El amor tiene cientos de misterios que el mismo corazón nunca
acaba de entender, cientos de razones que nos impulsan a actos desesperados por
la persona a la que hemos de amar, acciones que pueden llevarnos a lamentarnos
y que un error sea la marca que nos señalará de por vida, la marca que Briaghadan
nunca llegará a comprender.
Hoy nos vemos sometidos a su gobierno, al de la Reina de las
Espinas como suelen llamarla los ancianos, una mujer cuya trágica historia sólo
en mi familia se llegó a conocer.
Todo comenzó durante su trágico nacimiento, una tibia tarde de
finales de otoño, cuando su madre, desfallecida por los intentos de traerla al
mundo, muere bañada en sangre, sobre las manos de la comadrona del pueblo. Ya
nada podía hacerse por ella, el desangramiento era profundo y la muerte,
inevitable. Así es cómo un legado de desdicha se sumió sobre la recién nacida
princesa.
La anciana nodriza se convirtió en la madre que nunca llegó a
tener, aquella que le enseño las costumbres de una verdadera señorita y que con
afán combatió los malos hábitos, hasta los más varoniles que en ella se
gestaban, fue también la que le enseño su lugar en el castillo, fue la que, a
la larga, le fue mostrando los secretos de ser una mujer. Pero sólo una cosa la
nana no logró cambiar, un vacío, un pequeño hueco en el corazón de Briaghadan
que ésta incesantemente busca llenar, a veces con caprichos que le reclama a su
padre, o con mimos y cariños, que los criados se ven obligados a dar, pero que
nunca logra satisfacer, una creciente codicia que buscó llenar con fuerzas que
no pudo comprender…
Nuevos vientos de primavera han llegado trayendo regalos
consigo, rubores, acaloramientos, miradas evasivas, ilusiones, y, para muchos,
el primer amor.
Esa mañana Briaghadan deseaba dar un paseo, una ligera caminata
entre las magnolias en flor que expresamente había ordenado plantar en su
jardín. Tres doncellas hacían de su séquito, una de ellas portaba un cesto con
fruta fresca, pan y algunos bocadillos, otra llevaba consigo un cántaro con
agua límpida y la tercera era quién sostenía con esfuerzo la no pequeña
sombrilla con la que se cubría del sol su señora. Una femenina comitiva que
lentamente se acercaba hacia el joven jardinero.
Greym es su nombre, un muchacho que desde temprana edad se había
visto al servicio de la futura Reina, allí, al cuidado de las plantas y los
jardines, torneando su cuerpo adolescente con arduos trabajos bajo el ardiente
sol, adquiriendo hermosas facciones atrayentes de todo tipo de miradas, sin ser
correspondido por aquella que él buscaba.
Lentamente se acerca la Reina por el ancho camino de grava;
ella, quién siente verdadera pasión por los paseos madrugadores, los que
otorgan la brisa fresca que trae el rocío, aquellos en los que el sol frío
saluda a los nuevos pimpollos, pero, a pesar de esto, no suele salir con
frecuencia de sus aposentos, lo que hace que no conozca a la mayoría de los criados que día a día se
sacrifican en pos de su comodidad; y así, en esa misma alborada, lo conoció por
vez primera, el niño y hombre, de mirada oscura y tierna, de facciones rectas y
redondeadas, aquél que a primera vista robó su corazón.
_ ¿Quién es él, Argie?_ pregunta Briaghadan, interesada, a su
dama de compañía.
_Él es Greym, su Señoría, el jardinero de palacio_ le responde
prontamente, la aludida.
_ ¿Se sabe de algún compromiso de tan apuesto muchacho?
_No, su majestad_ le responde la doncella que sostiene el cesto_
he sabido de muchas damas adineradas que han buscado llevarlo a sus lechos pero
que él las ha rechazado a todas y cada una.
_ Pues si así ha de ser, él no podrá rechazar a su futura Reina_
sentenció, Briaghadan, con fuerza y frialdad_ vámonos.
Había visto al femenino séquito avanzar por el cercano camino,
y, a una acortada distancia, detenerse, ¿qué había sucedido?, sólo las había
visto allí, cuchicheando, mientras era observado, algo no iba bien; muchos
rumores corrían acerca de la princesa, y lo ocurrido esa mañana no le resultaba
nada alentador…
La primavera con presteza se despide, dejando a su paso parejas, amoríos, alguna
que otra leve infidelidad, y varios corazones solitarios que están en busca de
ser correspondidos por sus dueños. De esta manera es que percibe su lucha
Briaghadan, quién cada día siente más grande el vacío en su interior y que, con
certidumbre, se asegura a sí misma, puede ser llenado por aquél de tan profunda
mirada, un amor grande y placentero que rehúye a su cama.
Una y otra vez es llamado Greym ante la presencia de la
Princesa. Cada día y sin falta él acude al salón del trono, donde es Ella
quién, con su galardonada apariencia, repite la misma pregunta, la misma
propuesta, obteniendo por respuesta la misma y continua negativa. Pero, los
nuevos comienzos veraniegos no desean pasar desapercibidos, actuando en
consecuencia a Greym, a quién no le permiten pasar inadvertido, y, de extraña
manera, incurre en un error, un detalle que hacía tiempo ya, ocultaba de los
inquisidores caprichos de su futura Reina.
_Estimado súbdito, el jardinero de palacio, quién bellas
facciones y exquisitas cualidades posee, a ti te he llamado, he de suponer que
hoy, como tantas otras veces, sabes el porqué, ¿no es así?_ pregunta ella, con exagerados
ademanes de su alta alcurnia.
_Bien lo sé, Señora mía, pues usted desea llevarme a su lecho,
es su mayor aspiración el que yo la corteje y que con rapidez me aboque a la
tarea de dominar el gran fuego que en estos momentos arde en su corazón_
responde el aludido con la cabeza gacha
_Todas y cada una de tus palabras han sido
ciertas, esa ha sido mi más devota propuesta, más permíteme recordarte lo casi
ilimitada que resulta mi potestad, cualquier cosa que tu desees te será con
presteza cumplida, así quieras oro, quieras más poder, quieras llevar a cabo
una despiadada venganza, lo que pretendas con tal de ver satisfecho lo que más
anhelo_ repite ella, sin inmutación alguna.
_ Esas han sido nuestras palabras día tras
día señora mía, y como siempre he de reiterar mi negativa.
_Me aflige que nuevamente lo hagas estimado
súbdito, aunque nunca me has dicho el verdadero porqué de tu distanciamiento… ¿hoy
vas a decirme las verdaderas razones que te llevan a apartarte de mi lecho?
_ No hay alguna razón que usted no conozca
señora mía_ le dice mientras mira hacia un punto oscuro, detrás del trono.
_ No puede ser_ se da cuenta Briaghadan,
acentuando el nerviosismo de Greym_ ahora lo entiendo...
_ ¿Qué es lo que ha visto, señora mía?_ le
pregunta buscando desviarla de su descubrimiento.
_ Súbdito_ se levanta de su acolchonado
trono, se acerca a él con parsimonia y, colocando su índice sobre su pecho le
dice_ ¿a quién le pertenece tu corazón?
El otoño comienza a hacer su gran entrada,
acentuándose su sombría y fría llegada con la triste y dolorosa partida del Rey,
muchos son los que presentan rasgos de tristeza y sufrimiento ante este hecho,
muchos los que empiezan a recordarlo con anhelo, pero sólo su hija es quién
impávida permanece.
El funeral
se hace al día siguiente, todo ya fue preparado, allí esta Ella, con un
enorme y amplio vestido negro que acentúa la mortal palidez de su piel, hombros
descubiertos, al igual que su rostro, sus ojos negros miran fijamente el
féretro en el que descansa su padre mientras sus labios presentan una tonalidad
de un rojo intenso que busca esconder la leve sonrisa que intenta de allí
colgarse. Todos los ciudadanos estaban allí, en la lejanía, pendientes de tan
adornado ataúd, pero sólo Greym notaba la maldad que su nueva Reina mostraba,
y, en lo más profundo de su ser, sabía que todo se había alterado para él.
Luna llena, el laberíntico jardín es bañado
por una hermosa luminosidad de plateado color, perfecta para dos nuevos amantes
que desean encontrarse.
El seto vivo es una enorme trampa, de día o
de noche, sólo él, quién se encarga de cuidarlo y mantenerlo, es quien lo
entiende y quién conoce los enrevesados caminos que guarda. Pero ahora no está
solo, alguien más lo acompaña, alguien que corre junto a él, con miedo y
emoción, compartiendo los riesgos del amor. Giro tras giro siguen los
enamorados el largo camino hasta el centro, un espléndido lugar, un pequeño
jardín secreto dónde solos por primera vez podrán estar.
Greym es quién va delante, una enorme
sonrisa domina su rostro mostrando la felicidad de la que goza su corazón, sus
ojos se mueven fugazmente buscando los caminos que le llevarán al ansiado lugar.
A pesar de que su alegría lo extasíe, tiene un leve presentimiento que comienza
a molestarle, algo no está bien. A lo lejos se percibe el ruido de
crepitaciones, pero Greym está muy distraído para prestarle su debida atención.
Sólo falta un último giro y tenues luces ambarinas comienzan a poblar la débil
oscuridad nocturna. Greym llega caminando con presteza al centro del Laberinto,
entrando en él de espaldas para tomar con ambas manos a quién le ha robado su
corazón, esperando recibir una mirada de asombro y de amor, pero se lleva una
gran desilusión al percibir un rostro de lúgubre pánico. Dándose la vuelta
entiende el porqué.
_ ¿Así que él es el dueño del corazón que
por tanto tiempo me negaste?_ se oye salir de la figura encapuchada.
_ Disculpe usted pero no sé quién es, y no
me explico cómo es que ha logrado llegar a este lugar_ le responde, poniendo
detrás al joven que lo acompaña.
_ (Tirando hacia atrás con fuerza de la
negra capucha que lleva puesta) Hace tiempo que ocupo este lugar y más bien
eres tú quien está obligado a darme una explicación_ le reprocha la Reina, sin
titubeo alguno.
_Mi Señora_ dice el misterioso chico que
acompaña a Greym_ yo…no… lo siento_ termina, agachando la cabeza.
__Ahora entendí todo mi querido Greym_ le
dice ella con una delicada voz_ ahora comprendo por qué tus reiteradas
negativas, por qué tanta soledad, todo_ continúa sintiendo como acrecienta el
miedo sobre la persona a la que alude.
_ Disculpe Señora, pero lo que usted me
pedía me resultaba imposible de…
_ ¡No!_ le grita ella, interrumpiendo su
frase_ ¡Nunca quisiste amarme a mí! ¡Siempre lo preferiste a él! ¡Admítelo!
Greym se sentía incapaz de responder.
_ ¿Te quedas en silencio?_ pregunta ella,
sintiéndose traicionada.
Lentamente se acerca ella a ambos. Muy
levemente se oye que comienza a susurrar palabras que suenan incomprensibles.
Cuándo Briaghadan está a sólo pocos pasos de su acompañante, Greym nota como
saca rápidamente una enorme daga de debajo de su capa y corta le corta la
garganta. Pesadamente cae al suelo y Greym se abalanza sobre él para no dejarlo
caer. La Reina toma un mediano cáliz de color plata y lo coloca debajo del
borboteante reguero de sangre.
_Yo te lo ofrecí todo_ dice ella con serenidad
y parsimonia, mientras se levanta con la copa que contiene el preciado líquido_
aún así te negaste, una y otra vez
_ ¡¿Pero porqué hizo esto?!_ le pregunta
con furia y dolor, mientras las lágrimas le llenan los ojos.
_ (Arrojando la sangre sobre un caldero
puesto al fuego) Por los oscuros
espíritus que la Eterna Oscuridad trajo a mi vida, convoco las fuerzas que el
amor a este ser le pudo dar.
_ ¡Dímelo! ¿Porqué los demás no pueden ser
felices? Maldita zorra, por eso tu madre murió al darte la vida, ¡porque eres
un monstruo!
_ (Sin perturbarse) Para que señalen, seres inmortales, a aquél que el corazón me hubo de
robar, márquenlo para que sólo conmigo haya de estar_ dice mientras agrega
otros ingredientes al caldero.
_ ¡Cállate y mírame, perra! ¡Respóndeme!
¿Por qué lo mataste? (Ella continúa sin ni siquiera percatarse de su presencia)
¿Acaso esto es lo que quería tu padre, que seas una puta malcriada que quiera
cumplir cada uno de sus caprichos?
_ Así
es como la Muerte le quita su Amor, el Odio ayuda a su Dolor y la Antigua
Oscuridad a la que sirvo toma las fuerzas que su corazón guardó.
_ ¿Magia oscura? ¿Quién fue el vil ser que te enseñó tan baratos trucos? (Sin
quererlo se da cuenta del punto débil) Fue tu nana…
_ ¡Ni siquiera te atrevas a hablar de ella!
_ Ahora lo entiendo…ella fue la que te
enseñó a obtener todo lo que quieres, fue ella la que te enseñó a usar esa
magia, y ella fue la que mató a mi padre…
_ ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? Simplemente
cállate y déjame terminar_ le dice ella, prestando nuevamente atención a la
tarea emprendida.
_ Algo que tu no sabías es que tu madre
amaba a alguien más (sigue sin prestarle atención) Ella amaba a mi padre,
tanto, que incluso se juntaron en una noche de luna llena como esta.
_ ¡Mientes!, Solladin me lo habría contado,
ella me contaba todo…
_ ¿Y tener que decirte que eras la hija de
un jardinero? ¿Qué eras el fruto de un amor que ella odiaba? No, ella sabía que
tú nunca lo entenderías y su rencor la llevó a matarlos, porque ella amaba a mi
padre y la Reina robó su amor justo como tú intentaste hacerlo conmigo.
_ ¿Y cómo es que tu sabes eso? Si ella los
mató como dices, ¿cómo es que te enteraste de ello?
_ Porqué el Rey lo sabía todo, y fue él
quien creyó que yo merecía conocer todo esto.
_ ¡No es cierto!, ¡nada de lo que dices es
cierto!_ gritaba ella tomando su cabeza entre sus brazos.
_ Sabes que sí_ le dice él restregándose
las lágrimas_ en lo más profundo de ti, sabes que todo es cierto.
Así Briaghadan perdió el mundo de Rosas en el cuál
vivía, descubriendo que sólo era una Reina en un mundo de Espinas.
_ (Con el rostro desfigurado por el horror)
Entonces…has firmado tu sentencia…
_ ¿Qué quieres decir con eso?
_ (Volviéndose hacia el caldero) Por el Eterno Caos que con fuerza y
destrucción mi vida deseó cambiar, convoco a los demonios que la Vida inmortal
me van a dar.
_ ¿Qué haces?_ dice Greym empezando a
sentir miedo de las palabras de la Reina Hechicera
_ (Cortándose la muñeca y arrojando su sangre) Con mi sangre este Pacto firmo y reclamo los años que por vivir a él le
han faltado. Que el amor del ser al cuál la vida tomé, y por cada amor
imposible, más hermosa me hagan y cada vez que una de estás personas muera por
más tiempo hará que viva. Así maldigo al amor, así hechizo tu corazón.
_ Pero… ¿Qué has hecho?_ le pregunta,
horrorizado.
_ Siempre tu corazón encontrará alguien a
quién amar, y cada vez que tú lo notes esa persona morirá, dándome vida y
belleza sin igual.
_Jamás volveré a enamorarme, y menos para alimentar
tus aterradores deseos_ trató Greym de desafiarla.
_No importa cuánto te esfuerces, no importa
cuánto empeño le pongas, siempre, siempre tú y toda tu descendencia sufrirá la
maldición que ahora te impongo.
Así es como en estos tiempos Briaghadan, la
Reina, desde su trono de Espinas sigue gobernándonos, nos aprisiona en nuestro
miedo; ella es la Ley inmortal, la Justicia que la sentencia y el Verdugo que
castiga; por eso nadie en toda mi familia ha podido amar, e incluso hoy sigo yo
tratando de ocultarme mis propios sentimientos, sin generar descendencia
alguna, para acabar con su poder y para que lo ocurrido décadas atrás no tenga
que ocurrir nunca más…
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