Cambio de Imagen
Segundo martes de abril, fecha que se hizo importante
para mí puesto que en unos días me presentaría a rendir. Durante el último
tiempo he estado tratando de focalizarme en esta meta y ha resultado una de las
empresas más duras y arduas que he enfrentado; tengan en cuenta en las
condiciones en las que me encontraba.
¿El porqué? No lo recuerdo, sólo tengo
consciencia del momento en el que a mi mente comenzaron a abalanzarse
fragmentos, pedazos de las conversaciones que llegué a sostener con cada uno.
Mi mayor alegría era Sophie, con ella
habíamos entablado los lazos de una amistad que sabía sería duradera; pero con Sarah,
era algo totalmente diferente. Siempre oculta detrás de su renegrida oscuridad,
se refugió en una coraza de odio que ni su hermana ha sido capaz de atravesar.
Una profunda tristeza me embarga cada vez que
recuerdo lo que Sophie me ha contado.
Ellas habían nacido como dos gemelas sanas y
normales, en una ciudad que por poco y la sacan del mapa. Todo siempre fue
sencillo, una vida tranquila y común. Recién a los cuatro años es Sarah la que
manifiesta los primeros indicios del control de las sombras; ¿cómo había sido?
Absolutamente aterrador para sus padres, quienes, en su más incomprendido
miedo, resolvieron el problema dejándolas a cargo de las hermanas del convento
de Saint Thomas. Otro de tantos errores.
Luego de ése incidente, se sucedieron otros.
Sophie sólo quería agradar y encajar en el
prospecto de lo que se esperaba de ella; y, en el esfuerzo, encegueció a una
hermana y cinco niños; ¿qué pasó después? la tuvieron encerrada durante tres
días en los sótanos del monasterio. Sarah, en cambio, creció anidando un
profundo rencor dentro de ella; no consigo saber hacia qué, pero tampoco tengo
muchos deseos de intentarlo, supe que en algunas ocasiones lograba apenas una
concentración suficiente para poder darles un susto a las monjas y algunos
niños que la molestaban, con lo cual solía recibir castigos muy severos, a
veces parecidos a los de su hermana, aunque en ocasiones tendían a durar más.
El peor llegó justo el día de su décimo
primer cumpleaños.
Apenas si hacían algún festejo ocasional en
el hogar de St. Thomas, pero ése día era especial: las niñas habían logrado
contenerse hacía ya un par de meses sin que ningún accidente, premeditado o no,
ocurriese y por ello, Sor Inmaculada la rectora del lugar, había accedido a brindarles
un premio, que terminó siendo la primer fiesta.
Pero debemos fijarnos en lo emocional que es
la psicología humana, cómo la crueldad de la que esta raza goza se presenta
incluso desde la más temprana edad.
Todos festejaban entre risas y juegos,
disfrutaban con ellas, todo porque aprovechaban esta oportunidad de poder
hacerlo. Pero… dentro de cada uno de ellos, de esos niños risueños y alegres,
el rencor, los celos y la envidia brotaban y crecían con total descontrol, arrasando
con cualquier principio con el que las hermanas les hubieran educado.
No era justo que las “raras” tuvieran fiesta y a ellos nunca se les concediera una. Todos
deseaban una oportunidad. Todos merecían una oportunidad.
Sophie me contó que sólo logró ver al niño
que había lanzado la primera piedra, luego de eso una oscuridad apabullante lo
absorbió todo; sólo sintió algunos de los proyectiles que aún continuaban
arrojando, Sarah la estaba cubriendo lo mejor que podía soportando el dolor de
la mejor manera que conocía, en silencio.
Los gritos aterrados de las monjas alertaron
a los vecinos, quienes llamaron a las autoridades. Los insultos provenían de
todos los lugares, filosos e hirientes. Ya no podía seguir cubriéndole, sus
fuerzas habían alcanzado el límite; Sarah se desmayó y Sophie simplemente cayó
en la desesperación.
Si saben buscar encontraran algún recorte que
se haya salvado de la purga que se realizó para tapar este incidente.
La fuerza lumínica que usó Sophie en ese
momento fue de lo más devastadora, todos aquellos que estuvieron a diecisiete
metros de distancia de ella terminaron carbonizados. Más allá, quedaron ciegos
de por vida…
El sonido del timbre resuena por todo el
pasillo, anunciando el movimiento del ascensor, sacándome, también, de la ensoñación en la que
estaba sumido. Como es mi costumbre, tomo un papel azaroso del revuelto
escritorio y marco una división en la unidad que estoy estudiando. A pesar de
que lo intente, mi mente continúa en otro lado.
Resuena el timbre por segunda vez, ahora está
hecho el aviso de que el nuevo interno ya ha llegado.
Con él las cosas han sido un tanto
diferentes, el Dr. me pidió que simplemente apartara la habitación 08, una que
tenía reservada para este paciente hacía mucho, mucho tiempo.
Las metálicas puertas se abrieron a la par
para revelarme una extraña sorpresa.
_Gregsale, ¿tiene todo listo? _fue su
pregunta, la orden tajante de mi jefe mientras continúa con su incesante
tecleo._ Por supuesto señor_ doy por respuesta, con
la prontitud que me permite la estupefacción._ Recuerde que este interno merece un trato
especial_ recalca, con un tono siniestro que llega a inquietarme._Está todo preparado justo cómo usted lo ha
solicitado, señor_ es todo lo que alcanzo a decir.
Las puertas se abren nuevamente revelándome
una imagen ya más familiar; los tres gorilas junto a su líder traen al nuevo
más como prisionero que como paciente, regodeándose por la victoria conseguida.
_Fue difícil, pero por fin lo atrapamos_ dice
uno de ellos, alegre con su botín._ Buen trabajo, muchachos, buen trabajo_ toma
su celular, pulsa un par de teclas y espera a que lo atiendan del otro lado_
nuestro huésped más buscado por fin ha arribado… exacto… es el primero de la
lista… ya saben qué hacer.
No pude prestar mucha atención a su
conversación telefónica ya que estaba más concentrado en la planilla que había
caído a mis manos.
Apenas si había notado su apariencia física:
cabellos rubios totalmente revueltos, los ojos pardos con una mirada de furia,
un cuerpo delgado y atlético.
_ ¿Cuál es su kinesis?, ¿por qué razón era
tan buscado?_ pregunto abiertamente, con atrevimiento y cierto grado de
curiosidad._Es un biokinético, el mejor de su tipo_ me
responde mi jefe, con un dejo de malicia_ aunque ahora no le servirá de mucho._ Fíjate en él nuevamente_ concluye el líder
del equipo.
Al volver la vista quedé perplejo, si sólo
hubiera demorado mi pregunta otro par de minutos terminaría encontrándome ante
una perfecta copia de mi persona. El mismo tono oscuro de cabello, los ojos
verdes y apagados con los leves tintes marrones cerca del iris.
De verdad era el mejor.
_Tú…_fue todo lo que dijo, mientras era
encerrado en su nuevo hogar._Más tarde pásese por mi oficina que
hablaremos de las medidas que tomaremos con este sujeto_ dice el señor
Buckfield, mientras las puertas del ascensor se cierran.
Todos ya se han marchado, dejando sembradas
más dudas por doquier.
Una voz se oye luego, como un leve murmullo
que se acerca lejano, a mi oído.
_ “El
de muchos nombres enseña el camino”_ dice mi más temible profeta_
recuérdelo Gregsale, recuérdelo.
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