De la historia que aquí me he propuesto contarles aún no encuentro quién pueda corroborar su certeza, pero no por ello ha dejado de pasarse de boca en boca por las más antiguas generaciones de mi familia, desde muy antes de mi tatarabuelo quién se la paso a mi bisabuelo, de mi bisabuelo a mi abuelo, de mi abuelo a mi padre, y de mi padre a mi; y ahora yo decido testimoniarla en estos medios gráficos para que su contenido no sea perdido en el olvido...
Eternas han sido sus luchas, épicas las batallas que vienen
desde el Principio de los Tiempos, en que los inmortales seres de la Luz y de
la Oscuridad se concibieron como antagonistas, enemigas que se juraron incluso
a sí mismas que de alguna forma lograrían hacerse con el Reino que a ambas les
fue otorgado.
No existía nada que pudiera hacer que la otra cayese, el
equilibrio de la Creación es perfecto y por ello no importa con que fuerza o
con que ataque se intente destruir, las dos debían permanecer y gobernar el
Reino que les había sido concedido, pero ellas no encontraban la manera de
lograr que sólo una de las dos pudiera dominar aquello en lo que influían.
Los años transcurrían como segundos, los siglos asemejaban días,
los milenios no alcanzaban a parecerles años, y las contendientes ya no
soportaban el tener que compartir aquello que con tanto ahínco luchaban por
conquistar, necesitaban una rápida solución al dubitativo conflicto que esta
situación les presentaba.
Y así, entre ambas, una tregua se alzó. Las dos buscarían el
consejo de Aquél de los Muchos Nombres, el más antiguo ser quién con su Magia de antes de los albores del Tiempo
podría darles la solución que tanto ambas anhelaban.
_Ambas han sido creadas para coexistir, una para Crear, la otra
para Destruir, para que el mismísimo Universo no pierda aquel equilibrio que
tanto le costó ganar_ les dijo Él, con un tono de voz suave.
_Cansadas nos encontramos ya, de que siempre nos suceda lo
mismo_ dijo la Luz, con desgano.
_No podemos ejercer nuestra influencia sin que la de la Otra
haga efecto contrario y neutralice_ replicó la Oscuridad, con enfado en el tono
empleado.
_Y por eso es que hemos venido a consultarte, porque hemos
decidido acabar con ello_ sentenció obtusamente la Luz.
_Las dos poseen la razón y es comprensible que sientan esa gran
frustración por verse afectadas contrariamente en su naturaleza, pero las
consecuencias del desbalance que tan tenazmente piden puede costar más de lo
que están dispuestas a otorgar_les advirtió.
_Eso nos corresponde decidirlo nosotras_replicó la Oscuridad.
_Sólo permítanme darles estas palabras, “donde el equilibrio una
vez se quiso perder, el poder para igualar él ha de obtener y sólo con fuerza y
dolor se logrará proteger”_dijo aquel de los Muchos Rostros.
_¿Qué relación tiene con nosotras la profecía que acabas de
anunciar?_preguntó con un cariz dubitativo la Luz.
_Sólo lo entenderán cuándo el momento adecuado se presente.
_¡Bien, bien! ¡Ya estoy cansada de tantas vueltas! quiero saber
como acabar con esta eterna lucha de una vez_ dijo, entre gritos desaforados,
la Oscuridad.
_Es entre ambas que deben combinar la tercera parte del poder de
cada una, ni un poco más, ni tampoco menos
dentro de un humano quién, cuándo alcance la madurez, será el que decida
por vosotras puesto que al escoger uno de los dos caminos la otra parte dentro
de su ser morirá, retornado así el poder a la del camino elegido para que
destruya a su contendiente.
_ ¿En qué humano podemos compartir nuestros poderes sin que
estos lo destruyan desde el interior?_ preguntó con preocupación la Luz.
_Ése hombre se los otorgaré yo, sólo les pido que esperen a que
su sociedad avance tan sólo un poco más, para que este joven que afanosamente
intentan conseguir pueda desarrollarse con mejor desenvoltura, y que pueda
pasar desapercibido ante los demás debido a las poderosas características que
tendrá que tener.
Y así, las dos fuerzas más grandes del Universo fueron las
testigos de cómo su deseo comenzaba a tomar forma, un joven que sería más
resistente que sus pares, alguien que tendría una mente algo más aguda y en
cuyo inconsciente dormiría durante varios años la importante decisión que le
sería encomendada.
Al fin había avanzado lo suficiente el Hombre, sus castillos
eran poderosas estructuras que los antiguos observaban desde las estrellas, y
éstos se sentían glorificados al ver las batallas y guerras de las que esas
pequeñeces eran partícipes, los carruajes, los mercados, las justas, las
contiendas, las luchas por el poder, y...un niño, el hijo de un acaudalado señor
feudal, un hermoso muchacho de morenos cabellos y pálida tez.
_Ése es_ proclamó quién era Único y a la vez Diverso_ él es mi
creación para ustedes, Luz y Oscuridad.
_¿Estás completamente seguro de que él podrá tomar esa
decisión?_ le replicó con descaro la Oscuridad.
_En su interior descansan los poderes que les exigí, y en su
inconsciente duerme la necesidad de elegir.
_¿Cree usted que puede elegir ahora, siendo tan niño?_ preguntó
con preocupación la Luz.
_No, no lo hará_ dijo, con la mirada perdida en el joven,
viéndolo a él o a algo más allá_ siempre tendrá presente en su mente el poder
que en sí mismo encierra y que aún no está preparado para tomar una decisión,
por eso es que le he acercado a su tutor.
_¡¿Que has hecho qué?!_ gritó la Oscuridad.
_Necesitará una guía hasta los dieciséis años, alguien que le
enseñe lo que ustedes representan, así tomará la decisión que le fue
encomendada.
Ni una réplica más fue dicha, sólo una lenta espera se
interponía en el cumplimiento del propósito, de lo que ambas venían buscando
desde hacía milenios,sólo unos pocos años se necesitarían esperar, un poco de
tiempo, nada más.
Sert creció sano, fuerte y su vida no se vio afectada por cariz
alguno. Rodeado de mucho amor, esculpió su mente y su cuerpo de acuerdo a los
consejos que le eran dados por aquellos a los que más quería, él continuaba
aprendiendo, conociendo, sabiendo dentro de lo más profundo de sí acerca de la
decisión que a tan sólo un año debería tomar. Un año. La condenación del mundo
estaba al alcance de su elección, pero en él otras cosas dominaban además del
miedo a la equivocación. En su corazón, dominaba el amor...
Myra, que hermosa niña que ahora se convertía en una bellísima
mujer, una muchacha que desde muy pequeña había trabajado en la casa Argent,
ayudando en las tareas domésticas, jugando con Sert cuando éste estaba
aburrido, sirviendo con gustoso placer en el hogar que le fue brindado; pero,
inconscientemente, era ella quién lo guiaba hacia la decisión, mostrándole las
dos naturalezas que el mundo necesitaba para mantenerse mientras guardaba
secreta y profundamente su amor hacia aquél antes niño y ahora hombre que jamás
se fijaría en ella, una simple criada.
Sert se esforzó en nunca perder la amistad que tenía con Myra,
la estimaba demasiado como para olvidar
los juegos y la compañía de cuando eran niños, pero la amaba aún más como para
permitir que siguiera siendo una simple sirvienta en el castillo, por ello es
que le solicitó con esplendoroso fervor a su padre el que le permitiese tenerla
como una sirvienta personal; y su éxito estuvo marcado nada más que para lograr
una cercanía con ella, acortar la distancia física que la infortunada nobleza
se empeñaba en agrandar.
La primavera se presentó en todo su esplendor, en un derroche de
vida y color, llenando de amor los corazones, impulsando a los más jóvenes a
declaraciones bajo los balcones con la bella y platinada luna como su fiel testigo.
Así, la luna más llena ilumina los ansiosos pasos de Sert. Un ir
y venir vacilante, uno que marca la avidez de su corazón que lentamente se
consume en la casi eterna espera. Mucho le costó el poder bajar sin ser visto u
oído, grande el esfuerzo y también el anhelo de que sea positiva la recompensa.
Está decidido, hoy lo hará, hoy por fin pondrá definición a lo que en su
interior tanto se confunde.
Sigilosos pies se mueven en ligeros compases a través de la
negrura de la noche. El latir de un corazón desbocado es el que antecede la
llegada de la persona esperada. Sert se apresura en ir hacia la fuente, el
punto designado para el encuentro. Las palabras ensayadas, los gestos
practicados, todo se vuelve blanco cuándo ella se hace presente frente a él.
_Su Majestad_ dice, con una ligera reverencia_ ¿ha mandado
llamarme?
_S, s, sí..._trató de responder él, con la voz entrecortada por
el nerviosismo
_Ordene usted en que puedo servirle_ le dice ella con sumisión,
bajando la mirada.
_Lo que sucede...es que yo quiero...me encantaría... ¡Dios!,
Ayúdame, devuelve por favor a mi boca las palabras que escapan a lo que deseo y
necesito expresar_ clama el príncipe, alzando la vista al cielo, en un agónico ruego.
_ (una leve sonrisa escapa de los labios de Myra) Quizás el
Príncipe debería dejar de pensar y sólo decir aquello que a su corazón
altera...
_ (le devuelve la sonrisa, junto con una tierna mirada) Tú
siempre has sido mi más grande amiga, aquella que me ha acompañado toda mi vida
y por ello...
_ ¿Sí, su Excelencia?_ le pregunta ella, con una sonrojada mirada
suplicante.
_Es por ello que yo deseo aquí mismo entregarte mi vida, porque
ella siempre te ha pertenecido, así como mi excitado corazón, porque sólo de
amor por ti ha latido desde hace ya muchos años, palpitando en busca de tu
brillo.
_ (Rehuyendo su vista) ¿Cómo es que una simple criada como yo
puede aceptar semejante regalo?_ trata inútilmente
de negarlo.
_De la misma forma con la que deseo entregártelo_ le reconforta
él, mientras la acerca a sí mismo, fundiéndolos a ambos en un apacible y
esperado primer beso.
Los meses corren llevándose las frecuentes discusiones de Sert
con su padre, las que buscan un solución en cuanto a la decisión que la
estación pasada tomó. Las hojas han empezado a colorearse de nuevos tonos, y la
lucha por su amor persiste. Constantemente se ve Sert probado por su padre,
siempre tentado con bellas doncellas, buscando el Rey la manera de hacer ver a
su hijo que sólo es una pasajera afición, pero nada más logra que su hijo
consiga más la razón.
Los gélidos vientos continúan soplando otorgando una blanca
desnudez a los árboles, pero esto no impide a Sert hacer su paseo matinal por
los jardínes. Esta vez, acompañado, esa fría mañana de su decimosexto cumpleaños
por el amor que su infancia marcó, por quién continúa luchando incansablemente
para que sea aceptada formalmente a su lado.
_Esto no es aquello que nosotras te pedimos_ dijo la Oscuridad,
con altanería.
_Ella está en lo correcto, el corazón de ese humano está ahora
ocupado y no se arriesgará a tomar la decisión que necesitamos_ reprochó la
Luz.
_Como una vez dijeron, les corresponde a ustedes el actuar en
consecuencia_ fue toda la respuesta que recibieron.
_Por desgracia, sólo muriendo esa chica es que él se arriesgará
a escoger qué camino seguir_ dijo la Oscuridad, dirigiéndose hacia su hermana,
la Luz
_Haz lo que debas hacer_
simplemente dijo la Luz, sin ninguna otra objeción.
Ligeramente se volteó a ubicarla. Necesitaba besarla.
Demostrarle una vez más todo el amor que por ella sentía. Un extraño escalofrío
premonitorio le recorre por completo la columna. Algo va mal. Lo único que Sert
alcanza a ver es a una dama, joven y a la vez anciana, que viste por completo
de negro, una hermosa y lúgubre señora que se presentó a su lado y con una maquiavélica
lentitud le arrebata el corazón a Myra. Sin sangre, sin heridas, sin dolor, sin
vida, sin más amor. Una agónica tristeza, un desgarrador conocimiento de que
todo iba a pasar comienza a invadirlo. Ella se desploma en el lugar. No hubo ni
siquiera tiempo para despedidas. Sólo el reclamo de una antigua elección, en
los profundos pozos que resultan ser los ojos de la perversa y sádica homicida.
Dolor. Angustia. Desolación. Y, a razón de un profundo odio, comprendió
todo. La Luz y la Oscuridad, ellas habían sido, eran ellas las que influyeron
en toda su vida sólo con el propósito de que escogiera uno de los dos caminos
que le presentaban, nunca hubo libertad, nunca hubo otra misión; ellas no
dejaron que su vida se asemejase a la de cualquier chico normal, fueron ellas
las que acabaron con su existencia, con su fe, con su mente y su corazón, con
lo poco que llegó a creer que a sí mismo le pertenecía, fueron ellas las que asesinaron
frente a él a su más grande amor, aquella joven muchacha de la cual una vez se
enamoró. Ella, que por primera vez lo había hecho sentir especial, sólo por ser
él y no por tener que urgentemente tomar una decisión.
Y así fue que gracias ellas el tercer camino halló, aquél en el
que sólo usó la fuerza de ambas para sellar nuestro mundo, encerrándolo sobre
sí mismo, de manera tal que nunca las Damas Opuestas pudieran volver a gobernar
más allá de lo que les era debido, y también, con el deseo de que nunca más
pudieran interferir con la vida, y sobre todo, el amor de ningún otro mortal...
Sólo en cuándo todo hubo acabado es que la Luz y la Oscuridad
recordaron las palabras que una vez desoyeron, “donde el equilibrio una vez
se quiso perder, el poder para igualar él ha de obtener y sólo con fuerza y
dolor se logrará proteger”
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