sábado, 18 de octubre de 2014

DETRÁS DE LAS ESTRELLAS

Dedicado a Esteban Segovia

En el mundo de la literatura existen cientos de historias, algunas de terror, otras de aventuras, otras de muerte y ficción, y también las de  amor. El cuento que aquí les presento es quizás uno de ellos, y el libro al que una vez perteneció ya ha perdido su nombre. Así es como he buscado transmitírselas, para que su contenido no sea perdido para siempre…
Todo comienza en una lejana comarca, allá donde los campesinos transcurren apaciblemente sus vidas, dónde las ovejas son pastoreadas por los jóvenes muchachos, dónde el gran Bosque de Ans se alza dominando por sobre un gigantesco acantilado, dominando el horizonte, el lugar donde Kleint vive, dónde extraños eventos se habrían de suceder…
El Bosque siempre ha sido un lugar tranquilo, pacífico, el hogar perfecto para un cazador ermitaño como él lo era. Los animales se encontraban en abundancia y era temporada del jabalí, carne preciada que podría intercambiar sin problemas en el pueblo.
Kleint nunca se había sentido cómodo con las personas, el trato que poseía con ellas no pasaba más allá de una simple y distante formalidad, siempre retrayéndose en su cabaña en el bosque, contactando con el pueblo sólo en casos de necesidad.

Ya es muy tarde, una brisa fresca se mueve entre los árboles que rodean el prado, el plenilunio se alza sobre un cielo límpido plagado de estrellas dándole a esa agraciada noche de caza un cariz romántico, un ambiente sutil, perfecto para las situaciones que se esperaba se dieran.
Kleint ha colocado varias trampas y cebos, pero la mayor está en el prado, junto a la cual espera; todas las demás han sido sólo para atraer y guiar a la presa que hace tiempo viene siguiendo, un gran jabalí hembra que podría ayudarlo y sustentarlo por algunos meses.
Se oye un leve crujido. Pasos sigilosos que se acercan desde algún lugar desde la derecha. El cazador tensa su arco con la flecha ya preparada, apuntando hacia donde sus afinados oídos le señalan. La Luna emite un fulgor muy intenso mejorando aún más su aguda precisión, llevando su vista más allá, hacia el lugar donde podría aparecer la anhelada presa.
Un blanquecino pie es el que avanza generando los suaves susurros de la hierba, sorprendiendo al expectante cazador. Una larga túnica de marmóreo color aparece cubriendo a la femenina figura que danza sobre las hojas, siguiendo, al parecer, los vaivenes de las estrellas. Con el arco aún preparado espera Kleint escondido detrás de una zarza, observando, atento a sutiles movimientos de tan agraciada maravilla.
_Óyeme Cazador, sé que es lo que buscas y sé que aquí te encuentras, esperando_ dice ella con una voz dulce y melodiosa.
Una hermosa voz que genera una indecisión que lo pone a prueba, trayendo viejas y olvidadas emociones, provocadas por este curioso ente, sentimientos que buscan cambiar aquello que sus instintos quieren decirle.
_ Mi nombre es Layla y te ruego no dispares tus mortíferas flechas contra mí pues nada he hecho para merecer ese sombrío castigo_ ruega, con exquisita modestia.
Kleint, manteniendo todos sus sentidos en estado de alerta, sale lentamente de su escondite, ha bajado el arco, pero no por ello deja de mantener la misma tensión de su mente que sostiene sobre la flecha preparada.
_La jabalí que hace tanto persigues ahora se oculta en su cubil, puesto que debe cuidar de su camada, yo sólo bajé a ayudarle… y… a conocerte…_dice ella, mientras se sonroja.
_ ¿Q-qué eres tú? ¿Acaso eres un espíritu del bosque?_ le pregunta, temeroso ante las supersticiones.
_Ji, ji, ji, ji_ ríe Layla, recatadamente_ no, verdaderamente yo nunca he tenido una existencia mortal como ustedes los humanos.
_Pero entonces, ¿Qué se supone que eres?_ pregunta con intriga Kleint, bajando lentamente la resistencia impuesta al cordel, como así también una antigua rigidez que en su ser domina.
_Yo sólo soy una estrella, mi nombre es Layla, como ya te he dicho, pero soy aquella que ustedes conocen como Ans, la que le ha dado el nombre a este bosque, tu hogar, la guía y compañera de tu gente, los cazadores.
_He escuchado varias leyendas sobre ti, muchas de ellas te glorifican pero también hay otras que no inspiran a que te tenga demasiada confianza _ le comenta él, sintiendo una gran alteración en lo más profundo de su pecho.
_ Pero, a pesar de todo, aquí te encuentras, no te has marchado ¿no es así?_ le pregunta, incitadoramente.
_Aún no logro descubrir que es lo que me detiene, simplemente estoy aquí, buscando respuestas.
Ella sólo levanta grácilmente el rostro hacia la Luna, una enorme y brillante esfera color plata que llama a que se escuchen sus silenciosas palabras, sonidos incomprensibles para alguien tan mundano como un cazador, alguien embelesado por un raro ente celestial, un ser extraterreno que provoca en él la regeneración de viejas emociones, sentimientos que creía olvidados ya.
_Si me acompañas, en este corto viaje seguro que podremos terminar de charlar esto que nos compete_ le invita ella, extendiéndole en un suave gesto la palma de su mano.
_ Si así ha de ser, lo haré sólo para obtener algunas respuestas que desenmarañen el enorme embrollo en que se han convertido mis pensamientos y emociones_ responde solícitamente.
Así es como van juntos, lado a lado, atravesando el denso y foliado bosque, avanzando por escondidos y retorcidos senderos, conocidos sólo por los viejos tramperos, amparados por el platinado brillo que ahuyenta no sólo las sombras si no también a las bestias nocturnas, hablando de viejos tiempos, dirigiéndose lentamente hacia el enorme risco.
El gran risco, aquél lugar que dónde provenían sus más felices y más tristes recuerdos, allí, donde antaño junto con su padre se sentaba al calor de una pequeña fogata en las templadas noches de otoño, dónde años atrás, siendo aún un joven muchacho, tuvo que conocer la forma en que perdió a su madre, en aquél acantilado, dónde su padre la siguió, entregándose a una libertad sin nombre, dónde en este momento era llamado por este extraño ser, una estrella llamada Layla.
_ ¿Qué es lo que deseas de mí misteriosa convocadora?_ pregunta Kleint con una fingida desconfianza.
_Que se cumpla aquello que desean nuestros corazones…_ le responde ella, comenzando a brillar y levitar levemente.
_ Pero…¿qué sabes de aquello que anhelo más profundamente?_ pregunta, adelantándose lentamente unos pasos, siguiéndola.
_ Así como tu padre se enamoró del cielo nocturno, como en su tiempo, a mi madre amó, así es como yo me he enamorado de ti, ¿acaso no es ese aparente desengaño que me muestras una revelación de aquello que una vez tuviste y quisiste dejar de sentir?
_ P... p-pero… nadie ha sabido de aquello que una vez siendo niño ocurrió_ dice él, acercándose más y volteando el rostro tratando de ocultar el sonrojo que lo domina.
_ Pues yo siempre he estado a tu lado, en aquellos momentos en que la Gran Reina de la Noche así me lo permitía, y ahora es cuando me ha permitido venir a buscarte, he conseguido la oportunidad de llevarte ¿sólo si así lo quieres?_ le dice ella en una formulación de propuesta.
_ ¿Has venido a buscarme? ¿acaso es posible que yo te acompañe a tu hogar?_ le inquiere Kleint, descreyendo una propuesta que sentía inalcanzable.
_ ¿Hasta dónde es que estás dispuesto a llegar? ¿hasta dónde es que tu corazón desea ir?_ le concluye Layla.

_ Detrás de las estrellas_ responde Kleint, ya sin pensar o razonar, avanzando más hacia el enorme y oscuro vacío, liberando su oprimido corazón en busca de un fantástico reino, buscando el amor que tanto tiempo atrás se le negó… 

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