tomar una decisión.
Y así fue que gracias ellas el tercer camino halló, aquél en el que sólo usó la fuerza de ambas para sellar nuestro mundo, encerrándolo sobre sí mismo, de manera tal que nunca las Damas Opuestas pudieran volver a gobernar más allá de lo que les era debido, y también, con el deseo de que nunca más pudieran interferir con la vida, y sobre todo, el amor de ningún otro mortal...

Sólo en cuándo todo hubo acabado es que la Luz y la Oscuridad recordaron las palabras que una vez desoyeron, “donde el equilibrio una vez se quiso perder, el poder para igualar él ha de obtener y sólo con fuerza y dolor se logrará proteger”

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