He salido una vez más de lo
muros de esta descuidada habitación, lugar que me protege de la silenciosa
guerra que se desata en el exterior.
Es realmente difícil reunir el valor necesario para enfrentar las
arduas batallas diarias; la oscuridad está acrecentando su poder con una
continuidad que resulta feroz.
Hace tan sólo unos meses que he despertado de este ilusorio
ensueño, que he logrado escapar de las garras del Reino de las Sombras, el
momento en el que Ederif se manifestó ante mí.
La noche en la ciudad me recibe en lo que
puede considerarse tranquila, con un sonoro silencio y un gélido abrazo. Un
suave escalofrío sube por mi espalda mientras siento su llamado; ya no me
preocupa, logré acostumbrarme a tener que actuar constantemente y con rapidez.
Es hora de luchar.
Allá puedo verlo. A punto de transitar
distraídamente una muy concurrida avenida. Un joven que inconscientemente desea
saltar al abismo, arrojarse al anhelo de las tinieblas. Ellas lo han estado
empujando, guiando a su desastroso final. En vano ha sido; pues es tan sólo un
trofeo que esta vez no les dejaré ganar.
Con un veloz giro de
mi muñeca alcanzo el amuleto que me vincula al alma de Ederif, la sensibilidad de Escorpio. La espada
de negra hoja se manifiesta con agilidad en los segundos cruciales al paso que
el chico en la esquina está por dar.
Una vez más todo el
ambiente es absorbido por la barrera: los sonidos, las luces, las personas, los
autos, todo.
La luz lunar cae
precipitada hacia el escenario de la nueva batalla. Ya comienzo a sentir las
repentinas vibraciones que genera la adrenalina recorriendo cada uno de mis
músculos.
Poco a poco se
revelan las turbias entidades que acosan a los humanos, los Elpam. Sombríos y
oscuros entes que se alimentan de la negatividad y el mal que éstos generan.
El ser sin rostro
percibe el escudo que he alzado y se prepara para batallar con todas sus
fuerzas por la deliciosa presa que está a punto de degustar.
Como una extensión
insustancial y borrosa de su cuerpo, materializa una gran espada saliente de lo
que se interpreta como un brazo, junto a
algo que percibo como un dejo de placer y gula.
Esta tarea no será
nada fácil.
Pero es mejor así.
La lucha no dura más
que sólo unos minutos, pero ha sido una buena contienda.
El muchacho sigue
allí, suspendido en medio de la burbuja defensora. No ha sido consciente de
nada de lo que ha ocurrido a su alrededor, sólo se ha encerrado dentro de sí
mismo; como una vez lo hice yo.
La pestilencia que
despide, que las sombras desean llena el lugar y no puedo evitar sentir enojo y
compasión a la vez. Ahora no me extraña que ése sombrío espíritu tuviese tanta
fuerza, ha estado alimentándose de él por demasiado tiempo.
Sin necesidad de palabras
percibo la urgencia de Ederif por rescatarlo. Más Elpam vendrán a buscarlo.
Me coloco frente a
él, pero en este ambiente tan surreal su mirada se pierde en un infinito vacío
de una herida interna y profunda que no termina de sanar.
El alma de mi espada
nunca deja de maravillarme. Con la velocidad del rayo ejerce éste su
transformación. Un escorpión de gran tamaño y oscuros tonos azulados se
presenta, imponiendo un enorme aguijón como mortal armamento.
La sorpresa y el
temor invaden por igual al recién rescatado. Sentimientos erráticos y confusos que
sólo crean más de la espesa niebla que tanto lo rodea.
Lentamente Ederif se
acerca, abriéndose paso con bruscos aguijonazos. Ésa es su forma de actuar, sin
rodeos.
El chico está
completamente paralizado pero esto no es ningún impedimento; él simplemente
sigue avanzando con una fuerza temible.
Sea como sea que lo
haga, adoro su estilo.
Allí está, una vez
más. El ataque final. Ése es el que siempre me cautiva, el que más me llama y
motiva a continuar luchando.
En éste Ederif pone un
especial cariño; aquí es dónde se puede ver su verdadero poder.
Con un gesto lento y
suave punza levemente sobre el pecho del muchacho, y, cuál borboteante
manantial, brotan cientos de imágenes que giran velozmente en torno a él.
Así también mueve su
aguijón, con fatal maestría, destruyendo rápidamente aquellas que más oscuridad
genera. Un emprendimiento realmente difícil, como nunca antes había visto.
Muy pocas van quedando
ya y el impávido chico sigue con su mirada ausente, un hecho que me molesta y
me embarga de una incontrolable ira.
Pero no debo entrometerme, ya lo tengo claro.
En un vistazo es que
puedo observar una lágrima generada por el gigantesco escorpión. Allí estaba,
la herida más grande, la que mayores impedimentos le causaba. La brillante gota
emanada flotó tranquila hasta esa imagen, dispersándose junto con ella.
“Despierta, Raio, la libertad de Acuario”, pronuncia, con
una voz profunda y serena.
Emergiendo con una
ligera luminosidad violácea se presenta ante nosotros un espíritu del mismo
calibre que es Ederif.
Todo ha terminado. La
barrera comienza a desvanecerse lentamente retornando a la realidad todo
aquello que resulta cotidiano: luces, sonidos, personas, autos.
Mi trabajo está
hecho, ahora le toca a él afrontar al alma convocada. Convertirse en un posible
nuevo luchador con quien contar.
Así es como terminé yo y así es como terminas formando parte de
esta eterna guerra.
Así es como terminas en la encrucijada de una terrible decisión.
Luchar o continuar soñando.
Ahora que lo sabes, tú eres
el próximo.
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