domingo, 19 de octubre de 2014

MEMORIAS DEL HOSPITAL St. ANNE 6

Espirales del Tiempo


El teléfono comienza a sonar. Me veo obligado a dejar mi lectura temporalmente y me apresuro a atender. Un simple papel que tomo del atestado escritorio oficia de señalador. Con presteza alzo el tubo y pego mi oreja a él para recibir las nuevas instrucciones. En este trabajo el manejo de los tiempos siempre ha sido de vital importancia. Puntualidad y precisión.
_ ¿Sí?... Buenas tardes…Diría que más bien instructiva…Un nuevo paciente, entendido…La habitación dos…preparada para dentro de media hora…
Dejo que el tubo se deslice suavemente acomodándose en su lugar, “media hora, habitación dos”. Y, como siempre, la incomodante duda de cómo logra saber cada uno de mis movimientos.
Han pasado sólo cinco días desde la llegada de nuestro último inquilino, Benjamín, el amante del fuego.
Es realmente increíble cómo puede transcurrir el tiempo, hace dos semanas me encontraba en la oficina del jefe escuchando la propuesta de un nuevo trabajo y ahora estoy aquí con el doble de lo que cobraba antes y con un empleo que me permite poder estudiar tranquilo y  rendir pacientemente las materias. En un par de meses deberé presentarme, sólo me resta cursar el último año, después de éste. Ha sido difícil llegar hasta aquí y el encontrarme con este nuevo muchacho resulta un desafío igual de semejante.
Con él todo ha sido complicado; primeramente porque  no me permite que me le acerque, agregando además de que la leve sensación de aumento ínfimo de calor ya comienza a provocar un pánico incontrolable en mí. La marea de recuerdos, emociones y fobias que me trae son del todo incomprensibles; pero ahora no puedo pararme a pensar en él, la habitación dos debe quedar en perfectas condiciones.

El pequeño reloj sobre el ascensor marca que ya ha pasado con exactitud la media hora estipulada; y, con una precisión por demás envidiable, el remoto sonido sibilante del cubículo metálico me anuncia que “ellos” ya han llegado, y un nuevo inquilino viene a hospedarse. ¿Qué será esta vez?
Para mí ya es natural el acomodarme justo frente a la habitación que será ocupada, una clara señal para los gorilas que ofician de “enfermeros”; tan sólo un gesto que puedan entender para alcanzar tranquilamente a este nuevo interno sin necesidad de mediar palabra alguna.
Las puertas dobles se abren sigilosamente, sin interrupción ni sonido alguno, dejando al descubierto al jefe del grupo y un subordinado, nadie más. Al parecer éste kinético resulta un tanto más tranquilo que los demás, ¿seguro que es así?
El líder tarda apenas unos segundos en captar mi presencia y acompasadamente jalona de su prisionero levemente, éste tarda en reaccionar y, no es hasta que lo observo detenidamente, que me doy cuenta de que se encuentra falto del sentido de la visión. Parece un hombre joven y a la vez mayor, alguien que ha vivenciado muchas cosas, que ha “visto mundo”, si perdonan mi ironía. Aunque hay algo en él que me estremece, que provoca extrañas sensaciones en lo más profundo de mí ser.
No lleva atadura alguna, esposas, cadenas, nada; pero aun así tampoco le han permitido el poder tener un bastón sobre el cuál afirmarse, siendo su único consuelo el extender los brazos en busca de un camino en la total oscuridad.
Me aparto ligeramente de la puerta para dejarle el paso tranquilo. Él se acerca con un caminar inocente, inseguro, buscando un sendero que apenas llega a percibir. Lentamente se mueve, un paso delante de otro, por suerte le dan el tiempo que necesita y copio su ejemplo, siendo además un claro signo del poco esfuerzo que nos costaría relacionarnos.
Es ésa la línea de pensamiento que me cruza cuando lo veo dar un traspié. Un reflejo instintivo me impulsa a alcanzarlo para evitar su caída, pero ambos guardias me gritan una imperante negativa, más ya es tarde. Algo extraño sucede.

“El de muchos nombres enseña el camino.
El guardián despierta y asciende.
La libertad tiene un alto precio.
Para amar debes proteger.
Para proteger debes amar.
Así serás libre”

En tan sólo un segundo me vi sumergido en una intensa vorágine de la que supe jamás podría escapar.

_Es un Cronokinético de 3° nivel_ me dijo el subordinado
_No sólo posee la habilidad de ver todos los futuros posibles_ continúa el jefe_ también puede observar el más inevitable y profetizar en torno a él.
_Pe…pero… ¿y lo que ha dicho?_ pregunté, buscando un poco de cordura
_Eso que ha escuchado es su destino John Gregsale, y más vale que lo recuerde bien.

Fue lo último que dijo antes de encerrarse por sí mismo en la habitación que le había asignado. No importó su ceguera, sin necesidad de apoyo alguno se guió perfectamente. Solo.
Un frío terror comenzó a embargarme.
Sus captores me dieron la ficha correspondiente y se retiraron dejándome absorto con todo lo que había escuchado.
Las cosas cambiarían a partir de ahora. Presentimiento, intuición, presciencia, no me pregunten qué. Simplemente, en lo más profundo de mí ser, lo sé.


No hay comentarios:

Publicar un comentario