sábado, 18 de octubre de 2014

MEMORIAS DEL HOSPITAL St. ANNE

Primer día de trabajo

John Gregsale; ese es mi nombre; he sido enfermero de hospitales psiquiátricos más de la mitad de mi vida, el trabajo siempre fue tranquilo y jamás tuve algún problema, pero nunca olvidaré todo lo que tuve que vivir en el Hospital St. Anne.
El Hospital St. Anne  a la vista pública es un neuro-psiquiátrico, allí se atienden cerca de cien pacientes, todos con casos patológicos distintos: catatónicos, fóbicos, psicóticos, mal del sabio, casos como esos; entrar en servicio no fue ningún problema para mí, ya había estado haciendo residencia en dos hospitales con anterioridad y las referencias que tenían de mi eran muy buenas, acepté el empleo más que nada porque  necesitaba el dinero, hacía unos años que empecé a vivir solo y ahora quería pagarme mi propio departamento, además de que debía terminar de pagar los caros estudios de la carrera que había elegido, y el sueldo que me ofrecían era lo bastante jugoso como  para no evitar que lo rechace.
Así pasé unos meses sin ningún problema, atendía a todos los pacientes del ala A, eran los más tranquilos, los más pacíficos, pero siempre me faltaba el dinero a fin de mes, no me alcanzaba para pagar el alquiler y para pagar las cuotas de la universidad, sumado el apartamento que quería así que tuve que empezar a buscar otro trabajo en el cuál la paga fuera un tanto más alta. Con este fin me encontraba leyendo los clasificados cuándo mi superior directo me llamó a su oficina, fui lento y pensante, “que hice para que puedan haberme llamado, siempre he llegado temprano y no he tenido problemas con nadie”;  y así me dirigí a lo que creía era mi despido y sin razón aparente, pero me sorprendió mucho lo que descubrí al llegar a la oficina. Mi jefe me dijo que estaban necesitando enfermeros para una nueva ala que se estaba abriendo en el hospital, mi pregunta y duda inmediata fue “¿Cuánto es lo que pagan?”, sí, lo sé, pero…ustedes me entienden.
Me llamaron a este nuevo empleo para la mañana siguiente,  llegué y marqué tarjeta como si fuera un día normal, entré en los vestidores para cambiarme y allí me esperaba mi jefe para llevarme al nuevo área en la cual trabajaría; le pregunté quién sería mi compañero a lo cual él respondió “de momento sólo van a llegar dos pacientes, no necesitarás a ningún compañero”, lo cual no me pareció tan extraño después de haber visto el terrible contrato de confidencialidad que me hicieron firmar, pero algo me decía que tarde o temprano me terminaría arrepintiendo de haber firmado ese contrato.
Para poder llegar hasta el ala nueva tuve que llegar hasta el final de un largo pasillo que estaba ubicado bien en el fondo del Hospital, llegado allí  uno se encontraba con dos cámaras de seguridad que filmaban constantemente la entrada de un ascensor que únicamente funcionaba con una llave especial; era demasiada seguridad para mi gusto, pero el sueldo ofertado era algo a lo que en este momento no podía negarme. Mi jefe me explicó el funcionamiento de la confirmación de la tarjeta de identificación y luego me dio la llave con la cual se habilitaba el ascensor, misteriosamente éste se movía lento y casi sin ningún sonido, perfectamente en silencio; el ala nueva estaba ubicada justo unos metros debajo del hospital así que no tardamos mucho en llegar.
Apenas se abrió la puerta del pequeño cubículo pude ver un perfecto pasillo pintado pulcramente de blanco. Era increíble como habían logrado todo eso en tan poco tiempo. Mi jefe bajó conmigo y, lentamente fue mostrándome todo lo que había detrás de las puertas, cuáles serían mis nuevas tareas, de qué manera se esperaba que trabajase, y otras cosas que en este momento no viene al caso mencionar.
Sonó un timbre, no era muy fuerte pero, a pesar de que no se lo podía ver, se hacía notar. Mi jefe comenzó a caminar rápidamente hacia él mientras cogía su teléfono celular y por el cual hablaba desenfrenadamente.
_ ¡¿Qué hago ahora?! _ le grité cuándo lo vi en el ascensor
_ ¡Prepara las dos primeras habitaciones contiguas! ¡Ahora están trayendo a tus primeras residentes!

“Primeras residentes”…, “¿dos mujeres?” fue lo que pensé, “¿Qué tendrán de especial para estar en esta nueva ala?”; muy pronto descubriría el por qué…

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