En el mundo de la literatura existen cientos de
historias, algunas de terror, otras de aventuras, otras de muerte y ficción, y
también las de amor. El cuento que aquí
les presento es quizás uno de ellos, y el libro al que una vez perteneció ya ha
perdido su nombre. Así es como he buscado transmitírselas, para que su
contenido no sea perdido para siempre…
Todo comienza en una lejana comarca, allá donde los
campesinos transcurren apaciblemente sus vidas, dónde las ovejas son
pastoreadas por los jóvenes muchachos, dónde el gran Bosque de Ans se alza
dominando por sobre un gigantesco acantilado, dominando el horizonte, el lugar
donde Kleint vive, dónde extraños eventos se habrían de suceder…
El Bosque siempre ha sido un lugar tranquilo, pacífico,
el hogar perfecto para un cazador ermitaño como él lo era. Los animales se encontraban
en abundancia y era temporada del jabalí, carne preciada que podría
intercambiar sin problemas en el pueblo.
Kleint nunca se había sentido cómodo con las personas, el
trato que poseía con ellas no pasaba más allá de una simple y distante formalidad,
siempre retrayéndose en su cabaña en el bosque, contactando con el pueblo sólo
en casos de necesidad.
Ya es muy tarde, una brisa fresca se mueve entre los
árboles que rodean el prado, el plenilunio se alza sobre un cielo límpido
plagado de estrellas dándole a esa agraciada noche de caza un cariz romántico,
un ambiente sutil, perfecto para las situaciones que se esperaba se dieran.
Kleint ha colocado varias trampas y cebos, pero la mayor
está en el prado, junto a la cual espera; todas las demás han sido sólo para
atraer y guiar a la presa que hace tiempo viene siguiendo, un gran jabalí hembra
que podría ayudarlo y sustentarlo por algunos meses.
Se oye un leve crujido. Pasos sigilosos que se acercan
desde algún lugar desde la derecha. El cazador tensa su arco con la flecha ya
preparada, apuntando hacia donde sus afinados oídos le señalan. La Luna emite
un fulgor muy intenso mejorando aún más su aguda precisión, llevando su vista
más allá, hacia el lugar donde podría aparecer la anhelada presa.
Un blanquecino pie es el que avanza generando los suaves
susurros de la hierba, sorprendiendo al expectante cazador. Una larga túnica de
marmóreo color aparece cubriendo a la femenina figura que danza sobre las
hojas, siguiendo, al parecer, los vaivenes de las estrellas. Con el arco aún
preparado espera Kleint escondido detrás de una zarza, observando, atento a
sutiles movimientos de tan agraciada maravilla.
_Óyeme Cazador, sé que es lo que buscas y sé que aquí te
encuentras, esperando_ dice ella con una voz dulce y melodiosa.
Una hermosa voz que genera una indecisión que lo pone a
prueba, trayendo viejas y olvidadas emociones, provocadas por este curioso ente,
sentimientos que buscan cambiar aquello que sus instintos quieren decirle.
_ Mi nombre es Layla y te ruego no dispares tus
mortíferas flechas contra mí pues nada he hecho para merecer ese sombrío castigo_
ruega, con exquisita modestia.
Kleint, manteniendo todos sus sentidos en estado de
alerta, sale lentamente de su escondite, ha bajado el arco, pero no por ello
deja de mantener la misma tensión de su mente que sostiene sobre la flecha
preparada.
_La jabalí que hace tanto persigues ahora se oculta en su
cubil, puesto que debe cuidar de su camada, yo sólo bajé a ayudarle… y… a
conocerte…_dice ella, mientras se sonroja.
_ ¿Q-qué eres tú? ¿Acaso eres un espíritu del bosque?_ le
pregunta, temeroso ante las supersticiones.
_Ji, ji, ji, ji_ ríe Layla, recatadamente_ no,
verdaderamente yo nunca he tenido una existencia mortal como ustedes los
humanos.
_Pero entonces, ¿Qué se supone que eres?_ pregunta con
intriga Kleint, bajando lentamente la resistencia impuesta al cordel, como así
también una antigua rigidez que en su ser domina.
_Yo sólo soy una estrella, mi nombre es Layla, como ya te
he dicho, pero soy aquella que ustedes conocen como Ans, la que le ha dado el
nombre a este bosque, tu hogar, la guía y compañera de tu gente, los cazadores.
_He escuchado varias leyendas sobre ti, muchas de ellas
te glorifican pero también hay otras que no inspiran a que te tenga demasiada confianza
_ le comenta él, sintiendo una gran alteración en lo más profundo de su pecho.
_ Pero, a pesar de todo, aquí te encuentras, no te has
marchado ¿no es así?_ le pregunta, incitadoramente.
_Aún no logro descubrir que es lo que me detiene,
simplemente estoy aquí, buscando respuestas.
Ella sólo levanta grácilmente el rostro hacia la Luna,
una enorme y brillante esfera color plata que llama a que se escuchen sus
silenciosas palabras, sonidos incomprensibles para alguien tan mundano como un
cazador, alguien embelesado por un raro ente celestial, un ser extraterreno que
provoca en él la regeneración de viejas emociones, sentimientos que creía
olvidados ya.
_Si me acompañas, en este corto viaje seguro que podremos
terminar de charlar esto que nos compete_ le invita ella, extendiéndole en un
suave gesto la palma de su mano.
_ Si así ha de ser, lo haré sólo para obtener algunas
respuestas que desenmarañen el enorme embrollo en que se han convertido mis
pensamientos y emociones_ responde solícitamente.
Así es como van juntos, lado a lado, atravesando el denso
y foliado bosque, avanzando por escondidos y retorcidos senderos, conocidos
sólo por los viejos tramperos, amparados por el platinado brillo que ahuyenta
no sólo las sombras si no también a las bestias nocturnas, hablando de viejos tiempos,
dirigiéndose lentamente hacia el enorme risco.
El gran risco, aquél lugar que dónde provenían sus más
felices y más tristes recuerdos, allí, donde antaño junto con su padre se
sentaba al calor de una pequeña fogata en las templadas noches de otoño, dónde
años atrás, siendo aún un joven muchacho, tuvo que conocer la forma en que
perdió a su madre, en aquél acantilado, dónde su padre la siguió, entregándose
a una libertad sin nombre, dónde en este momento era llamado por este extraño
ser, una estrella llamada Layla.
_ ¿Qué es lo que deseas de mí misteriosa convocadora?_
pregunta Kleint con una fingida desconfianza.
_Que se cumpla aquello que desean nuestros corazones…_ le
responde ella, comenzando a brillar y levitar levemente.
_ Pero…¿qué sabes de aquello que anhelo más
profundamente?_ pregunta, adelantándose lentamente unos pasos, siguiéndola.
_ Así como tu padre se enamoró del cielo nocturno, como
en su tiempo, a mi madre amó, así es como yo me he enamorado de ti, ¿acaso no
es ese aparente desengaño que me muestras una revelación de aquello que una vez
tuviste y quisiste dejar de sentir?
_ P... p-pero… nadie ha sabido de aquello que una vez
siendo niño ocurrió_ dice él, acercándose más y volteando el rostro tratando de
ocultar el sonrojo que lo domina.
_ Pues yo siempre he estado a tu lado, en aquellos
momentos en que la Gran Reina de la Noche así me lo permitía, y ahora es cuando
me ha permitido venir a buscarte, he conseguido la oportunidad de llevarte
¿sólo si así lo quieres?_ le dice ella en una formulación de propuesta.
_ ¿Has venido a buscarme? ¿acaso es posible que yo te
acompañe a tu hogar?_ le inquiere Kleint, descreyendo una propuesta que sentía
inalcanzable.
_ ¿Hasta dónde es que estás dispuesto a llegar? ¿hasta
dónde es que tu corazón desea ir?_ le concluye Layla.
_ Detrás de las estrellas_ responde Kleint, ya sin pensar
o razonar, avanzando más hacia el enorme y oscuro vacío, liberando su oprimido
corazón en busca de un fantástico reino, buscando el amor que tanto tiempo
atrás se le negó…
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