El teléfono comienza a sonar. Me veo obligado a dejar mi lectura
temporalmente y me apresuro a atender. Un simple papel que tomo del atestado escritorio
oficia de señalador. Con presteza alzo el tubo y pego mi oreja a él para
recibir las nuevas instrucciones. En este trabajo el manejo de los tiempos
siempre ha sido de vital importancia. Puntualidad y precisión.
_ ¿Sí?... Buenas tardes…Diría que más bien instructiva…Un nuevo
paciente, entendido…La habitación dos…preparada para dentro de media hora…
Dejo que el tubo se deslice suavemente acomodándose en su lugar,
“media hora, habitación dos”. Y, como siempre, la incomodante duda de cómo
logra saber cada uno de mis movimientos.
Han pasado sólo cinco días desde la llegada de nuestro último
inquilino, Benjamín, el amante del fuego.
Es realmente increíble cómo puede transcurrir el tiempo, hace dos
semanas me encontraba en la oficina del jefe escuchando la propuesta de un
nuevo trabajo y ahora estoy aquí con el doble de lo que cobraba antes y con un
empleo que me permite poder estudiar tranquilo y rendir pacientemente las materias. En un par
de meses deberé presentarme, sólo me resta cursar el último año, después de
éste. Ha sido difícil llegar hasta aquí y el encontrarme con este nuevo
muchacho resulta un desafío igual de semejante.
Con él todo ha sido complicado; primeramente porque no me permite que me le acerque, agregando además
de que la leve sensación de aumento ínfimo de calor ya comienza a provocar un
pánico incontrolable en mí. La marea de recuerdos, emociones y fobias que me
trae son del todo incomprensibles; pero ahora no puedo pararme a pensar en él,
la habitación dos debe quedar en perfectas condiciones.
El pequeño reloj sobre el ascensor marca que ya ha pasado con
exactitud la media hora estipulada; y, con una precisión por demás envidiable,
el remoto sonido sibilante del cubículo metálico me anuncia que “ellos” ya han
llegado, y un nuevo inquilino viene a hospedarse. ¿Qué será esta vez?
Para mí ya es natural el acomodarme justo frente a la habitación
que será ocupada, una clara señal para los gorilas que ofician de “enfermeros”;
tan sólo un gesto que puedan entender para alcanzar tranquilamente a este nuevo
interno sin necesidad de mediar palabra alguna.
Las puertas dobles se abren sigilosamente, sin interrupción ni
sonido alguno, dejando al descubierto al jefe del grupo y un subordinado, nadie
más. Al parecer éste kinético resulta un tanto más tranquilo que los demás,
¿seguro que es así?
El líder tarda apenas unos segundos en captar mi presencia y
acompasadamente jalona de su prisionero levemente, éste tarda en reaccionar y,
no es hasta que lo observo detenidamente, que me doy cuenta de que se encuentra
falto del sentido de la visión. Parece un hombre joven y a la vez mayor,
alguien que ha vivenciado muchas cosas, que ha “visto mundo”, si perdonan mi
ironía. Aunque hay algo en él que me estremece, que provoca extrañas
sensaciones en lo más profundo de mí ser.
No lleva atadura alguna, esposas, cadenas, nada; pero aun así
tampoco le han permitido el poder tener un bastón sobre el cuál afirmarse,
siendo su único consuelo el extender los brazos en busca de un camino en la
total oscuridad.
Me aparto ligeramente de la puerta para dejarle el paso
tranquilo. Él se acerca con un caminar inocente, inseguro, buscando un sendero
que apenas llega a percibir. Lentamente se mueve, un paso delante de otro, por
suerte le dan el tiempo que necesita y copio su ejemplo, siendo además un claro
signo del poco esfuerzo que nos costaría relacionarnos.
Es ésa la línea de pensamiento que me cruza cuando lo veo dar un
traspié. Un reflejo instintivo me impulsa a alcanzarlo para evitar su caída,
pero ambos guardias me gritan una imperante negativa, más ya es tarde. Algo
extraño sucede.
“El de muchos nombres enseña el
camino.
El guardián despierta y
asciende.
La libertad tiene un alto
precio.
Para amar debes proteger.
Para proteger debes amar.
Así serás libre”
En tan sólo un segundo me vi sumergido en una intensa vorágine
de la que supe jamás podría escapar.
_Es un Cronokinético de 3° nivel_ me dijo el subordinado
_No sólo posee la habilidad de ver todos los futuros posibles_
continúa el jefe_ también puede observar el más inevitable y profetizar en
torno a él.
_Pe…pero… ¿y lo que ha dicho?_ pregunté, buscando un poco de
cordura
_Eso que ha escuchado es su destino John Gregsale, y más vale
que lo recuerde bien.
Fue lo último que dijo antes de encerrarse por sí mismo en la
habitación que le había asignado. No importó su ceguera, sin necesidad de apoyo
alguno se guió perfectamente. Solo.
Un frío terror comenzó a embargarme.
Sus captores me dieron la ficha correspondiente y se retiraron
dejándome absorto con todo lo que había escuchado.
Las cosas cambiarían a partir de ahora. Presentimiento,
intuición, presciencia, no me pregunten qué. Simplemente, en lo más profundo de
mí ser, lo sé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario