sábado, 3 de enero de 2015

MEMORIAS DEL HOSPITAL St. ANNE 8

Cambio de Imagen

Segundo martes de abril, fecha que se hizo importante para mí puesto que en unos días me presentaría a rendir. Durante el último tiempo he estado tratando de focalizarme en esta meta y ha resultado una de las empresas más duras y arduas que he enfrentado; tengan en cuenta en las condiciones en las que me encontraba. 

¿El porqué? No lo recuerdo, sólo tengo consciencia del momento en el que a mi mente comenzaron a abalanzarse fragmentos, pedazos de las conversaciones que llegué a sostener con cada uno.

Mi mayor alegría era Sophie, con ella habíamos entablado los lazos de una amistad que sabía sería duradera; pero con Sarah, era algo totalmente diferente. Siempre oculta detrás de su renegrida oscuridad, se refugió en una coraza de odio que ni su hermana ha sido capaz de atravesar.

Una profunda tristeza me embarga cada vez que recuerdo lo que Sophie me ha contado.

Ellas habían nacido como dos gemelas sanas y normales, en una ciudad que por poco y la sacan del mapa. Todo siempre fue sencillo, una vida tranquila y común. Recién a los cuatro años es Sarah la que manifiesta los primeros indicios del control de las sombras; ¿cómo había sido? Absolutamente aterrador para sus padres, quienes, en su más incomprendido miedo, resolvieron el problema dejándolas a cargo de las hermanas del convento de Saint Thomas. Otro de tantos errores.

Luego de ése incidente, se sucedieron otros.

Sophie sólo quería agradar y encajar en el prospecto de lo que se esperaba de ella; y, en el esfuerzo, encegueció a una hermana y cinco niños; ¿qué pasó después? la tuvieron encerrada durante tres días en los sótanos del monasterio. Sarah, en cambio, creció anidando un profundo rencor dentro de ella; no consigo saber hacia qué, pero tampoco tengo muchos deseos de intentarlo, supe que en algunas ocasiones lograba apenas una concentración suficiente para poder darles un susto a las monjas y algunos niños que la molestaban, con lo cual solía recibir castigos muy severos, a veces parecidos a los de su hermana, aunque en ocasiones tendían a durar más.

El peor llegó justo el día de su décimo primer cumpleaños.

Apenas si hacían algún festejo ocasional en el hogar de St. Thomas, pero ése día era especial: las niñas habían logrado contenerse hacía ya un par de meses sin que ningún accidente, premeditado o no, ocurriese y por ello, Sor Inmaculada la rectora del lugar, había accedido a brindarles un premio, que terminó siendo la primer fiesta.

Pero debemos fijarnos en lo emocional que es la psicología humana, cómo la crueldad de la que esta raza goza se presenta incluso desde la más temprana edad. 

Todos festejaban entre risas y juegos, disfrutaban con ellas, todo porque aprovechaban esta oportunidad de poder hacerlo. Pero… dentro de cada uno de ellos, de esos niños risueños y alegres, el rencor, los celos y la envidia brotaban y crecían con total descontrol, arrasando con cualquier principio con el que las hermanas les hubieran educado.

No era justo que las “raras” tuvieran fiesta y a ellos nunca se les concediera una. Todos deseaban una oportunidad. Todos merecían una oportunidad.

Sophie me contó que sólo logró ver al niño que había lanzado la primera piedra, luego de eso una oscuridad apabullante lo absorbió todo; sólo sintió algunos de los proyectiles que aún continuaban arrojando, Sarah la estaba cubriendo lo mejor que podía soportando el dolor de la mejor manera que conocía, en silencio.

Los gritos aterrados de las monjas alertaron a los vecinos, quienes llamaron a las autoridades. Los insultos provenían de todos los lugares, filosos e hirientes. Ya no podía seguir cubriéndole, sus fuerzas habían alcanzado el límite; Sarah se desmayó y Sophie simplemente cayó en la desesperación.


Si saben buscar encontraran algún recorte que se haya salvado de la purga que se realizó para tapar este incidente. 

La fuerza lumínica que usó Sophie en ese momento fue de lo más devastadora, todos aquellos que estuvieron a diecisiete metros de distancia de ella terminaron carbonizados. Más allá, quedaron ciegos de por vida… 

El sonido del timbre resuena por todo el pasillo, anunciando el movimiento del ascensor,  sacándome, también, de la ensoñación en la que estaba sumido. Como es mi costumbre, tomo un papel azaroso del revuelto escritorio y marco una división en la unidad que estoy estudiando. A pesar de que lo intente, mi mente continúa en otro lado. 

Resuena el timbre por segunda vez, ahora está hecho el aviso de que el nuevo interno ya ha llegado.

Con él las cosas han sido un tanto diferentes, el Dr. me pidió que simplemente apartara la habitación 08, una que tenía reservada para este paciente hacía mucho, mucho tiempo.

Las metálicas puertas se abrieron a la par para revelarme una extraña sorpresa.
_Gregsale, ¿tiene todo listo? _fue su pregunta, la orden tajante de mi jefe mientras continúa con su incesante tecleo._ Por supuesto señor_ doy por respuesta, con la prontitud que me permite la estupefacción._ Recuerde que este interno merece un trato especial_ recalca, con un tono siniestro que llega a inquietarme._Está todo preparado justo cómo usted lo ha solicitado, señor_ es todo lo que alcanzo a decir.

Las puertas se abren nuevamente revelándome una imagen ya más familiar; los tres gorilas junto a su líder traen al nuevo más como prisionero que como paciente, regodeándose por la victoria conseguida. 

_Fue difícil, pero por fin lo atrapamos_ dice uno de ellos, alegre con su botín._ Buen trabajo, muchachos, buen trabajo_ toma su celular, pulsa un par de teclas y espera a que lo atiendan del otro lado_ nuestro huésped más buscado por fin ha arribado… exacto… es el primero de la lista… ya saben qué hacer. 

No pude prestar mucha atención a su conversación telefónica ya que estaba más concentrado en la planilla que había caído a mis manos.

Apenas si había notado su apariencia física: cabellos rubios totalmente revueltos, los ojos pardos con una mirada de furia, un cuerpo delgado y atlético. 

_ ¿Cuál es su kinesis?, ¿por qué razón era tan buscado?_ pregunto abiertamente, con atrevimiento y cierto grado de curiosidad._Es un biokinético, el mejor de su tipo_ me responde mi jefe, con un dejo de malicia_ aunque ahora no le servirá de mucho._ Fíjate en él nuevamente_ concluye el líder del equipo. 

Al volver la vista quedé perplejo, si sólo hubiera demorado mi pregunta otro par de minutos terminaría encontrándome ante una perfecta copia de mi persona. El mismo tono oscuro de cabello, los ojos verdes y apagados con los leves tintes marrones cerca del iris.

De verdad era el mejor.

 _Tú…_fue todo lo que dijo, mientras era encerrado en su nuevo hogar._Más tarde pásese por mi oficina que hablaremos de las medidas que tomaremos con este sujeto_ dice el señor Buckfield, mientras las puertas del ascensor se cierran. 

Todos ya se han marchado, dejando sembradas más dudas por doquier.

Una voz se oye luego, como un leve murmullo que se acerca lejano, a mi oído.

_ “El de muchos nombres enseña el camino”_ dice mi más temible profeta_ recuérdelo Gregsale, recuérdelo.

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