Primer día de trabajo
John Gregsale; ese es mi nombre; he sido enfermero de hospitales psiquiátricos más de la mitad de mi vida, el trabajo siempre fue tranquilo y jamás tuve algún problema, pero nunca olvidaré todo lo que tuve que vivir en el Hospital St. Anne.
John Gregsale; ese es mi nombre; he sido enfermero de hospitales psiquiátricos más de la mitad de mi vida, el trabajo siempre fue tranquilo y jamás tuve algún problema, pero nunca olvidaré todo lo que tuve que vivir en el Hospital St. Anne.
El
Hospital St. Anne a la vista pública es
un neuro-psiquiátrico, allí se atienden cerca de cien pacientes, todos con
casos patológicos distintos: catatónicos, fóbicos, psicóticos, mal del sabio,
casos como esos; entrar en servicio no fue ningún problema para mí, ya había
estado haciendo residencia en dos hospitales con anterioridad y las referencias
que tenían de mi eran muy buenas, acepté el empleo más que nada porque necesitaba el dinero, hacía unos años que
empecé a vivir solo y ahora quería pagarme mi propio departamento, además de
que debía terminar de pagar los caros estudios de la carrera que había elegido,
y el sueldo que me ofrecían era lo bastante jugoso como para no evitar que lo rechace.
Así
pasé unos meses sin ningún problema, atendía a todos los pacientes del ala A,
eran los más tranquilos, los más pacíficos, pero siempre me faltaba el dinero a
fin de mes, no me alcanzaba para pagar el alquiler y para pagar las cuotas de
la universidad, sumado el apartamento que quería así que tuve que empezar a
buscar otro trabajo en el cuál la paga fuera un tanto más alta. Con este fin me
encontraba leyendo los clasificados cuándo mi superior directo me llamó a su
oficina, fui lento y pensante, “que hice para que puedan haberme llamado,
siempre he llegado temprano y no he tenido problemas con nadie”; y así me dirigí a lo que creía era mi despido
y sin razón aparente, pero me sorprendió mucho lo que descubrí al llegar a la
oficina. Mi jefe me dijo que estaban necesitando enfermeros para una nueva ala
que se estaba abriendo en el hospital, mi pregunta y duda inmediata fue
“¿Cuánto es lo que pagan?”, sí, lo sé, pero…ustedes me entienden.
Me
llamaron a este nuevo empleo para la mañana siguiente, llegué y marqué tarjeta como si fuera un día
normal, entré en los vestidores para cambiarme y allí me esperaba mi jefe para
llevarme al nuevo área en la cual trabajaría; le pregunté quién sería mi
compañero a lo cual él respondió “de momento sólo van a llegar dos pacientes,
no necesitarás a ningún compañero”, lo cual no me pareció tan extraño después
de haber visto el terrible contrato de confidencialidad que me hicieron firmar,
pero algo me decía que tarde o temprano me terminaría arrepintiendo de haber
firmado ese contrato.
Para
poder llegar hasta el ala nueva tuve que llegar hasta el final de un largo
pasillo que estaba ubicado bien en el fondo del Hospital, llegado allí uno se encontraba con dos cámaras de
seguridad que filmaban constantemente la entrada de un ascensor que únicamente
funcionaba con una llave especial; era demasiada seguridad para mi gusto, pero
el sueldo ofertado era algo a lo que en este momento no podía negarme. Mi jefe
me explicó el funcionamiento de la confirmación de la tarjeta de identificación
y luego me dio la llave con la cual se habilitaba el ascensor, misteriosamente
éste se movía lento y casi sin ningún sonido, perfectamente en silencio; el ala
nueva estaba ubicada justo unos metros debajo del hospital así que no tardamos
mucho en llegar.
Apenas
se abrió la puerta del pequeño cubículo pude ver un perfecto pasillo pintado
pulcramente de blanco. Era increíble como habían logrado todo eso en tan poco
tiempo. Mi jefe bajó conmigo y, lentamente fue mostrándome todo lo que había
detrás de las puertas, cuáles serían mis nuevas tareas, de qué manera se
esperaba que trabajase, y otras cosas que en este momento no viene al caso
mencionar.
Sonó
un timbre, no era muy fuerte pero, a pesar de que no se lo podía ver, se hacía
notar. Mi jefe comenzó a caminar rápidamente hacia él mientras cogía su
teléfono celular y por el cual hablaba desenfrenadamente.
_
¡¿Qué hago ahora?! _ le grité cuándo lo vi en el ascensor
_
¡Prepara las dos primeras habitaciones contiguas! ¡Ahora están trayendo a tus
primeras residentes!
“Primeras
residentes”…, “¿dos mujeres?” fue lo que pensé, “¿Qué tendrán de especial para
estar en esta nueva ala?”; muy pronto descubriría el por qué…
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