sábado, 18 de octubre de 2014

RITUAL DE MUERTE Y AMOR

Dedicado a Lucia Sabio


Simplemente despertó. Como lo hubiera hecho con cualquier pesadilla. Despertó con un intenso sobresalto, una aspiración rápida y profunda, en busca de un aire que podía sentir hacía tiempo le faltaba a sus pulmones. Arlazey tosió bastante antes de poder incorporarse y observar el entorno que la rodeaba.
Una pacífica tonalidad azul lo dominaba todo, cubriendo cada pequeño lugar de esa minúscula habitación. Las antorchas eran las que proveían de un extraño fuego, aquél que lo iluminaba todo de ése sombrío color. No había mucho más, una mesa en una pared alejada, algo muy parecido a lo que sería un altar justo donde ella se encontraba. Pero lo más extraño de todo resulto ser una mujer, a quién encontró a sus espaldas, observándole tranquilamente, esperando con claros signos de una paciencia eterna.
_Jamás entenderé a los humanos y eso que ustedes llaman “amor”_ dijo sin rodeos.
_ ¿C…cómo?, ¿disculpe?_ preguntó la joven sin poder entender nada en absoluto.
_ Sólo estoy aquí porque él me pidió que te despidiera, y me rogó que leyeras la carta que dejó para ti sobre ésa mesa_ le respondió, señalando.

Sin otra palabra mediante, la extraña dama sólo se desvaneció, dejando a Arlazey sola con sus pensamientos. La luminiscencia azulada se fue con ella, retornando así el anaranjado brillo que trae el fuego, pero este ínfimo hecho no la tranquilizó en lo más mínimo, sólo hay dudas e inquietudes en su alborotada mente. Preguntas, a las que quizá no le agradase darles una respuesta.
Se levantó con esfuerzo de donde se encontraba recostada, sus pies descalzos tocaron el frío suelo de piedra, generando un sordo sonido que hizo eco en toda la habitación.
Lentamente se fue acercando a la mesa indicada, y allí, tal como se lo había dicho, encontró un pequeño sobre. De papel amarillento y algo grasoso, justo como siempre solía usar él; y, como para confirmarlo, el sello de su anillo impreso en la laca que lo mantiene cerrado.
Con dedos temblorosos rompe el rojizo pegamento, dentro está la carta, escrita en una precisa y hermosa caligrafía. Sólo es una hoja, un corto y claro mensaje, tan sólo un adiós.

Querida Arlazey, te dejo esta sencilla carta a modo de despedida, lo que estoy a punto de hacer conlleva un riesgo muy grande que estoy dispuesto a aceptar, sólo porque tú has sido y siempre serás el amor de mi vida; pero… ¿qué es esta existencia, vana e impía, si no te tengo a mi lado para alegrarme los días?
Por ello es que ahora tengo que dejarte, porque sé que hallaste un nuevo amor, y con ello sé que podrás disfrutar del regalo que le pido a la Muerte para ti hoy.
Vive mi vida, amada Arlazey, vívela con plenitud e intensidad, vive el amor que yo jamás te pude dar.
Con un inmenso cariño, tuyo por siempre
Akem

Un leve golpeteo detrás de los ojos comienza a molestarle, el dolor en su cabeza está aumentando en conjunto a las dudas y preguntas que se abalanzan en tropel. Sólo quiere salir corriendo, no pensar más, no tratar de entender lo sucedido, ya no más.
Está paralizada, ningún músculo responde a sus órdenes, la desesperación empieza a deslizarse suavemente, subiendo, por su columna y una fría voz, habla en la lejanía; una única, fría, e impactante palabra:
_Recuerda…
Sólo eso faltaba, una simple palabra para activar el resto de sus procesos mentales, ya no hay espacio para preguntas o dudas, miles de recuerdos comienzan a repoblar su memoria y uno entre ellos busca destacarse entre los demás…

Ya es entrada la noche. El plenilunio se alza, enorme, en toda su majestuosidad. Sólo una luz titilante se mueve, zigzagueante, por las calles: el sereno, que vigila el apacible sueño de los pueblerinos. Incluso a él le pasa inadvertida una sombra, pequeña y de grácil movimiento, que busca el abrazo de la noche para poder escapar, y la Luna, amiga de los amantes, la cubre con su manto y le revela el camino.
Dobla el que resulta el último recodo y, al final del estrecho y extenso pasillo se observa, la farola de un carruaje. La señal acordada. Su corazón comienza a latir poderosamente, desbocado, y con marcado nerviosismo se oprime el pecho. El miedo de que éste ínfimo sonido sea los suficientemente potente como para delatar su presencia le aterra por unos segundos. Cae en la cuenta de su infantil temor y con un resoplido calma su alborotado cuerpo. Su enamorado la espera y eso la colma de excitación, hoy por fin han decidido a fugarse juntos.
Con sumo cuidado se quita los esmaltados zapatos. Es su deseo correr a aquellos fuertes brazos y ese nimio lastre podría terminar resultando en un desastroso fracaso final.
Son sólo un par de metros  y llega rápidamente, arrojándose con un leve salto sobre su portentoso cuerpo. Él la sostiene con brío, no la aparta de sí, como si en tan sólo un momento ella pudiera desvanecerse y terminar siendo toda una mera ilusión. Pero ya sabe que no es así, y simplemente se funden en un envidiable beso.

Ya están marchando, alejándose del pueblo y sus alrededores. En la lejanía formaran un nuevo nido de amor, allá dónde el alba sea más reciente y el ocaso tarde, dónde las faldas de las montañas sean de un verdor inigualable, dónde nadie conozca su pasado, y sólo se preocupen por su presente. Así es como ya están en camino, a la tierra de ensueño, a cumplir con un nuevo destino.

El suave traqueteo que provoca el maltrecho sendero comienza a sumirlos en un apacible sueño. La noche es templada y favorece el necesitado descanso.

Una brusca frenada los despierta abruptamente. Misteriosas figuras armadas de antorchas comienzan a fustigar las portezuelas, forzándolas a abrirse a sus intempestivas acometidas. No tardan mucho en ceder y se ven arrancados del aterciopelado interior hacia el áspero y helado lodazal.
Sarcásticas risas de una asegurada victoria resuenan en derredor. Risas agudas, finas y estertóreas… risas femeninas.
Entonces ella comprende... han entrado en el terreno de las Sínesp, las brujas Sacerdotisas de la Luna; sólo un triste final les espera a ambos…
Ahora lo comprendía. Instintivamente lleva su mano hacia su vientre, allí dónde reside la reciente cicatriz. Todo lo que recordaba era cierto. Ellas la habían asesinado.
No hay tiempo de dudas. Ya no más. Ahora debe ponerse en marcha y escapar velozmente de ese lugar.
El crepúsculo del alba apenas roza el cielo, lo que le da a Arlazey un poco de tiempo antes de que el pueblo entero despierte.


Allí está ella, la que tanto amé y que creí perdida, allí está mí amada, preparada y lista para iniciar la nueva vida que Akem y Alecto nos pudieron dar.


No puede evitarlo y mira por un minuto atrás, al que fue en antaño su hogar.
Así es como lo mantendrá en la memoria. A él, que le brindó una nueva oportunidad…
Con un ritual…
De Muerte, y Amor…


1 comentario:

  1. Éste cuento posee un compañero que termina de cerrar la historia, ambos son independientes el uno del otro aunque son mejores como conjunto.
    Su compañero es RITUAL DE AMOR Y MUERTE, de próxima aparición...

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