sábado, 18 de octubre de 2014

EL DESPERTAR

Dedicado a Jorge Crespillo


Nahuar. Ése es el nombre que adopté hace muchos años, cuándo entré en Sollin. El verdadero decidí olvidarlo; ya no lo necesitaba, la tarea que me fue encomendada era aún más importante.
Es en extremo complicado el tratar de explicar toda esta historia desde su comienzo, y sólo tengo tiempo para dejar testimonio de los hechos más importantes, aquellos que marcaron los inicios y que son los que alterarán el curso del Destino.
Muchos creen en aquellas señales visibles he invisibles que me marcan como “El Elegido”, quién llevaría a cabo el Despertar; pero hay otros, los importantes, que aún no confían en aquello que me fue ordenado decir, pienso que el hecho de que estuviese en un hospital psiquiátrico no fue de mucha ayuda pero eso ahora no es de relevancia, la fecha señalada se acerca y aquí en la Hermandad esperan mis indicaciones, muchos se detienen ansiosamente para recibir las palabras que pueden lograr lo que hace miles de años les fue prometido.
El libro siempre lo llevo conmigo, de la única forma que me fue posible conservarlo, la manera en que podía tenerlo sin que existiera la posibilidad de algún robo o de que cayese en las manos equivocadas, y eso es lo que hace que nadie más que yo haya sido testigo de su existencia.
Él me llegó durante una helada luna llena de invierno, en el aislamiento solitario, el sitio perfecto al que gustosamente escogí ir sabiendo siempre lo que por la noche allí me aguardaría.
Un haz de inmensa blancura atravesó los barrotes de la altísima ventana, la única ubicada en medio de paredes acolchadas.
_ “Al fin” dije para mis adentros, “ahora comienza el principio del fin”.
En ese momento me fue dado a elegir la forma en que conservaría el texto sagrado; no dudé en dar mi elección, yo ya conocía la respuesta de antemano y ni siquiera ahora me arrepiento de ella.
_Mi cuerpo es mi templo, y en él se escribirá el fin de la Historia.
Sin más, los antiguos caracteres fueron impregnados en mi piel, tatuados con la sangre de los mártires que lucharon para que el Despertar llegase a su meta. Son símbolos antiguos, perdidos ya en el tiempo. Mis maestros me han educado bien en su lectura, comprendo perfectamente aquél mensaje que intentan compartir.
Todo está allí, toda la información que me fue legada esta allí escrita. El rojo sobre la piel se muestra pétreo, inamovible. Ahí esta todo detallado, sólo falta que yo, Nahuar, el Enviado, comience a poner en práctica las maquinaciones que siglos atrás fueron planeadas.
Demasiado conocimiento para la gente vulgar de éste lugar. No puedo quedarme. Buscaran respuestas a lo que hay en mí y sus débiles metes adoctrinadas no están moldeadas de manera que puedan entender la respuesta, me es imperioso el escapar de este lugar. No debo pensar ni preocuparme demasiado, mis maestros ya dejaron la abertura en la pared para que pudiese escabullirme. En la obscura pero iluminada noche me deslizo fuera del hospital, mi camino ya está señalado, un enorme animal me espera con pose expectante junto al alambrado; y, una vez llegado allí, observo que ha cavado un gran agujero, perfecto por él, pero es demasiado pequeño para mí.
_Maestros, gracias por enseñarme siempre el culto del esfuerzo y el sacrificio_ rezo en voz alta.
Logro cruzar la alambrada sin que salten las alarmas. Algunos rasguños y moretones están poblando mi piel. Mi preocupación crece, quizás el texto resulte alterado, luego me doy cuenta de mi ignorancia, no importaba lo que a mi cuerpo le pasase, el escrito siempre se mantendría intacto. Me lanzo a correr tranquilo hacia una de las entradas al escondite subterráneo de Sollin. Ya me están esperando.
Los Engranajes de Destino están en movimiento. La Máquina Divina cumplirá al fin su función. La ignición soy yo y estoy más que listo para cumplir con la tarea que desde antes de mi nacimiento me fue dada.

Primer paso, las señales, cientos de personas perciben señales en diferentes  partes del mundo. Es un hecho, el logro de la primera etapa estaba asegurado. Muchos apuntaron estas señales a seres superiores, a entes que no pertenecían a nuestro mundo. El conocimiento y la ignorancia hacen una lucha dual.
Segundo paso, las profecías, la creencia popular altera el orden y genera el Camino. El sendero al Caos Primordial es inevitable, pueblos originarios ya lo habían anticipado y el Hombre de la era moderna no supo interpretar estas advertencias. La desinformación es la que los consume y los hará caer.
Tercer paso, las creencias, la tergiversación del conocimiento otorgado es la que los está sumiendo lentamente en su perdición, buscan y encuentran, cambian y transforman cada vez más el tesoro legado y así firman su destrucción.
Cuarto paso, el tiempo de espera, la ansiedad, el miedo, el pánico que con lentitud se acrecienta día a día los reduce a un ínfimo estado de paranoia constante, la cercanía de lo que debe acontecer los marca y deja al mundo sin las armas con las que creía que podía vencer al Destino.
Quinto y último paso, el cumplimiento, el día llegó y con viciosa necesidad reviso y requiso el texto buscando algún detalle que no haya ultimado, nada, todo ya indica que se cumplirá.

Nada ocurre. Ha sido un día normal. Tan sólo uno más.
Todos los que alguna vez me habían apoyado se vuelven en mi contra. Promesas rotas, eso es lo que claman, venganza es lo que, en cambio, reclaman. Todo lo que a mí me correspondía hacer ya estaba cumplido, sólo la voluntad de los Supremos es la que podría obrar ahora.
Aún continúo en el Gran Salón de Sollin. La cámara subterránea tiene todas las salidas cubiertas, pero no me es necesario el escapar.
Todo estaba planeado, el encuentro de mis padres, mi nacimiento, mi vida escolar, las amistades que alguna vez tuve, los incidentes que me llevaron a conocer y entender mi verdadera identidad, y aquello para lo que fui creado, mi presencia en Sollin, todo..., el entrar en el psiquiátrico, la llegada del libro, el cumplimiento de las etapas... todo...hasta mi muerte.
Una muchedumbre comienza a rodearme. Gritos. Insultos. Improperios. Reclamos. Permanezco impertérrito, lo que genera una elevación en el desconcierto general.
Lentamente avanzo internándome en medio de esa masa informe y abucheante.
La primera piedra. La recibo con cariño. Otras le siguen. “Todo salió a la perfección Nahuar, cumpliste con tu cometido”, me digo a mi mismo.
Una enorme roca choca desde la derecha contra mi garganta. Caí. Una vez en el suelo soy presa fácil. La sonrisa que aflora a mis labios los enfurece aún más. Palos, patadas, rocas, lo que encuentran en derredor.
Mi muerte se aproxima, inevitable. No  le doy importancia. Sólo un pedido me resta por hacer, y, satisfecho, me entrego a los brazos de la Muerte.
Así, moribundo, es como les ruego a los Antiguos que alteren lo que sobre mi piel habita, que en su lugar dejen en mi cuerpo el testimonio de lo que había logrado, de que mi tarea fue cumplida, de que el Hombre caería por su propia ignorancia. De cómo fue que hice que comenzara el Despertar.

Más tarde las personas que decidieron no darme un poco de su atención se acercaron a examinar mi cuerpo. Dentro de todo lo que había escrito, toda mi vida y toda mi lucha estaba una frase, unas palabras que alteraron a todos los que las leyeron o escucharon:

“y al derramar la sangre de aquel al que los Grandes había escogido, se dio inicio  a la lenta e inexorable destrucción de todo aquello que el Hombre conocía y amaba. Por su ignorancia y su crueldad pagarían todos los humanos el precio del Despertar.”

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