viernes, 13 de mayo de 2016

HIJOS DE LA LUZ Y LA OSCURIDAD 6

Verde


Su carromato, a pesar de ser de oscuros colores, aún es visible en la oscuridad que lindera el bosque. Alguien lo está buscando, alguien que necesita de los servicios de tan destacada herbolaria. Esa misma noche un enemigo debe caer y ella le dirá como hacerlo.


Reyes y pordioseros, todos por igual se desviven en la búsqueda de sus servicios; difícil es contactarla, no hay hogar ni familia más que su carromato y sus plantas. Aquellos que consiguen sus medicinas dan cuenta de sus éxitos y la recomiendan como gran curandera; pero es bien conocida por sus habilidades con las ponzoñosas pócimas y por ello la muchedumbre sólo se atreve a susurrar su nombre: Elise, el Pétalo Mortal.


Abandonada en su niñez, fue criada por una anciana adivina que solía internarse por largas temporadas en los sombríos bosques y las solitarias montañas. Tomada como aprendiz, se le instruyó en el uso de las hierbas y plantas, dónde y cómo cosecharlas, cuándo resultaban medicina y cuándo veneno. Con el paso del tiempo heredó el conocimiento, las pertenecías y el nombre de su maestra.


Allá está. Al borde del camino, con un farol que cuelga de un estilizado gancho instalado en el techo. Los rescoldos de una humeante fogata apenas iluminan, y con esto mantiene alejadas a las alimañas. Con furia aporrea el visitante la labrada madera, su prisa es importante, más no obtiene respuesta alguna. Pasan los segundos y la desesperación comienza a corroerle. El tiempo apremia y no puede quedarse demasiado por aquellos parajes.


A veces los recuerdos la llaman; no siempre fue la herbolaria que todos ahora temen, hubo alguna vez hace muchos años, en los que deseó un poco de compañía. Estaban cerca de una pequeña aldea en la falda de la montaña la primera y única vez que le planteó este anhelo a su maestra. Ella se lo concedió, le dio una semana para que lo intentara. Simplemente esperaría a que volviera y le comunicara su decisión.


Esto es lo que ha venido a buscar, dice una voz silenciosa, de entre todos, mi hijo predilecto, “Lágrimas de Belladona”

El extraño toma el diminuto frasco que la herbolaria le ha extendido, mientras con la otra mano ofrece el trueque estipulado: un pergamino sellado y la marca del Rey Luis en la laca, el salvoconducto por las aguerridas tierras de Francia.

Que la víctima consuma por completo su contenido para que asegure su efecto, y la mano que empuñe esta sigilosa arma queme sus restos, sólo así podrá disipar las dudas.

Tan misterioso y repentino fue su marchar como también lo fue su llegada; ella ya tenía lo que necesitaba y entendía muy bien cuándo era el momento de marcharse.


Los aldeanos resultaron ser personas agradables, amables con la chica forastera. Fue bien recibida desde el primer momento e incluso consiguió asilo no mucho después de su llegada; y allí estaba él, un joven mozo de esbelto cuerpo y recogida cabellera. Alguien que la perseguía en sus sueños desde hacía ya mucho tiempo. Pero no estaba solo…


El extraño ya se ha marchado con el paquete deseado; las mejores hierbas que sólo pueden conseguirse por éstos lados ya descansan en recios envoltorios; todo ha sido cuidadosamente recogido, sin dejar huella alguna. Nada la ata al lugar. Es momento de marcharse.

Un minúsculo destello capta su atención. Una pequeña gema, de una intensa coloración verde incrustada en el centro de las intrincadas figuras talladas en la pequeña puerta del carromato. ¿Cómo ha llegado allí? Con un pequeño grado de sorpresa se anima Elise a intentar arrancar de su lugar a tan insólita aparición.


Sólo el suave contacto ha bastado para que la extraña magia surta su efecto. Una sensación de desmayo toma posesión de ella, más en un breve instante vuelve en sí… pero es diferente el sitio donde se encuentra...

No hay comentarios:

Publicar un comentario